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A estas alturas, deberíamos estar usando mejor la IA

A estas alturas, deberíamos estar usando mejor la IA
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Desde novelas canceladas a sanciones legales, la magnitud de los errores cometidos transcurrido apenas medio año sugiere lo contrario. Leer
Financial TimesA estas alturas, deberíamos estar usando mejor la IA
  • PILITA CLARK
Actualizado 12 JUN. 2026 - 16:20Los grandes modelos de lenguaje alucinan por defecto.DREAMSTIMEEXPANSION

Desde novelas canceladas a sanciones legales, la magnitud de los errores cometidos transcurrido apenas medio año sugiere lo contrario.

El otro día me llegó un documento de una empresa que debería haber sido tan increíblemente aburrido como para que casi nadie lo leyese.

Por desgracia, la declaración de gobernanza corporativa de una empresa canadiense de exploración de litio previa a su debut en la Bolsa australiana tuvo mucha repercusión el mes pasado, porque una de sus frases decía:

"Cambiará acciones todas eyaculadas por el problema que tu servicial novia consultó a los consejos responsables".

Envié un correo electrónico a la empresa de litio, Li-FT Power, para preguntar si la IA tenía la culpa y, de no ser así, cómo se produjo el fallo. A fecha de publicación de este artículo, no he recibido respuesta.

Es difícil pensar en otro culpable que no sea lo que muchos llaman ahoraChat, lo que me ha hecho replantearme un plan que ideé en enero para escribir una columna en diciembre repasando un año de meteduras de pata de la IA.

Parece más seguro hacer una actualización semestral, ya que sólo estamos en junio y el salón de la vergüenza de la IA ya está repleto de ejemplos.

Me recuerdan a algo que me comentó un CEO de una empresa tecnológica a principios de año sobre los grandes modelos de lenguaje: las empresas se están apresurando a utilizar una tecnología cuyo diseño no iba dirigido principalmente al uso empresarial.

Las empresas no son las únicas.

Este año, han transcurrido pocas semanas sin que un político, periodista o autor haya sido expuesto, despedido, cuestionado o ridiculizado por cuestiones relacionadas con la IA. La resistencia ha sido prácticamente inútil.

Matt Goodwin, excandidato de Reform UK, insistió en que las múltiples afirmaciones de que la IA había escrito partes de su libro sobre inmigración, Suicide of a Nation (el suicidio de una nación), eran categóricamente falsas. Esto no impidió que se ganara un apodo del que estoy segura que le costará deshacerse: MattGPT.

El diputado laborista Mike Reader sigue siendo conocido como el ChatG-MP meses después de que se informara de que lo habían visto en un tren usando Chat para responder a sus electores.

Podría haber sido peor. En marzo, el lanzamiento en Estados Unidos de la novela de terror Shy Girl (la chica tímida) fue cancelado por su editorial por temor a que se hubiera utilizado IA en su escritura.

Mientras tanto, en febrero, marzo y abril surgieron noticias desde Nueva York hasta Países Bajos de periodistas que habían perdido sus empleos o se les había apartado temporalmente por el uso de la IA.

Mayo trajo consigo un acontecimiento aún más sorprendente.

El empresario estadounidense de los medios de comunicación Steven Rosenbaum admitió que la IA había inventado varias citas falsas o mal atribuidas en un libro repleto de elogios con el título difícil de inventar de The Future of Truth: How AI Reshapes Reality (el futuro de la verdad: de qué forma transforma la IA la realidad).

Me resulta fácil imaginar que un escritor o político con poco tiempo pueda encontrar irresistible el atractivo de la IA. Pero el creciente nivel de contenido de baja calidad generado por la IA en las citas legales presentadas en los tribunales sigue causando consternación, al igual que la cuantía de las sanciones que los frustrados jueces están imponiendo en consecuencia.

En marzo se supo que los abogados que habían citado múltiples casos falsos en una disputa familiar sobre una bodega de Oregón habían sido condenados a pagar 110.000 dólares en multas.

"En el universo en rápida expansión de casos que implican sanciones por el mal uso de la inteligencia artificial, este caso es un ejemplo atípico tanto por la magnitud como por el volumen", escribió el juez Mark D. Clarke.

Damien Charlotin, un abogado y académico francés de 34 años que mantiene una base de datos sobre el uso indebido de la IA que se remonta a 2023, me comentó que las sanciones impuestas en el caso de la bodega eran las más elevadas que había visto hasta la fecha.

Dudo que sean las últimas. Desde que la IA despegó, el número de litigantes que acuden a los tribunales civiles federales de Estados Unidos sin abogado ha aumentado del 11% al 17%. Estoy segura de que esto incrementará la acumulación de casos en los tribunales, así como la base de datos de Charlotin. En diciembre, ésta contenía menos de 700 casos, pero la semana pasada ya superaba los 1.500.

No es una cifra tan alta en el contexto global, afirma Charlotin, quien imparte clases de automatización, escribe código informático y valora el tiempo extra que la IA le permite dedicar a los aspectos humanos de su trabajo.

Pero también comprende que, como él mismo dice, "los grandes modelos de lenguaje alucinan por defecto".Deben manejarse con cuidado y, en muchos casos, limitarse a tareas específicas. En otras palabras, los humanos no sólo deben estar informados, sino que deben mantener el control en todo momento.

Con el tiempo, esto podría volverse más evidente de lo que parece hoy. Mientras tanto, debemos vivir en un mundo donde la IA se utiliza en exceso y recibe demasiada confianza de personas que deberían tener mucho mejor criterio.

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Fuente original: Leer en Expansión
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