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China intensifica su presión militar sobre Taiwán mientras el gobierno de EEUU suaviza su postura. El control de los semiconductores añade una tensión global.
El secretario de defensa de EEUU, Pete Hegseth, advirtió hace un año en un importante foro de seguridad celebrado en Singapur que una invasión china de Taiwán podría ser inminente. Sin embargo, cuando regresó de China hace poco más de una semana, en su discurso ni siquiera mencionó la palabra Taiwán.
El año pasado, Hegseth afirmó que el objetivo de Estados Unidos era "disuadir la agresión de la China comunista". Esta vez declaró que las relaciones entre China y EEUU se encontraban en su mejor momento en años.
Sin embargo, en los últimos 12 meses el Ejército Popular de Liberación (EPL) de China ha intensificado su comportamiento amenazante en el estrecho de Taiwán. Sus aviones de guerra sobrevuelan con mayor frecuencia el estrecho, que durante mucho tiempo ha sido zona no oficial para preservar la estabilidad.
Otra señal de la creciente presión es que los buques de la armada y la guardia costera chinas rodean cada vez con mayor frecuencia la isla. El almirante Samuel Paparo, director del Comando Indo-Pacífico, advierte de que los ejercicios del EPL deben considerarse como "ensayos" para una acción militar.
El que Hegseth no mencionara a Taiwán no fue un hecho aislado. Se produjo tras las declaraciones Donald Trump después de la cumbre en Pekín con el presidente chino Xi Jinping el mes pasado que inquietaron a Taipéi.
Políticos taiwaneses sostienen que el líder chino dominó psicológicamente a Trump, quien se hizo eco de la retórica de Xi sobre el presidente taiwanés Lai Ching-te. Trump también hizo comentarios sobre la venta de armas estadounidenses a Taiwán que llevaron a temer que estuviera dando a Pekín más poder de decisión.
Taiwán, que depende en gran medida de las armas estadounidenses para disuadir a China, presta suma atención a las conversaciones entre los líderes de ambos países porque su existencia como Estado independiente está en juego. Taiwán ha dependido del apoyo estadounidense desde que Ronald Reagan le brindara garantías en privado en 1982.
Envíos de armamento
Trump ha aprobado más armas para Taiwán, incluyendo un paquete de 11.100 millones de dólares en diciembre, más que cualquiera de sus predecesores. Sin embargo, tras su reunión con Xi Jinping, declaró a Fox News que las armas estadounidenses eran una "buena baza negociadora" para tratar con China.
Trump también pareció aceptar la afirmación de Xi de que Lai quiere la independencia y sugirió que se mostraría reacio a enviar al ejército estadounidense a "9.500 millas de distancia para librar una guerra" en el estrecho de Taiwán.
El presidente de Taiwán, Lai Ching-te.BLOOMBERG NEWSEXPANSIONSus comentarios suscitaron dudas sobre si seguiría adelante con el plan de envío de armas a Taiwán por valor de 14.000 millones de dólares y sobre la respuesta de Estados Unidos en caso de que la isla fuera atacada por el EPL, un escenario que algunos analistas temen que pueda ocurrir durante su mandato.
"China quería conseguir tres cosas de Trump respecto de Taiwán, y las obtuvo todas. La primera era dejar claro que a EEUU le preocupa más China que Taiwán. La segunda era alimentar la percepción de que las decisiones importantes sobre Taiwán deben pasar por Pekín. Y la tercera, generar incertidumbre sobre la estrategia estadounidense en el futuro en las relaciones a través del estrecho", señala Ryan Hass, director del Centro para China de la Brookings Institution.
Un funcionario de la Casa Blanca afirma que la política estadounidense sobre Taiwán se mantiene inalterada y que Xi le aseguró a Trump que no invadiría Taiwán.
Los comentarios de Trump y Hegseth llegan en un momento crucial. En 2021, el almirante Phil Davidson, entonces comandante de las fuerzas estadounidenses en la región Indo-Pacífico, advirtió que China podría atacar en 2027 debido a diversos factores, entre ellos la rápida mejora de sus capacidades militares. Actualmente, la muchos funcionarios estadounidenses no creen que Pekín ataque el próximo año, pero algunos expertos militares se muestran preocupados por lo que podría ocurrir en 2028 y años posteriores. China relama la posesión de Taiwán desde 1949. Es probable que Taiwán celebre elecciones presidenciales a principios de 2028 y podría reelegir a Lai, a quien Pekín denuncia como un "peligroso separatista".
Antes de la cumbre de Pekín algunos expertos en seguridad consideraban que Trump podría ceder a la presión china y oponerse a la independencia de Taiwán. Una declaración de este tipo supondría un cambio radical en la política estadounidense, ya que sustituiría a la estrategia más neutral, incluida la estrategia de seguridad nacional de Trump para 2025, según la cual Washington "no apoya ningún cambio unilateral al statu quo en el estrecho de Taiwán".
Futuros ataques
Junto con esta ambigüedad estratégica de pronunciarse sobre si defendería o no a Taiwán, EEUU espera que China se lo piense dos veces antes de atacar la isla y que Taipéi sea menos propenso a declarar la independencia.
Los críticos se sintieron aliviados cuando Trump pareció mantener intacta su política. Sin embargo, inmediatamente después de su cumbre con Xi concedió una entrevista a Fox News en la que declaró que Lai era partidario de la independencia, aunque la isla ya es un Estado soberano.
Lo más preocupante para Taipéi fue la referencia de Trump a las armas como moneda de cambio. Tal postura violaría la promesa que Reagan hizo a Taipéi en 1982 de que Estados Unidos no consultaría a Pekín sobre la venta de armas a Taiwán.
Trump declaró a Fox News que aún no había decidido si aprobaría la venta de armas y que su decisión se conocerá en un plazo de tiempo relativamente corto.
Sus comentarios fueron bien recibidos en China. Wang Dong, investigador de la Universidad de Pekín, afirma que el presidente estadounidense "hizo declaraciones muy importantes sobre Taiwán. Estuvo muy cerca de declarar pública y explícitamente que se oponía a la independencia de Taiwán".
Por el contrario, la opinión pública taiwanesa ha manifestado una creciente preocupación por Trump. Alrededor del 40% de los encuestados en un sondeo realizado dos semanas antes de la cumbre de Trump-Xi consideraba improbable que Estados Unidos defendiera a Taiwán de un ataque chino.
Los aliados de EEUU también debaten la importancia que deben darle a las palabras de Trump en comparación con sus acciones y cómo unas pueden influir en las otras.
Josh Cartin, alto funcionario para Asia en la primera administración Trump y socio de TD International, una firma de inteligencia estratégica, afirma que en los meses previos a la cumbre la opinión generalizada era que Trump modificaría su política, pero no lo hizo. Pero Kevin Rudd, ex primer ministro australiano y experto en China que ahora dirige el grupo de expertos Asia Society, afirma que existe preocupación por el futuro de la postura de disuasión estadounidense en el este de Asia y el Pacífico occidental. Argumenta que hay que tener en cuenta la capacidad militar de EEUU, que a pesar de la guerra de Irán, sigue siendo fuerte, aunque con cierta preocupación por la capacidad de almacenamiento de municiones.
Soldados del ejército taiwanés.Plan de ventas de armas
La prueba clave de la postura de Trump sobre Taiwán este año probablemente radicará en cómo proceda con su plan de venta de armas por valor de 14.000 millones de dólares.
¿Aprobará el paquete en su totalidad, lo dividirá en partes o lo retrasará hasta después de septiembre, cuando se espera que Xi Jinping realice una visita a Washington?
En su comparecencia ante el Congreso, el secretario de Estado Marco Rubio afirmó que el paquete se encontraba "en estado de revisión" debido a las implicaciones que tenía para la base industrial de defensa de Estados Unidos.
Nick Snyder, experto en seguridad asiática del Instituto Hudson y ex alto cargo del Departamento de Estado, afirma que no tiene mucho sentido que EEUU anuncie un paquete importante de ayuda a Taiwán antes de recibir a Xi en septiembre, dado que el objetivo de Trump es estabilizar las relaciones con China: "Cualquier venta antes de esa fecha provocaría que Xi cancelara su visita, puesto que calificó la cumbre de mayo como un éxito en lo referente a Taiwán".
El propio Hegseth indicó que los recursos militares importan mucho más que cualquier comentario conciliador de los altos cargos. Pero a algunos les preocupa que recortar la venta de armas para apaciguar a Xi socave la eficacia de la presión sobre China.
Bonnie Glaser, experta en China del German Marshall Fund, afirma que Pekín busca obtener más tras la serie de comentarios controvertidos de Trump a Fox News: "Trump dijo que Lai quiere la independencia e iniciar una guerra, lo que sugiere que Xi influyó mucho en su forma de pensar en Pekín. Antes de la cumbre, muchos chinos daban a entender que la ruptura del paquete de armas sería suficiente. Pero ahora dicen que "no habrá venta de armas este año" porque consiguieron ciertas cosas de Trump y por lo tanto son aún más ambiciosos en cuanto a lo que pueden obtener de Taiwán".
Conversación decisiva
La creciente preocupación por el compromiso de EEUU con la seguridad de Taiwán se ha visto parcialmente eclipsada por el auge de la IA. Como principal fabricante mundial de chips avanzados, el país se ha beneficiado de la demanda casi insaciable de semiconductores avanzados por parte de las grandes tecnológicas, una demanda que se prevé que siga creciendo a medida que las empresas de inteligencia artificial avancen con sus salidas a Bolsa.
Taiwán fabrica el 90% de los chips avanzados que el mundo necesita para la IA de vanguardia, lo que aumenta aún más su valor estratégico.
Sin embargo, en los círculos de gobierno existe inquietud ante la posibilidad de tres reuniones más entre Xi y Trump este año. Además del viaje programado de Xi a Washington, los líderes probablemente se reunirán en el foro de la APEC en Shenzhen en noviembre y en la cumbre del G20 en Miami el mes siguiente.
Esta inquietud surge en un momento difícil para la política interna. A principios de este año, el KMT, partido de la oposición, obligó al DPP de Lai a recortar el presupuesto de defensa de 40.000 millones de dólares a 25.000 millones, lo que proporcionó fondos suficientes para armamento estadounidense, pero no para armas de producción nacional, incluidos los drones.
El KMT está mucho más dispuesto que el DPP a dialogar con China Continental, con la que coincide en que solo existe una China, aunque discrepa sobre quién gobierna el país: Pekín o Taipéi. Poco antes de la cumbre con Trump, Cheng Li-wun, presidenta del KMT, visitó China para reunirse con Xi Jinping.
Por el contrario, el DPP afirma que Taiwán es un Estado soberano. Esto enfurece a Pekín, que se ha negado a descartar el uso de la fuerza para incorporar a Taiwán a su territorio.
Trump introdujo otra incógnita cuando declaró en Pekín que hablaría con Lai sobre la venta de armas. Desde que EEUU cambió el reconocimiento diplomático de Taipéi a Pekín, ningún presidente estadounidense ha hablado con un líder taiwanés, aunque en 2016 Trump mantuvo una conversación telefónica con la predecesora de Lai, Tsai Ing-wen.
Fuentes conocedoras de la situación en Washington y Taipéi afirman que no se han hecho preparativos para una llamada y que la posibilidad de que se produzca ha disminuido considerablemente. Sin embargo, funcionarios del DPP siguen preocupados de que una llamada pueda desencadenar una crisis, sobre todo si Trump advierte a Lai que no declare la independencia. Así que por ahora Taiwán vive en la incertidumbre.
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