Los vecinos de la madrileña calle de Pío XII se acercaron ayer a Nunciatura para dar las buenos días al papa León XIV y saludarle mientras partía en el papamóvil hacia la Plaza de Cibeles para oficiar la misa del Corpus. Efectivos del Cuerpo Nacional de Policía y otro personal de seguridad guardaban los accesos a la delegación apostólica en un despliegue de alto nivel, a la altura del Santo Padre, que al terminar la etapa madrileña de su viaje habrá recorrido cerca de 200 kilómetros completamente blindados.
«La visita del Papa siempre es un reto muy grande al que se enfrenta un país», explica el comisario general de Seguridad Ciudadana, Francisco López Gordo. Primero, por el peso que acarrea la visita de cualquier jefe de Estado, pero además porque León XIV es un líder religioso «cuyo papel le exige una gran exposición pública en todos los actos que se han organizado para esta visita», disecciona el comisario general. Estos factores convierten al Vicario de Dios en una de las principales figuras susceptibles de sufrir un ataque terrorista, riesgo amplificado si contemplamos la gran afluencia de personas que acuden a su encuentro. Sólo ayer, durante la misa del Corpus, se concentraron más de 1,5 millones de fieles en el eje Recoletos-Castellana, alrededor de la Plaza de Cibeles y extendiéndose también por la calle de Alcalá.
«Este flujo de personas nos lleva a emplear todos los recursos de la Policía: no solo la parte uniformada, que es lo más vistoso, sino todas las áreas más técnicas, la división económica, los alumnos en formación... Es una actividad que coordina y que recoge a toda la Policía», detalla. Incluso los 2.600 alumnos de la Escuela Nacional de Policía, ubicada en la ciudad de Ávila, se incorporaron al operativo montado para los actos en Madrid.
«Estamos súper agradecidos de tener un primer contacto con la calle en un evento con el jefe de Estado del Vaticano. Es una cosa que viviremos una o dos veces en nuestra vida, como mucho», se emocionaron dos cadetes. Se habían despertado sobre las dos de la mañana para salir de la Academia y llegar a la capital en hora.
Aunque se habían planificado dispositivos de peso para otros eventos relevantes, como la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo de la ONU en Sevilla el año pasado, la Cumbre de Madrid de la OTAN en junio de 2022 o las cumbres europeas durante la Presidencia del Consejo de la Unión Europea en 2023 -todas ellas con alta representación internacional y política-, ninguna había requerido un esfuerzo como este.
En concreto, expone López Gordo, durante el fin de semana en Madrid se desplegaron entre 11.000 y 12.000 efectivos de Policía, repartidos entre los servicios centrales y los de las jefaturas. En Barcelona, a donde el Papa llegará mañana, este número desciende hasta los 750 porque son los Mossos d'Esquadra quienes tienen las competencias de controlar el orden público y la seguridad exterior. Y unos 1.200 efectivos de la Unidad Central de Protección y la Unidad de Intervención Policial se sumarán a los 2.500 efectivos que patrullan el archipiélago canario, donde el Papa aterrizará el próximo día 11 de junio.
Que la agenda de Robert Prevost contemple un trayecto por cuatro ciudades y el viaje del Pontífice a las islas más meridionales del territorio español implica «el desplazamiento de recursos logísticos y efectivos en un espacio de tiempo muy corto». Por ejemplo, un barco zarpará desde Huelva transportando 203 vehículos hasta las Islas Canarias para reforzar el material disponible sobre dicho territorio. Este tipo de maniobras logísticas elevan todavía más la importancia del reto al que se enfrentan los Cuerpos de Seguridad del Estado a la hora de planificar el dispositivo de seguridad papal.
Al Cuerpo Nacional de Policía, añade López Gordo, se han sumado entre tres y cuatro avanzadas del servicio vaticano. «Además, con seis o siete de sus delegados de seguridad hicimos los recorridos y emplazamientos de los eventos cuando se estaba organizando la visita», remacha.