Después de siete décadas en esta orilla, Rogelio Álvarez lo ha visto todo en Nueva York. Pero no que España juegue una final del Mundial en su ciudad. Será un día especial para este gallego que también es argentino: nació en Buenos Aires y es hincha del Barça y de San Lorenzo de Almagro
Regala esta noticia Añádenos en GoogleJavier Ansorena
Corresponsal en Nueva York
19/07/2026 Actualizado a las 00:12h.No hay español que haya vivido más que Rogelio Álvarez en Nueva York. Que haya vivido más fútbol o cualquier otra cosa. Este gallego llegó ... en 1956 en un barco, como tantos otros, de todo el mundo, para buscar una vida mejor, su sueño americano.
«Si pudiera ir a verlo al estadio, lo haría», asegura Rogelio, que el mes que viene cumple 94 años. Casi un siglo de afición al fútbol, entre los dos continentes, que ahora cristaliza en la final en la misma ciudad donde vino a partirse el lomo, como el resto de inmigrantes españoles. «Voy a verlo en televisión».
Entrar en su apartamento es como abrir una pequeña ventana a España: las fotos de los nietos en las estanterías, los cuadros, las flores, las cortinas, todo tiene un aire español. Está en un edificio modesto de la calle 17. Hace no tanto, para ver el partido, Rogelio caminaría las pocas manzanas que le separan de su otro hogar, La Nacional, el nombre por el que se conoce a la Spanish Benevolent Society. Es el reducto de lo que era 'Little Spain', la Pequeña España, un barrio con unos diez mil españoles, vertebrado alrededor de la calle 14, lleno de restaurantes, ultramarinos y negocios regentados por inmigrantes gallegos, asturianos o andaluces.
«Es tan casa como esta», dice Rogelio de la La Nacional, fundada en 1868 para asistir a los españoles que llegaban a la ciudad. Y, aunque ya no quede casi nada de Little Spain -los negocios desaparecieron, los españoles se fueron a los suburbios- sigue siendo un punto de encuentro y un refugio para los españoles de Nueva York.
Allí acudía Rogelio de forma religiosa a ver los partidos del equipo de sus amores -«igual lo que digo no le gusta, pero soy del Barça hasta la médula», advierte- y de España. En casi un siglo de afición al fútbol, ha tenido que estar a las duras -en la mayoría de las ocasiones- y a las maduras, como podría ser en la final de este domingo.