La albiceleste embarró el choque ante su inferioridad. Enzo fue expulsado y Paredes, que se enzarzó con Eric García y Gavi tras el pitido final, también lo mereció
Regala esta noticia Añádenos en Google Enzo y Cubarsí, tras la entrada que le costó la roja al argentino. (AFP)Javier Asprón
20/07/2026 Actualizado a las 01:27h.No fue el espectáculo marrullero de la semifinal ante Inglaterra, pero España también sufrió en la final esa intensidad y contundencia argentinas a veces mal ... entendidas. Aguantó los golpes y sobrevivió al clima áspero, en parte porque Slavko Vincic, árbitro del encuentro, no permitió tantas alegrías a los sudamericanos.
Fue una acción clara, apenas discutible, pero provocó la reacción airada de los jugadores de Scaloni. Era la segunda amarilla para Enzo; la primera la había visto minutos antes por protestar, lo que impedía su revisión por el VAR. Aun así, Argentina insistió para que Vincic acudiera al monitor. Mientras, varios futbolistas trataban de sacar de quicio a los españoles. Unai Simón, el más cabal en mitad del tumulto, apartaba a Laporte para evitar que se encarase con nadie. A la vez, Messi reclamaba sin éxito al colegiado que Cucurella se tapaba la boca para dirigirse a él. La final se jugaba lejos de la pelota, en un terreno de gestos y provocaciones donde la albiceleste se sentía más cómoda.
En el ranking de rudeza, casi a la par que Enzo, puede que incluso por encima, se situó Paredes. Entró tras el descanso y tardó poco en ver la cartulina por un sucio empujón sobre Rodri. El 'cinco' de Argentina arriesgó la roja pocos minutos después con una entrada por detrás sobre Pedro Porro. No aprendió la lección. Tras la expulsión de Enzo volvió a enzarzarse con Oyarzabal cuando este intentó levantar a Cubarsí. Y en la prórroga se jugó otra vez la expulsión por un choque con Merino en el que se desentendió por completo de la pelota. Cada aparición suya elevaba la temperatura de un partido que España intentaba devolver al fútbol.
El reparto lo había iniciado Mac Allister poco después del comienzo con otro plantillazo sobre Dani Olmo que, sorprendentemente, no tuvo castigo. Lamine Yamal también se enredó varias veces con Tagliafico, encargado de sujetarlo toda la noche. Argentina aceptó que no podía gobernar la final con el balón y eligió discutirla en cada contacto y cortando el ritmo.
Fueron, en total, 25 faltas, seis amarillas y una roja. Un buen resumen de la impotencia argentina, la misma con la que se había encontrado Francia durante la semifinal ante el campeón. La albiceleste no lanzó una sola vez a puerta hasta verse con un gol en contra y la final perdida. Nada reseñable de sus futbolistas de campo, más allá de las paradas del Dibu Martínez, sostén de un equipo más preocupado por embarullar y entorpecer que por plantar cara futbolística a España.