A las 18.49 horas del 25 de noviembre de 2023, el 112 tiene registrada una grabación de una llamada espeluznante. Antonio, de 42 años, ... capitán en activo del Ejército de Tierra, alertaba con una tranquilidad aplastante de que «había matado a su mujer» y que sus hijos, de 2 y 3 años, estaban presentes. Que por favor acudieran a su casa «para hacer lo que tuvieran que hacer». Si escuchas la llamada, sorprende el tono, la falta total de emoción y la tranquilidad con la que confiesa el crimen. Te da la sensación de que se ha quitado un peso de encima, de que ya está hecho, de que era su final anunciado. La madre de esos dos niños era Leticia, una enfermera de 37 años que había decidido terminar con años de maltrato psicológico y que estaba tramitando su divorcio. Desde entonces, la tensión de la pareja había convertido su casa en un polvorín.
Carmen, la madre de Leticia, ha tenido que escuchar esta semana en el juico que él era «la verdadera víctima» y «que no podía más», además de que en ese momento tenía sus capacidades volitivas y cognitivas alteradas porque Leticia le había amenazado con una denuncia falsa de malos tratos. Para la defensa, Antonio debe recuperar su vida sin pasar por prisión porque estaba con un Trastorno Depresivo Grave. Los psiquiatras lo han descartado.
Con estos atenuantes, en unos cinco años, en el peor de los casos, Antonio va a estar disfrutando del tercer grado. En estos momentos está a la espera de la sentencia en una prisión militar, que dista mucho de ser una civil, y sigue cobrando unos 1.300 euros al mes. Carmen y Jorge, los padres de Leticia, dedican su tiempo a criar a sus nietos, que tienen 4 y 5 años y que aún creen que su mamá está de viaje. La niña de la pareja llegó a decirle a su madre cuando solo tenía tres años: «Te duele la cabeza por las cosas feas que te dice papá, ¿verdad?«.
Leticia nunca denunció al padre de sus hijos por malos tratos porque no le puso una mano encima, pero hizo de su vida un infierno. Es la situación de siempre. Los maltratadores se camuflan en padres de familia respetables, militares entregados, profesores sin tacha o jueces que deben ser garantes de los derechos. No hay un perfil. Esta semana, cuando tenía que contar en mi programa el último caso de violencia doméstica que le ha costado la vida a Vicky, una mujer en Málaga muy querida entre sus vecinos, me contaban que la pareja era ejemplar y que solo veían al marido un poco triste últimamente. «Algo le ha debido pasar». No hay y no debe haber palabras que anestesien la verdad de una lacra como la violencia machista. Leticia nunca podrá ir a la graduación de sus hijos, ni podrá volver a enamorarse; nunca verá crecer a sus niños y sus padres deben crear un hogar alegre para sus nietos con la pena de haber perdido a una hija porque alguien decidió que «si no era para él, no era para nadie».
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