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A favor y en contra de 'La casa del dragón': la temporada 3 atraviesa su ecuador

A favor y en contra de 'La casa del dragón': la temporada 3 atraviesa su ecuador
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La serie de HBO ha vuelto a enganchar a sus seguidores pero ya no genera la misma conversación social
A favor y en contra de 'La casa del dragón': la temporada 3 atraviesa su ecuador

La serie de HBO ha vuelto a enganchar a sus seguidores pero ya no genera la misma conversación social

Regala esta noticia Añádenos en Google Daemon y Rhaenyra, en 'La casa del dragón'. (RC)

Mikel Labastida y Tamara Villena

Valencia

19/07/2026 Actualizado a las 01:26h.

'La casa del dragón', la serie que narra la historia de los Targaryen 200 años antes de los eventos que ocurrieron en 'Juego de ... tronos', regresó hace un mes a HBO. Este lunes 20 se emite el quinto episodio de una temporada que está volviendo a enganchar a los seguidores de la saga, después de que la anterior generase tanta decepción. Dos redactores de Pantallas analizan el retorno de esta producción en el momento en el que atraviesa su ecuador. Este texto contiene espoilers.

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Ormund Hightower en 'La casa del dragón'. (RC)

Con 'Juego de tronos' disfrutábamos de sus espectaculares batallas, de sus secuencias más dramáticas y de los imponentes efectos especiales, pero lo que de verdad atrapaba a la audiencia eran las intrigas políticas y la capacidad de los personajes para sobrevivir a un tablero plagado de fieras. Ahí era cuando gozábamos de verdad. La serie madre fue despistando esto último a medida que avanzaban las temporadas buscando la espectacularización de las tramas y eso se notó en el resultado final, que se resintió. Consciente de ello, 'La casa del dragón' intentó en sus primeros episodios recuperar aquella fortaleza con personajes ambiguos, bien escritos y capaces de enganchar por ellos mismos (sin más artificios) al espectador. El problema llegó cuando en la segunda temporada la mayoría de ellos se desdibujaron y las tramas principales se fueron desinflando.

En esta tercera tanda de capítulos la producción de HBO volvió con el firme propósito de enmendar errores y recuperar la propuesta que tanto gustaba a los adictos al universo de los tronos, tanto de los libros como de las series. Ya en la primera entrega demostró que era capaz de emocionar con una batalla, en este caso, la que se desarrollaba en las inmediaciones de Reposo del Grajo. Fue el revulsivo que necesitaban ambos bandos para enfrentarse de nuevo y librar la guerra definitiva, esa que nos habían escamoteado en la temporada anterior. El choque definitivo de Lord Corlys y la triarquía, así como el duelo en los aires con los dragones de Baela Targaryen y Jacaerys Velaryon y un robaovejas descontrolado impactaron a los espectadores que se habían asomado a este retorno con muchas dudas. Aquello prometía.

Los siguientes episodios se centraron más en los entresijos de palacio, sin que por ello descendiese la tensión. Me atrevo a decir que el segundo y tercer capítulo estrenados este año están entre los mejores de toda la historia de 'Juego de tronos' (sí, incluida la serie madre). Nos hizo recordar los tiempos en que el relato se desarrollaba en la Fortaleza Roja, con las intrigas de personajes como Cersei, Meñique o La Araña, como principales alicientes. En el 3x02, Rhaenyra vuelve a ser la protagonista que todos esperábamos aunque posiblemente no con la fuerza y autoridad que desearíamos, pero las circunstancias no le dejan actuar de otra forma (ha perdido a sus dos hijos y todo el mundo infravalora sus capacidades). Su llegada a Desembarco del Rey propició uno de los puntos más esperados por los seguidores y la épica del momento estuvo a la altura, con el ajuste de cuentas con Otto Hightower y el reencuentro con Alicent. Precisamente las escenas entre Alicent y Rhaenyra -enfrentadas pero a la vez aliadas para buscar la paz- están siendo uno de los motivos por los que esta temporada está convenciendo tanto.

Uno de los problemas del pasado fue la pérdida de identidad de algunos personajes y la sensación de que actuaban por su cuenta sin ninguna conexión entre ellos. Solo hay que recordar el caso más flagrante, el de Daemon atrapado en el castillo de Harrenhal, como un alma sin pena sin que a nadie le preocupase que hacía allí y sin que su estancia en aquella fortaleza aportase nada a la trama. Este problema se ha solventado. El príncipe ha salido de su cautiverio, ha vuelto a ser quien era y ejerce el poder a la sombra de su esposa, tratando de imponer sus propias reglas del juego. Pero lo importante es que no solo él se ha puesto en órbita. Todos los demás integrantes de este universo caminan buscando sus objetivos y las decisiones de unos repercuten en los otros. Lo que Daemon hace en el Valle influye en Desembarco del Rey. La travesía de Larys Strong y Aegon repercute en la Fortaleza Roja. Los movimientos de los nuevos jinetes -Hugh, Ulf, Addam- son importantes para la batalla entre negros y verdes. El cuarto episodio demuestra que este juego de roles en distintos escenarios sigue funcionando.

El último aspecto relevante que está influyendo en la buena recepción de estos episodios ha sido la llegada de nuevos personajes, como es el caso de Ormund Hightower, señor de Antigua, sobrino de Otto y primo de Alicent, al que podríamos considerar el mayor comandante militar de los verdes. Poco sabíamos hasta ahora de él, pero no nos cabe duda de que va a ser el gran adversario de los negros y no solo por su fuerza física, sino por su fortaleza mental y sus argucias para engañar al bando contrario. A su lado está Daeron Targaryen, último hijo de Viserys y Alicent, que se ha criado a su lado y ha sido educado para ocupar el trono en algún momento. Poco se parece a sus hermanos Aegon, Helaena y Aemond. Todavía no sabemos si actúa coaccionado por el que hasta ahora ha sido su tutor o por su propia ambición personal, pero no parece dispuesto a que Rhaenyra ocupe su lugar. En ellos parece que recaerá gran parte de la trama que tenemos por delante y esto no solo no parece un problema sino que añade incentivos para seguir la historia.

Por Tamara Villena

En contra: la serie ya no genera conversación

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Lord Corlys en la Batalla del Gaznate. (RC)

Vaya por delante que escribe una fan absoluta del universo de George R.R. Martin, y más específicamente de la casa Targaryen. Por eso me inquieta especialmente que la serie no esté consiguiendo reenganchar al completo a algunos de sus más leales seguidores, pese al innegable nivel que está exhibiendo la producción de HBO en sus últimos episodios. Y lo que es incluso más revelador a día de hoy: la poca conversación que genera en redes sociales. Al contrario de lo que pasó con entregas anteriores, el 'feed' ya no se llena de 'spoilers', ni siquiera de lo que más refleja que algo ha calado hondo en la cultura popular: los memes. Ya no vivo con el miedo de no ver el capítulo la misma noche, sé que a la mañana siguiente no voy a encontrarme el momento clave del episodio descuartizado en internet. Y no es porque no los tenga, como pasaba en la temporada anterior.

Cuesta entender que una entrega tan brillante a nivel técnico y de guión como está demostrando ser la tercera de 'La casa del dragón' no esté generando el impacto que sí logró incluso con capítulos notablemente más flojos. Quizá habría que echar la vista atrás para entender el 'pinchazo' que puede acabar siendo la serie: una historia alargada en exceso, con una segunda temporada insulsa y descafeinada, que despertó tanto aburrimiento en el espectador que no parece haber manera de resucitarlo. Y menos después de dos años de parón.

¿Es la serie o somos nosotros? La producción está más que a la altura, pero a muchos no nos pilla con las mismas ganas que cuando la empezamos. Quizás dieron demasiado por sentado a sus espectadores, por eso de que el público 'friki' suele ser el más fiel. Al menos, así fue durante las ocho temporadas que duró su predecesora. Pero todo tiene su límite, claro, y después del chafón que nos dejó el final de 'Juego de Tronos', se esperan ciertos mínimos en su secuela.

La tercera temporada de 'La casa del dragón' reconcilia sus lazos con 'Juego de tronos', pero pese a la evidente calidad y detalle de sus últimos capítulos, para muchos ya no tienen el mismo impacto ni efecto que los de la serie original. La producción, como Rhaenyra, parece empeñada en demostrar ser una digna heredera y, aunque tiene todo para conseguirlo, habrá que ver si logra mantener hasta el final lo que siempre han sido sus bazas estrella: una tensión cosida de forma magistral, personajes dibujados al milímetro, giros de guión y planazos que justifican su larga espera.

Por el momento, parece que la serie ha recuperado uno de los ejes centrales que enganchó a la audiencia desde su inicio y que se diluyó -entre tantas otras cosas- en la segunda temporada: el combo Rhaenyra-Daemon. Las escenas entre ambos personajes vuelven a tener peso en la trama y complementan su desarrollo argumental, en detrimento quizá de otros como Alicent Hightower. Los dragones vuelven a brillar y la espectacularidad de sus efectos especiales nos recuerda por qué vemos la serie, aunque ya sepamos que vamos a sufrir cuando los veamos caer del cielo. Y aunque está claro que todavía faltan cosas fuertes por venir, sigo teniendo mis dudas sobre si nos quedaremos todos a verlas.

Para empezar, porque introducir a varios personajes nuevos a falta de una temporada para el final de la serie puede salir muy bien o muy mal. Teniendo en cuenta que se han cargado a la mitad de los que empezaron, tiene sentido, pero esperemos que no nos den tan igual como esos nuevos jinetes de dragones que a nadie le importan. De momento, parece que Ormund Hightower es el único que puede remover un poco el avispero y darnos contenido, aunque eso pensábamos de Aemond y Aegon y los dos están de retiro.

A eso hay que sumarle la extrema pereza que da la trama de los Velaryon. ¿A alguien le interesa? Ya sabemos que se extinguen y, a estas alturas, ni extraña ni nos importa. Está por ver si Corlys tiene algún movimiento bajo la manga que justifique que lo hayan rescatado (como si nada, por cierto) de la súper batalla a lo 'Piratas del Caribe' del primer episodio. Más de lo mismo ocurre con el personaje de Rhaena y su dragón salvaje Robaovejas, que aparecieron cinco minutos para liarla y podrían tener un peso decisivo en el resultado final, o no.

Llegados a este punto, Haelena (embarazada, por cierto) y Alicent se han convertido en personajes totalmente secundarios, casi a la par que la tal Alys Ríos que nos dio la tabarra en la segunda temporada y que de vez en cuando se sigue dejando ver. Criston Cole está que no se ubica y hasta ha dejado de ser odiable. Además, de la Triarquía no se sabe nada y la trama del Valle tampoco parece estar muy clara, dos cabos sueltos a los que se suman nuevos frentes: la negativa del Septón Supremo y el papel de la fe en el reinado de Rhaenyra y las pretensiones de Daeron, impulsado por su tío, de quitarle el trono.

Es el propio Ormund quien pone el broche final a la mitad de temporada con toda una declaración de intenciones: «Ahora empieza todo». Habrá que verlo, porque lo llevamos escuchando desde la segunda temporada.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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