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A Abascal se le está poniendo cara de Rivera... o de Iglesias

A Abascal se le está poniendo cara de Rivera... o de Iglesias
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El líder de Vox piensa que está en el cénit de su carrera política y está apostando todo a una sola carta, pero no hay que descartar que acabe perdiendo en poco tiempo todo lo ganado en los últimos años. Leer
La aguja de marearA Abascal se le está poniendo cara de Rivera... o de Iglesias
  • JAVIER AYUSO
26 FEB. 2026 - 00:48El líder de Vox, Santiago Abascal.MariscalEFE

El líder de Vox piensa que está en el cénit de su carrera política y está apostando todo a una sola carta, pero no hay que descartar que acabe perdiendo en poco tiempo todo lo ganado en los últimos años.

Aunque a sus líderes no les gusta que les compare a unos con otros, los partidos denominados como de la "nueva política" han tenido una evolución muy similar: rápido crecimiento hasta tocar prácticamente el cielo (asaltarlo, en palabras de Pablo Iglesias) y una caída en picado tras la ambición desmedida de unos líderes con espíritu cesarista.

Les pasó a Ciudadanos y a Podemos y se empiezan a ver unos síntomas similares en Vox. A Santiago Abascal se le empieza a poner cara de Albert Rivera o de Pablo Iglesias. Piensa que está en el cénit de su carrera política y está apostando todo a una sola carta; pero no hay que descartar que en su intento de erigirse como el campeón de las derechas, acabe perdiendo en poco tiempo todo lo ganado en los últimos años.

Tras los avances electorales obtenidos desde julio de 2023, y sobre todo tras los resultados en Extremadura y Aragón, el partido ultra se ha crecido tanto que se permite el lujo de despreciar al PP y Alberto Núñez Feijóo. El lunes, el presidente de los populares dio un paso adelante en su estrategia para negociar con Vox para lograr gobiernos estables en las citadas comunidades y en las que celebrarán elecciones en los próximos meses. Anunció un documento marco que sirviera de inicio para las conversaciones, en el que se hacían importantes cesiones a las propuestas del partido verde, y recibió como respuesta un portazo de Abascal.

El líder de la ultraderecha afirmó que se sentía molesto por el decálogo del PP. "La música me suena mal", dijo, "es empezar con mal pie; me molesta porque parece que negocian con salvajes". Estas declaraciones se produjeron, además, apenas unas horas después de una larga conversación telefónica con Feijóo, el domingo, de la que ambas partes salieron razonablemente satisfechas. ¿Qué hizo cambiar de opinión al presidente de Vox?

Hay varias interpretaciones respecto al cambio de humor del líder ultra. La más extendida es que la enésima crisis interna en su partido por el conflicto con el que fuera su hombre de confianza, Javier Ortega Smith, le han llevado a forzar la situación y mostrar su cara más agresiva de cara a sus afiliados y electores. Tampoco hay que descartar que se trate de una estrategia electoral más con vistas a las próximas elecciones autonómicas en Castilla y León, convocadas para dentro de veinte días.

Respecto a la primera opción, la situación no es nada halagüeña para Abascal. El conflicto iniciado tras la expulsión de Ortega Smith como portavoz del partido en Madrid y la negativa de éste a aceptar la orden, ha provocado una catarata de adhesiones al representante madrileño y muchas críticas al modelo de gestión del líder máximo. Ya se sabe que en Vox nunca han creído mucho en la democracia interna (ni en la externa, probablemente), pero la actitud autoritaria de Abascal ha ido creciendo al mismo ritmo que sus éxitos electorales, con el consiguiente descontento entre los cuadros intermedios.

Las salidas de otros miembros destacados del partido, como Macarena Olona, Iván Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio, Juan Luis Steegmann, Mazaly Aguilar y otros, recuerdan lo sucedido en Podemos, cuando los compañeros de Iglesias renunciaron a sus puestos, precisamente cuando estaban en plena luna de miel de resultados electorales. La formación morada se había convertido en la tercera fuerza política de España, como lo es ahora Vox, y el hiperliderazgo de su presidente causó una estampida que posteriormente provocó la caída del partido.

Como le pasó a Rivera en Ciudadanos y a Iglesias en Podemos, Santiago Abascal se cree hoy capaz de dar el 'sorpasso' a su posible socio de gobierno y parece dispuesto a forzar la máquina hasta unos límites impensables. No se da cuenta de que el PP (como el PSOE en su día en su competencia con la formación morada) cuenta con una sólida estructura política y organizativa a nivel nacional capaz de aguantar la presión de los verdes, igual que lo hizo con los naranjas. El suelo electoral de los populares es irrompible frente al techo de la ultraderecha.

En política, la soberbia es una mala consejera. Y Abascal es un ejemplo claro de cómo el éxito puede provocar un mal de altura que te lleve al fracaso en poco tiempo. El populismo y el autoritarismo están también presentes en el líder de Vox que, como otros dirigentes de otros partidos, acaban rodeados tan solo de personas mediocres que le ríen las gracias y aplauden sus intervenciones hasta enrojecer sus manos. El halago y la adulación te acaba debilitando, porque pierdes el sentido de la medida y renuncias a la crítica.

Todo ello, sin olvidar la deriva antisistema en la que ha metido a su partido. Su ausencia en destacados actos institucionales y las críticas a la Jefatura del Estado, a la Iglesia, a la Justicia y al orden constitucional le sitúan en una posición delicada de cara al futuro. En algún momento, sus electores se tendrán que dar cuenta de que se trata de un proyecto populista incapaz de dar soluciones a los problemas reales de los ciudadanos.

Por cierto, Alberto Núñez Feijóo debería renunciar a informar en tiempo real sobre la evolución de las conversaciones con los de Abascal. Es una mala estrategia. Las negociaciones deben ser discretas hasta que se alcancen acuerdos. Luego ya se pueden anunciar a bombo y platillo.

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Fuente original: Leer en Expansión
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