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«280.000 malagueños viven en hogares que han dejado de comprar medicamentos o de seguir tratamientos por dificultades económicas»

«280.000 malagueños viven en hogares que han dejado de comprar medicamentos o de seguir tratamientos por dificultades económicas»
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Un estudio que presentó ayer el sociólogo en Málaga advierte además que en la provincia hay 200.000 personas que viven en hogares que tras pagar el alquiler caen bajo el umbral de la pobreza

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Daniel Rodríguez de Blas, coordinador del Informe Foessa de Andalucía, posa en la sede de Cáritas en Málaga. Marilú Báez

Daniel Rodríguez de Blas, coordinador del Informe Foessa sobre Andalucía

«280.000 malagueños viven en hogares que han dejado de comprar medicamentos o de seguir tratamientos por dificultades económicas»

Un estudio que presentó ayer el sociólogo en Málaga advierte además que en la provincia hay 200.000 personas que viven en hogares que tras pagar el alquiler caen bajo el umbral de la pobreza

Cristina Vallejo

Miércoles, 4 de marzo 2026, 00:09

... dedicado a Andalucía se ha presentado este martes en Málaga y el encargado de hacerlo ha sido su coordinador, el sociólogo Daniel Rodríguez de Blas, que estos días está en plena vorágine recorriendo las provincias de la región para dar a conocer un rosario de datos como éstos relativos en concreto a la provincia costasoleña: 200.000 malagueños viven en hogares donde el día 3, tras pagar la vivienda y sus suministros, caen bajo el umbral de la pobreza; 180.000 personas sufren inestabilidad laboral grave, pese a los titulares que hablan de la bonanza del mercado de trabajo en España y en la provincia; y otras 280.000 han dejado de comprar medicamentos o tratamientos por falta de recursos.

–Ahí están operando varios elementos. Por un lado, el incremento del precio de la vivienda, que es básico. En Andalucía, entre 2018 y 2024, ha aumentado un 42%, en compra, mientras que en alquiler lo ha hecho alrededor de un 30% en concreto en la provincia de Málaga. Y, por otro, los ingresos no están creciendo al ritmo de la vivienda. En las economías domésticas, vemos que si detraemos los gastos de los ingresos, el resultado último de la ecuación es lo que está ocurriendo ahora, que hay 200.000 personas, 200.000 malagueños y malagueñas, que están viviendo en hogares que el día 3 de cada mes, después de haber pagado alquiler y suministros, sus recursos quedan por debajo del umbral de la pobreza. Eso es lo que medimos en nuestro indicador. Lo que está ocurriendo es que la vivienda es un gasto muy inflexible; o lo pagas, o no lo pagas. La alimentación es mucho más flexible, porque puedes decir que en lugar de comer carne tres veces a la semana, la comes una o ninguna. El consumo energético hasta cierto punto puede ser un gasto flexible también. Pero la vivienda no y muchas familias la pagan y después de hacerlo, quedan en situación de pobreza.

–La vivienda puede llegar también a ser un gasto flexible si, como muchos malagueños, te mudas al interior de la provincia, por ejemplo.

–En este trabajo no lo hemos analizado, pero sí lo hicimos en otro sobre el presupuesto de referencia para unas condiciones de vida dignas, ahí sí contemplamos cuánto dinero necesita una familia para vivir dependiendo de su lugar de residencia. No es lo mismo vivir en Málaga capital que en un pueblo de la serranía; no es lo mismo que la familia esté compuesta por cinco personas o que sea un hogar unipersonal. Pero el problema es que el incremento del precio de la vivienda es generalizado. En Málaga capital el alquiler ha subido un 36%, pero es que en la provincia se ha incrementado un 33%. Es decir, está bien eso de decir que no es necesario que todos vivamos en el centro, pero es que el precio se ha incrementado también en las periferias. Desde Foessa y desde Cáritas llevamos mucho tiempo diciendo que algo hay que hacer con la vivienda. Es un problema cada vez más patente y que es evidente no solamente para las clases más bajas, sino que para las clases medias empieza a ser una dificultad seria.

«En este último informe, la vivienda aparece como el primer motor de la exclusión en Andalucía, cosa que hasta ahora había sido la falta de empleo»

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Marilú Báez

–¿Es este un problema con mayor incidencia en Málaga que en otras provincias andaluzas?

–No podemos establecer comparación entre unas ciudades y otras. Pero lo que sí podemos decir es que la dimensión de la vivienda cada vez pesa más en la exclusión. Doy un par de pasos atrás para que podamos entender esto. La exclusión no es lo mismo que la pobreza. La pobreza es estar por debajo de un umbral de ingresos y la exclusión tal y como la conceptualizamos nosotros, tiene que ver con ocho dimensiones: una de ellas es la pobreza económica, pero también está el acceso a la vivienda, al empleo, a la participación política o el ámbito relacional. Estar en situación de exclusión es no poder participar con normalidad en la sociedad. Y uno de los elementos que lo impide es tener dificultades con la vivienda. En este último informe, la vivienda aparece como el primer motor de la exclusión en Andalucía, cosa que hasta ahora había sido la falta de empleo.

–En cuanto a políticas públicas en materia de vivienda. ¿Qué hay que hacer y por qué no se hace nada?

–Desde Cáritas tenemos claro que una medida que habría que tomar es el incremento del parque público de vivienda en alquiler. Y es importante que sea público y en alquiler porque llevamos treinta o cuarenta años quizás de políticas de vivienda inexistentes o ineficaces, en el mejor de los casos, y que siempre han primado la vivienda como un bien de inversión frente a la vivienda como un bien de uso social, que es lo que nosotros consideramos que es. Con un parque de viviendas en alquiler estaríamos asegurando dos cosas: brindar una casa a las personas que sufran una emergencia habitacional y que serían propiedad de la administración pública, que garantiza que siempre van a estar a disposición. En Viena el 60% de las viviendas son de titularidad pública y el resultado es que el mercado privado no puede alejarse mucho del mayoritario.

«Con las crisis, la bolsa de exclusión se hace más grande, pero cuando llega el periodo de recuperación, no salen de la exclusión todos aquellos que cayeron en ella»

–Siguiendo con la distinción entre la pobreza y la exclusión social, el informe recoge que la primera sí baja en Andalucía, pero la segunda, no; de hecho, se incrementa. ¿Cómo se puede explicar?

–La pobreza se mide marcando un umbral que se corresponde con el 60% de la mediana de los ingresos de la población: si estás por debajo, estás en la pobreza, si estás por encima, no. Ahora lo que está sucediendo es que como los ingresos han subido, hay menos personas bajo el umbral de la pobreza. Pero otro efecto es que la gente que se encuentra en los deciles más bajos de renta cada vez está más lejos de la media. Éste es uno de los elementos que destacamos en nuestros informes: la desigualdad es el gran motor de la exclusión. Nosotros llevando midiendo la exclusión de la misma forma desde 2007. Desde ese momento, hemos pasado ya por dos grandes crisis y dos grandes recuperaciones. Y lo que hemos observado es que con las crisis la bolsa de la exclusión se hace más grande, pero cuando llega el periodo de recuperación, no salen de la exclusión todos aquellos que cayeron en ella. Eso sucedió en 2008 y ahora también: los niveles de exclusión en la actualidad están por encima de los de 2018. Eso nos dice que el crecimiento económico per se no asegura que la gente salga de situaciones de exclusión, porque está operando la desigualdad por detrás.

–El informe señala que hay cerca de un 25% de personas, una de cada cuatro, en situación de exclusión en Andalucía. ¿Cómo es posible que la sociedad pueda convivir con estas cifras?, ¿es sostenible?

–¿Qué opera aquí? Un primer elemento es la invisibilidad de la exclusión: no deja ninguna muestra visible. Caminas por la calle y no sabes qué personas están en situación de exclusión y cuáles no. Sí sabes quiénes sufren pobreza absoluta, pero no sabes si, por ejemplo, alguien sufre malos tratos dentro del hogar -que es uno de nuestros indicadores de exclusión-. Caminas por la calle, compartes fila en el supermercado, la sala de espera en el centro de salud, con personas que están en situación de exclusión, pero no las vemos. Así que un primer elemento es ése: la sociedad no es consciente de los porcentajes de exclusión que se viven dentro. Pero luego tenemos un sistema de valores que opera cada vez con más fuerza y que nos lleva cada vez más al individualismo, a preocuparnos cada vez menos por el otro y a una trampa, a lo que nosotros consideramos una trampa, que es el sálvese quien pueda: a que si hay dificultades con la sanidad, yo me saco un seguro privado; o si escucho que las pensiones no van a alcanzar para todos, pues me hago mi plan. Las soluciones individuales pueden serlo hasta cierto punto. Pero, ¿qué ocurre, por ejemplo, con los problemas medioambientales? No hay solución en el sálvese quien pueda, enemos que afrontar los problemas desde un plano colectivo.

«Dejar de tomar medicamentos o de seguir tratamientos es algo que puedes hacer a costa de lo más importante, sí, que es la salud, pero si no alcanza, no alcanza. A medio y largo plazo tiene consecuencias trágicas, pero en el corto, hay familias que lo consideran una tabla de salvación»

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Daniel Rodríguez de Blas, en un momento de la entrevista con SUR. Marilú Báez

–La pobreza también afecta a la salud. En el informe detectan que hay quien deja de comprar medicamentos porque no tiene recursos.

–Alrededor de 280.000 personas en Málaga viven en hogares que han dejado de comprar medicamentos o seguir tratamientos o sesiones de rehabilitación por dificultades económicas. Aquí volvemos a traer el concepto de lo flexible de ese gasto: dejar de tomar medicamentos o de seguir tratamientos es algo que puedes hacer a costa de lo más importante, sí, que es la salud, pero si no alcanza, no alcanza. A medio y largo plazo tiene consecuencias trágicas y devastadoras, pero en el corto, hay familias que lo consideran una tabla de salvación. Hay estudios que dicen que hay una diferencia de nueve años en la esperanza de vida si vives en un barrio humilde o si resides en una zona de renta elevada.

«El sistema público de pensiones es una política valiente, con vocación de transformación y, sobre todo, consensuada por todos los grupos políticos y que termina teniendo un efecto muy positivo. Una política con verdadera vocación de protección protege»

–Ha vuelto el discurso que habla de las ventajas de generaciones anteriores, de las que están ya jubiladas, frente a las jóvenes.

–En 2007, la exclusión severa entre los mayores de 65 años y los menores de edad era muy similar, estaba en el entorno del 7%. En 2024, la exclusión severa entre los mayores de 65 años es apenas del 1,5%, mientras que entre los niños es del 15%. ¿Qué es lo que está ocurriendo? Pues que el sistema de pensiones está protegiendo a los mayores. El sistema público de pensiones es una política valiente, con vocación de transformación y, sobre todo, consensuada por todos los grupos políticos y que termina teniendo un efecto muy positivo. Es decir, la conclusión es que una política con verdadera vocación de protección protege a los colectivos.

–El informe también indica que en Andalucía hay una mayor incidencia de la exclusión en la salud. ¿A qué se debe?

–La exclusión social general en Andalucía es mayor que en otras partes de España. Y la desigualdad histórica de Andalucía con respecto a otros territorios de España indudablemente está afectando a las cifras de pobreza, que siempre son superiores aquí. Entiendo que esa dificultad de acceso a recursos económicos está operando detrás de esas dificultades de exclusión.

–Pero la sanidad pública es universal y gratuita.

–Pero no brinda todos los servicios, como odontología, óptica o las rehabilitaciones. Si tienes que ir a hacerte unas gafas o al fisio, eso no lo cubre la Seguridad Social, eso depende de tus ingresos y si están mermados, tu acceso también será precario.

–Este año hay elecciones en Andalucía. ¿Cómo opera todo esto que estamos hablando en la participación política?

–Los barrios y las zonas más marginales tienden a participar menos en los procesos electorales, votan menos. Y esto termina siendo la pescadilla que se muerde la cola porque los tomadores de decisiones terminan priorizando sus intervenciones en aquellos distritos o aquellas zonas donde obtienen rentabilidad en forma de votos. En resumen: como los pobres no votan, no se hace nada por los pobres y los pobres dicen que como no se hace nada por ellos, pues que para qué van a votar. Es un discurso muy reduccionista, pero para que se entienda la lógica. De hecho, hay ciertos barrios de Sevilla en los que la abstención roza el 80%.

–Pero lo de que la política no se ocupa de los pobres... ¿es más una percepción o una realidad?

–No tengo datos, pero bueno, estoy pensando en Madrid, que es donde vivo, y ahí sí ha habido denuncias de falta de limpieza por ejemplo en Vallecas. Nosotros en el informe no aterrizamos tanto este problema, pero hay evidencias de otras entidades que sí que muestran que hay menos inversión en determinados barrios.

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Marilú Báez

–La cifra de afiliados a la Seguridad Social está en máximos históricos y la tasa de paro, en mínimos de muchos años. Pero vosotros hablais de exclusión laboral.

–Tener un empleo siempre es mejor que no tenerlo. Es decir, el empleo protege de situaciones de exclusión. Pero el mercado laboral hoy en día cada vez se está polarizando más: hay buenos empleos que permiten vidas dignas, pero también hay cada vez más empleos precarios. De hecho, en la provincia de Málaga que tenemos a 180.000 personas que viven en una situación de inestabilidad laboral grave, es decir, alrededor del 10% de la población, mientras que en 2018 era el 6%. La inestabilidad laboral grave mide a la gente que en el último año ha estado tres o más meses en situación de desempleo, o que ha tenido tres o más contratos, o que ha estado en tres o más empresas; es decir, que ha tenido una relación intermitente con el empleo, que lo que hace es privar a estas personas de una planificación económica en el medio y el largo plazo: sin ir más lejos, si tienes que pagar doce meses de alquiler y sólo tienes ingresos nueve meses al año, pues hay tres meses en que te las ves y te las deseas. Pero es que el 14% de la población que está en situación de exclusión está trabajando: hace veinte o treinta años tener un empleo era casi sinónimo de no estar en situación de exclusión, pero hoy en día esto ya no es así.

«Se multiplica por dos la probabilidad de estar en la pobreza cuando tus padres no tienen estudios, cuando tienen empleos elementales o cuando algunos de ellos es de origen extranjero»

–¿La pobreza se hereda?

–Hay muchos estudios de transmisión intergeneracional de la pobreza que demuestran que cuando un niño ha crecido en un contexto de pobreza, tiene más del doble de probabilidades de que en la vida adulta viva situaciones de pobreza. Se multiplica por dos la probabilidad de estar en la pobreza cuando tus padres no tienen estudios, cuando tienen empleos elementales o cuando alguno de ellos es de origen extranjero. Hay un proceso de cronificación de la pobreza. Y eso que dos de cada tres hogares en situación de exclusión severa están luchando por salir de esa situación. Las personas en situación de exclusión se mueven: están en búsqueda activa de empleo o están inmersos en procesos de inclusión diseñados por los servicios sociales municipales o entidades como Cáritas. No fallan las personas, lo que falla es el sistema muchas veces. Las personas se mueven, pero se encuentran con barreras estructurales y falta de oportunidades. Es como quien va al gimnasio a correr en la cinta: no deja de moverse, pero no avanza. También hay un elemento muy importante: las redes sociales y el capital social; porque su presencia protege contra la exclusión, mientras que su ausencia la acelera. Marca la diferencia en que un bache personal sea sólo eso o que sea una caída al pozo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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