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72 horas a bordo de un crucero fluvial por el Danubio

72 horas a bordo de un crucero fluvial por el Danubio
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Recorremos los 300 km que separan Viena de Budapest a bordo del "Mozart", uno de los tres barcos de la naviera de lujo Riverside. A bordo hay 81 suites, cuatro restaurantes, spa y una cubierta exterior con bar, hamacas y barbacoa. Leer
Viajes72 horas a bordo de un crucero fluvial por el DanubioActualizado 13 JUL. 2026 - 08:15El Riverside"Mozart" navegando por el Danubio en la zona de Las Puertas de Hierro, en la frontera entre Rumania y Serbia.

Recorremos los 300 km que separan Viena de Budapest a bordo del "Mozart", uno de los tres barcos de la naviera de lujo Riverside. A bordo hay 81 suites, cuatro restaurantes, spa y una cubierta exterior con bar, hamacas y barbacoa.

Nuestra travesía comienza un domingo por la tarde en el muelle de Reichsbrücke, en Viena. Allí está amarrado el Riverside Mozart, el crucero fluvial que nos llevará pausadamente por las aguas del Danubio, que es más verde que azul, hasta llegar tres días más tarde a Budapest. Un guía privado nos da la bienvenida a la primera de las visitas culturales que nos sumergirán en la historia, la gastronomía y el patrimonio local de cada región europea que recorramos a bordo. Este slow travel nos acerca en primer lugar a la capital austriaca con un recorrido panorámico por sus edificios más célebres y una visita al concurrido Palacio Belvedere y sus musts [allí vemos, por ejemplo, El Beso de Viktor Klimt].

El Riverside Mozart navegando por el Danubio a su paso por Hungría.

De vuelta al barco, lo primero es acomodarse en una de las 81 suites, todas de tamaño generoso. La más pequeña tiene 20 m2 ; la más grande, la Owner's Suite, sube hasta los 82 m2 en los que cuenta con comodidades como chimenea, cama enfocada directamente al río... Todas las habitaciones, excepto las de categoría Harmony, tienen también balcón francés para disfrutar del paisaje cambiante con el ritmo pausado de la travesía, mullidas camas king size, menú de almohadas, aire acondicionado, televisor, cafetera, room service, baño forrado en mármol, zona de estar, servicio de mayordomo que hace y deshace maletas...

La Owner's Suite es la más grande del barco, ocupa 82 m2, y es la única con la cama enfocada directamente sobre el río.

Cuatro restaurantes, spa, gimnasio, barbacoa en cubierta...

Fuera de las suites todo está igualmente pensado para el disfrute del pasajero. Para empezar los espacios comunes, cuatro restaurantes y el Palm Court, un piano bar concebido como un espacio acogedor y versátil: perfecto para tomar una copa después de la cena o simplemente para relajarse durante el día en un ambiente tan cómodo como el salón de una casa. También hay varias áreas de sofás para sentarse a leer o simplemente a ver la vida pasar, y un cuarto de lavandería gratuita.

El Mozart cuenta, además, con un espacio wellness dividido entre el gimnasio equipado con máquinas Technogym y una zona de aguas con piscina de sistema contracorriente, sauna finlandesa, baño de vapor y salas de tratamientos. Además, la cubierta superior es perfecta para caminar o simplemente para descansar en sus hamacas, tomar un aperitivo en el bar o disfrutar de una barbacoa al atardecer si el tiempo lo permite.

Zona de spa con piscina de sistema contracorriente.

Alta gastronomía

Con una ratio de dos miembros de tripulación por cada viajero (la más alta del sector) y varios premios de los que hacer gala, el gran orgullo de la compañía se apoya también en la gastronomía a bordo. Está dirigida por el chef austriaco Johannes Bär [que trabajó durante seis años en Crystal Cruises, otra naviera de lujo], 100% casera (incluido el pan y la pastelería) y se adapta a las recetas de la región por la que pasa el barco en cada momento. La elaboración es francamente buena y las cartas diversas (en todas hay además opciones vegetarianas) para no tener que repetir platos a lo largo de la ruta.

Los desayunos y los almuerzos se organizan en Marketplace, el restaurante principal del barco, con formato bufé ampliado con estaciones de pasta hecha al momento. En su salón se sirven también las cenas, con una propuesta gastronómica que evoluciona al ritmo del viaje. Los platos y vinos se inspiran en los paisajes y regiones por las que navega el barco; así, durante el recorrido por Austria, la carta incluye platos como Medallón de venado al estilo austriaco o la Trucha de río fresca. El menú se completa con recetas "fijas" como diferentes ensaladas y pastas, Salmón a la plancha o el Medallón de solomillo de ternera.

Atelier, donde tomar un desayuno tardío o picar algo hasta las 18 h. Por las noches, aquí se sirve la cena de tapas gastronómicas.

Otra alternativa es Atelier, con hechuras de café europeo donde es posible tomar un desayuno tardío o una bebida y repostería o bocados salados desde las 11 de la mañana y hasta las seis de la tarde. Por la noche se convierte en un restaurante de tapas que, aquí también, se adaptan a la gastronomía de la región por la que se pase esa jornada. La opción más informal al mediodía la encontramos en Blue Bar Grill, con hamburguesas, wraps, sándwiches, pastas y ensaladas. Y, para ocasiones especiales, se puede reservar una experiencia gastronómica en la Vintage Room, una sala con capacidad para 12 personas y donde sirven, a mediodía y por la noche, menús gastronómicos maridados. Esta opción siempre se paga aparte.

Vintage Room, una sala con capacidad para 12 personas y donde sirven, a mediodía y por la noche, menús gastronómicos maridados.

Suavemente, el movimiento apenas se nota a bordo, navegamos hasta nuestra próxima parada, Esztergom, ya en Hungría, donde amaneceremos al día siguiente. De nuevo se nos presentan varias posibilidades y optamos por visitar la antigua capital húngara y la basílica más grande del país. Por la tarde pararemos en la medieval Visegrád, uno de los pueblos de la llamada Curva del Danubio, donde hacemos una escala corta para subir hasta su castillo. Merece la pena por las vistas. Regresamos al barco para prepararnos para lo que será el apoteósico final de viaje: la entrada, ya de noche, en una Budapest completamente iluminada. Arropados con una manta y copa de champagne en mano, porque la ocasión lo merece. Entre los viajeros, algunos con mucho bagaje turístico a sus espaldas, veo rostros emocionados. No me extraña.

El bar de la cubierta se abate hasta desaparecer en el suelo cada vez que el barco se aproxima a un puente de baja altura.

Grupo familiar

El Mozart en el que navegamos es uno de los tres barcos de la naviera Riverside Luxury Cruises. La historia de esta compañía empieza en 2022, pero hay que retroceder hasta los años 70 para encontrar el origen del grupo propietario. Es en esa década cuando Theo Gerlach, un empresario alemán dedicado a la construcción, visita las islas Canarias y reconoce allí el paraíso en la Tierra. Decide entonces empezar a construir hoteles en aquellas islas (Seaside Collection), a los que con el tiempo se unen otros en Alemania. De hecho, en la actualidad, Theo Gerlach, a sus 97 años, reparte su vida entre el SIDE, un cinco estrellas del grupo en Hamburgo, y el Seaside Grand Hotel Residencia, en Gran Canaria.

El tiempo pasa, el porfolio de la compañía crece con propiedades en Maldivas, donde llegaron en 2019, y es por esas fechas cuando uno de los dos hijos de Theo, Gregor, 57 años, empieza a madurar la idea de entrar en el mundo de los cruceros fluviales, que le recuerdan experiencias felices de su infancia. Busca pero no encuentra un astillero que le construya los barcos de lujo que él tiene en mente.

La ocasión llega en enero de 2022, cuando se produce la quiebra de la naviera Crystal Cruises. Es entonces cuando Gregor Gerlach compra las cinco naves de su filial de cruceros fluviales. El más grande es el Mozart, construido en 1987 y totalmente reformado en 2016, y las otras cuatro, más pequeñas, construidas en 2018. Para diversificar riesgos deciden alquilan dos de ellos [Mahler y Bach] a Uniworld, una grande del sector de los cruceros fluviales. Los Gerlach, propietarios al 100% de todos sus hoteles y barcos, se quedan con Mozart, Ravel y Debussy. Aunque el coste de la operación de compra no se ha hecho público, Gerlach reconoció haber pagado "la mitad de lo que le habrían costado si se los hubiesen construido ad hoc".

Si el Mozart se mueve por el Danubio entre mediados de abril hasta principios de enero (por su tamaño, 120 m de eslora y 23 de manga, no podría navegar en ningún otro río), el Debussy, con 55 camarotes, recorre el Rin, con rutas de entre tres y 23 días. Y el Ravel se desliza por aguas del Ródano y el Saona, con trayectos mínimos de cuatro días, tres noches, y la misma capacidad de camarotes a bordo que el Debussy. Las rutas varían de una temporada a otra, en función del éxito comercial que tengan, y los tres se pueden chartear por semanas.

Biblioteca del Riverside Mozart.

Desde 500 euros al día

En cuanto a la edad media de los viajeros, durante nuestra travesía coincide con las cifras que publica la naviera, alrededor de 55-60 años, y a bordo viajan muchas parejas y grupos familiares. Aquí los niños también son bienvenidos aunque han de saber que no cuentan con actividades pensadas para ellos. En cuanto a la procedencia de los pasajeros, arrasan los estadounidenses, con un 60-70% de los clientes. Le sigue el mundo hispanohablante con un 10-15%. Y en cuanto a los precios, las tarifas parten de los 500 euros por persona y día en régimen de pensión completa, que es el mínimo que se puede contratar. A esto habría que sumar la opción de bebidas premium (75 euros por persona y día, que da derecho por ejemplo a barra libre de champagne Taittinger) si se desea, o el plus de las excursiones (100 euros), que permite elegir entre dos por la mañana y dos por la tarde en cada una de las paradas del barco o, si se prefiere, pagar sólo por las que se solicitan. Lo habitual es que se oferten dos excursiones por la mañana y dos por la tarde en cada destino y que, entre ellas, siempre haya una más activa. También es posible agendar visitas con chófer y guía privado.

Esto es lo que ofrece hasta ahora Riverside Luxury Cruises, pero si se cumple lo previsto la oferta se ampliará, ya que la idea de la familia Gerlach es recuperar el barco Mahler para la temporada de 2028, (que podría posicionarse en el Rin y dos de sus afluentes, el Main y el Mosela) y el Bach uno o dos años más tarde.

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Fuente original: Leer en Expansión
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