La gran operación concluyó en fiasco. O, si se mira con buenos ojos, hizo aflorar la realidad. Porque el intento de desalojar las playas del Trampolín y de Benítez no hizo sino revelar una situación que durante 50 días se negó: en Ceuta hay muchos más inmigrantes irregulares de los que había admitido el Gobierno.
Cuando Moncloa decidió levantar carpas, a mediados de agosto, ante la evidencia de que no regresarían a Marruecos muchos de los que habían entrado el 30-31 de julio, se habló de 6.000 plazas. Ya están ocupadas y, sin embargo, sigue habiendo miles de irregulares en calles, playas, escondidos en lomas, apiñados en terrazas, ocultos en sótanos... La operación Muelle, destinada a aliviar al fin el Trampolín, el símbolo de la crisis, estuvo a punto de resultar algo más que un fracaso (a medias). "Ante nuestros uniformes saben que no pueden hacer nada, que si nos tocan se acaba todo para ellos", retrata un antidisturbios (UIP). Se pararon, pero la tensión pudo haber degenerado en algo grave.
Un compañero de los GRS de la Guardia Civil aporta la clave de los minutos en los que pudo fracasar (totalmente) la operación: "Los focos encendieron la llamada". Eso desbordó a los Cuerpos de Seguridad nada más iniciar el traslado de inmigrantes, a eso de las 6.30 horas. Cuando los GRS, con los focos encendidos, y en apoyo de los UIP, se establecieron a la entrada del polígono donde se iba a cobijar a los que dormían en el Trampolín y Benítez, vieron como una marea se les venía encima. Eran apenas 10 guardias contra 800 inmigrantes a toda prisa. Y estaban solos, sin los UIP. Enfrente no estaban aquellos a los que se iba a encapsular para un traslado controlado, sino otros irregulares nuevos que ante los primeros movimientos de las fuerzas de seguridad se lanzaron desde las lomas, donde aguardan una oportunidad desde hace 50 días, para intentar llegar los primeros a la instalación levantada en el Muelle Oeste del puerto. Y son ellos los que han sido alojados, mientras la mayoría de los que dormían en la playa del Trampolín y junto a la Benítez siguen donde estaban. El plan para desalojar esas zonas y poder exhibir en Ceuta, por primera vez, algo de normalidad resultó fallido.
Inmigrantes realojados desde las playas de Benítez y el Trampolín, ayer a su llegada al campamento temporal en el puertoEFEFuentes implicadas en el operativo reconocen "cierta falta de coordinación entre Policía y Guardia Civil", aunque lo que sacudió la estrategia fue la aparición de 2.000 emboscados de las lomas. "Al ver coches y luces, entraron en pánico y dijeron: 'Es la hora'". Los guardias civiles aún se estaban colocando a la entrada del polígono. La avalancha fue numerosa pero contenida. "Fueron bastante obedientes al inicio. Éramos pelotón y medio para controlar a 2.000 personas. No sentimos peligro ninguno. Los inmigrantes no exhibían formas agresivas. Levantamos las manos y ellos se pararon. Luego llegó la UIP y tomó la cabeza de la masa. Al hacer el embudo, la masa colapsó, hubo agobio, pero lo solventaron bien. Ellos saben que hay un número limitado de plazas", relata un GRS.
Y los inmigrantes saben también que cualquier exceso aboca a su expulsión. "Hubo trifulca entre ellos para que nadie se colara. A la gente que estaba en la playa no le dio tiempo a entrar al nuevo campamento, porque ya tenían 2.000 tíos delante [para 1.700 plazas]. La desesperación va creciendo porque con la apertura de cada instalación la gente se va quedando sin plaza y cada día que pasa es peor".
Pasado el mediodía de este viernes, un niño de algo menos de tres años pateaba un balón por los improvisados callejones formados entre las infraviviendas de los inmigrantes instalados en la playa del Trampolín. A su alrededor, miles de personas seguían ocupando un espacio que las autoridades pretendían vaciar hacia el recinto del puerto, activado después de una batalla administrativa entre la ciudad autónoma y el Gobierno; tras esquivar el frenazo ordenado desde la Audiencia Nacional a partir de una denuncia del Sindicato Unificado de Policía. Ahora, el Gobierno, que ayer admitía que al menos hay otros 3.000 inmigrantes por alojar, tendrá que buscar nuevas ubicaciones, lo que augura nuevos conflictos competenciales o en los juzgados.
Ya el pasado lunes, Pedro Sánchez, frente a la tesis de su gobierno de que sería suficiente con 6.000 plazas, anticipó que pretendían llegar a 10.000. Y ese es el nuevo horizonte en un continuo que nunca se cierra. Porque las autoridades de Ceuta no dan por cierta la cifra de 10.000, sino que la elevan a 13.000, como pronóstico "conservador". De manera privada, en ámbitos que van de la Abogacía a los responsables de Seguridad, se valora que podrían ser "entre 15.000 y 20.000" los irregulares que permanecen en una ciudad al límite, en una ciudad que no llega a los 85.000 habitantes y tiene 10-15-20 mil nuevos vecinos, una barbaridad matemática y cívica.
Inmigrantes alojados en el campamento temporal habilitado en el puerto de CeutaEFEEl operativo de este viernes, que se suma al del pasado fin de semana, deja la frustración de si el proceso tiene un fin. Porque, como explicaba un miembro de la UIP a este diario, los que ayer se anticiparon al resto "salieron de la nada". Una nada eterna. La idea de la operación era desalojar la parte occidental de playa Benítez, ocupada por más de un millar de personas, cuyas improvisadas tiendas siguen por el espigón hasta la desalinizadora que la separa de la del Trampolín. Pero, por ejemplo Ahmed, uno de los residentes ocasionales en una tienda en Benítez, ni intentó ir al campamento. Cuando vio la masa, decidió quedarse en su espacio. Aunque entendía algo de español, quería hablar por ChatGPT para entender bien. Sonreía sin parar pese a llevar también malviviendo mucho tiempo en condiciones infrahumanas.
El campamento del Muelle Oeste era la oportunidad para 1.700 inmigrantes que ven ahí la puerta para, de manera urgente, mejorar sus condiciones, tras 50 días a la intemperie, y a medio plazo, legalizar su situación. Sin embargo, el Gobierno ve ahí mismo, en sentido urgente, un lugar "indispensable" para que estén "bien atendidos en un espacio acotado"; en sentido urgente, un lugar donde filiarlos, pero con la esperanza de poder luego devolverlos a sus países de origen, principalmente Marruecos.
La operación de este viernes deja otro desvelo al Gobierno: muchos de los que emergieron ayer de "la nada" eran menores y con ellos la expulsión se encarece hasta lo imposible.