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1.300 malagueños viven con uno de los dolores más insoportables que existen y cuatro de cada diez están mal diagnosticados

1.300 malagueños viven con uno de los dolores más insoportables que existen y cuatro de cada diez están mal diagnosticados
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Hablar, masticar, sonreír, bostezar o lavarse los dientes pueden desencadenar la también llamada enfermedad del suicidio, por su capacidad para inducir esta conducta en algunos pacientes
1.300 malagueños viven con uno de los dolores más insoportables que existen y cuatro de cada diez están mal diagnosticados

Hablar, masticar, sonreír, bostezar o lavarse los dientes pueden desencadenar la también llamada enfermedad del suicidio, por su capacidad para inducir esta conducta en algunos pacientes

Regala esta noticia Añádenos en Google Una mujer sufre un fuerte dolor de cabeza. (SUR)

José Antonio Sau

06/10/2026 Actualizado a las 22:13h.

La neuralgia del trigémino es un trastorno neurológico que provoca episodios de dolor facial extremo. Es uno de los dolores más intensos que se conocen, ... como reconocen los especialistas consultados por SUR. Según los últimos datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), en España hay más de 35.000 personas diagnosticadas. Extrapolando esta prevalencia a la demografía provincial, se estima que en Málaga son más de 1.300 las personas que conviven con esta dolencia neurológica (alrededor de 450 de ellas en la capital).

Uno de los principales problemas es el retraso en su diagnóstico, al confundirse con otras enfermedades: en la primera consulta, el 40% de los pacientes recibe un diagnóstico erróneo y el definitivo suele retrasarse al menos un año. Como señala el doctor Roberto Belvís, coordinador del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología (SEN), «uno de los mayores problemas de esta enfermedad es el retraso en su diagnóstico. Al no tratarse del tipo de dolor facial más frecuente, es habitual que en la primera consulta se confunda con otras patologías más comunes: problemas dentales, migraña, cefalea en racimos, trastorno de la articulación temporomandibular, sinusitis u otitis, entre otras».

El jefe del Servicio de Neurología del Hospital Regional de Universitario de Málaga, el doctor Pedro Serrano, por su parte, asegura: «El trigémino es un par craneal, un nervio predominantemente sensitivo que se encarga de inervar la mitad de la cara a cada lado. Cuando se lesiona o se produce una alteración en la conducción nerviosa, la puesta en marcha de los mecanismos de regeneración desencadena una alteración funcional que provoca la aparición del dolor. Ocurre de forma súbita y por periodos cortos de tiempo».

Más del 90% de los casos afecta a un solo lado de la cara y sus crisis pueden limitar seriamente la alimentación, el sueño y la vida cotidiana

El doctor Serrano lo confirma: «Estamos hablando de uno de los peores dolores que existen; en Francia se le conoce históricamente como el tic doloroso. Aunque suele ser de duración corta, es muy repetitivo y supone un hándicap muy importante para el desarrollo de la vida cotidiana. Además, existen 'puntos gatillo' que desencadenan el dolor con acciones tan simples como masticar, tragar o el simple contacto táctil».

Belvís define así la enfermedad: «El nervio trigémino es el principal nervio sensitivo de la cara: sus tres ramas recorren la frente y el ojo, la mejilla y la mandíbula, y es también responsable de la musculatura de la masticación. Cuando este nervio se irrita o se comprime, puede generar episodios de dolor tan intensos que la comunidad médica lo sitúa entre los tipos de dolor más intensos que existen».

Descarga eléctrica

Es más, «puede aparecer de forma súbita, con una intensidad similar a una descarga eléctrica y puede desencadenarse ante estímulos tan cotidianos como hablar, masticar, sonreír, bostezar, lavarse la cara o los dientes, o simplemente cualquier roce sobre la piel. En la gran mayoría de los casos, más del 90%, afecta a un solo lado de la cara, y son las ramas maxilar y mandibular las que se ven implicadas con mayor frecuencia», recalca el doctor Belvís.

Su colega el doctor Serrano afirma que, «en muchas ocasiones, la causa es idiopática, es decir, desconocida. En otros casos sí encontramos el origen, como una enfermedad desmielinizante, un neurinoma o una compresión vascular, que quizás sea la causa identificable más frecuente».

Serrano agrega que «no es una enfermedad excesivamente rara, es relativamente frecuente y se ve de forma habitual en las consultas de Neurología. Es fundamental diferenciarla de otros dolores faciales, como las algias faciales atípicas, porque no son estrictamente una neuralgia del trigémino y no responden a los mismos tratamientos».

Hay terapias disponibles. «Suele haber una buena respuesta a los tratamientos farmacológicos. Cuando el origen es una compresión vascular donde la arteria oprime al nervio, los neurocirujanos realizan una intervención habitual para liberar el nervio de esa compresión», recalca, y añade: «En la Unidad de Cefaleas del hospital seguimos de forma continuada a más de un centenar de pacientes. Los casos que mantenemos en seguimiento en la consulta especializada son fundamentalmente los refractarios, es decir, aquellos que no responden al tratamiento con fármacos y en los que se recurre a técnicas neuroquirúrgicas, como la intervención sobre el ganglio de Gasser».

El pico de aparición, de cualquier forma, se sitúa entre los 50 y los 55 años y las tasas más elevadas de prevalencia se registran a partir de la sexta década de vida, recalca la SEN. Se calcula que el 0,3% de la población lo sufrirá en algún momento de su vida.

Los fármacos permiten controlar el dolor en la mayoría de los pacientes, mientras que los casos más resistentes pueden requerir cirugía u otras técnicas

Pero más allá del dolor, el impacto de la patología en la calidad de vida de quienes la padecen es muy relevante, arguye Belvís. La incidencia de ansiedad y depresión en estos pacientes es casi tres veces mayor que en la población general, un 34% ve reducida su capacidad laboral y más de la mitad refiere algún tipo de limitación en sus actividades cotidianas, además de aislamiento social, alteraciones del sueño o problemas de alimentación derivados del miedo a que la masticación desencadena una nueva crisis.

Conducta suicida

Incluso, indica la SEN, algunos pacientes desarrollan conductas suicidas asociadas a los peores brotes de dolor, por lo que también se le conoce como enfermedad del suicidio. «Por eso insistimos tanto en la importancia de intentar acortar los tiempos de diagnóstico, porque cuanto antes se identifique la enfermedad, antes se puede empezar un tratamiento adecuado», destaca Belvís.

El abordaje inicial es farmacológico, con lo que el 80 % de los pacientes queda libre de dolor a largo plazo. Un 20% no responde de forma adecuada, con lo que se usan otras terapias, dice la SEN.

Según la SEN, la mayoría de los casos corresponden a la denominada neuralgia del trigémino clásica, asociada a la compresión de la raíz del nervio por un vaso sanguíneo. Un porcentaje menor es secundario a enfermedades como la esclerosis múltiple o determinados tumores, mientras que en otros casos no se identifica una causa concreta.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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