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Los ataques de Irán a la infraestructura tecnológica de Emiratos Árabes y Baréin amenazan las inversiones de miles de millones de dólares de gigantes como Microsoft o Amazon, y los intentos de las monarquías árabes de diversificar sus economías más allá del crudo.
El pasado 1 de marzo, drones Shahed 136 iraníes sobrevolaron el Golfo Pérsico hasta acabar impactando en territorio de los Emiratos Árabes Unidos y Baréin, como parte de la respuesta a la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica. El objetivo no eran instalaciones militares, complejos energéticos o refinerías de petróleo, sino un blanco mucho menos convencional: varios centros de datos de Amazon Web Services (AWS) en la región.
El ataque, el primero conocido contra la infraestructura física de un gran proveedor de computación en la nube estadounidense, interrumpió los servicios de multitud de empresas locales. Los clientesdel Abu Dhabi Commercial Bank, una de las principales entidades de Emiratos, tuvieron problemas para acceder a su banca online; y los usuarios de la aplicación Careem -similar a Uber- se quedaron sin poder pedir un taxi o comida a domicilio.
Más de quince días después, AWS no ha logrado restablecer su actividad en estos centros debido a lo dañadas que han quedado las instalaciones. De hecho, la compañía ha recomendado a sus clientes locales migrar sus cargas de trabajo a otras regiones. La reconstrucción de la infraestructura llevará meses. Pero recuperar la confianza de los inversores costará mucho más.
El principe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán, es uno de los grandes impulsores de la inteligencia artificial.Amazon construyó su primer centro de datos en el Golfo Pérsico en 2019, en Baréin. Tres años después, se expandió a los Emiratos Árabes Unidos. Y en 2024 inició proyectos nuevos por valor de más de 10.000 millones de dólares en Arabia Saudí. La empresa que dirige Andy Jassy fue el primer hyperscaler en abrir una región cloud en Oriente Próximo, sirviendo como punta de lanza para que el resto de grandes tecnológicas aterrizaran allí con inversiones multimillonarias.
Microsoft anunció en noviembre que entre 2026 y 2029 planea invertir más de 7.900 millones de dólares en los Emiratos Árabes Unidos, como parte de su plan de inversión de 15.200 millones de dólares en la región. Por su parte, Google se ha asociado con el fondo soberano saudí para construir y operar un megacentro de inteligencia artificial en el reino con una inversión estimada de 10.000 millones de dólares. Oracle también tiene previsto expandir su presencia en Arabia Saudí con una inversión de 1.500 millones de dólares para ampliar su infraestructura en la nube en el país.
Esta última también forma parte del proyecto Stargate UAE, junto a OpenAI, Nvidia, Cisco y SoftBank. La iniciativa busca construir en Emiratos el mayor centro de datos del mundo fuera de Estados Unidos. El proyecto, valorado en 30.000 millones de dólares, prevé levantar un megacampus de inteligencia artificial de cinco gigavatios (GW) en Abu Dhabi que debería entrar en funcionamiento a lo largo de este año.
xAI, la empresa de inteligencia artificial de Elon Musk, es otra que ha puesto sus ojos en los bastos recursos de las monarquías petroleras. La start up ha firmado una alianza con Humain, una empresa de inteligencia artificial creada por el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman, para levantar un centro de datos de 500 megavatios de potencia, su mayor despliegue fuera de Estados Unidos.
Dudas
Sin embargo, solo han hecho falta un puñado de drones para sembrar la duda sobre el futuro de estas inversiones milmillonarias. "Estos ataques podrían cambiar radicalmente el cálculo de riesgos para los inversores privados, las aseguradoras y las propias empresas tecnológicas a la hora de invertir en la región", afirmó Jessica Brandt, investigadora principal del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, en sus siglas en inglés), en una entrevista reciente con Financial Times. "El Golfo se presentaba como una alternativa segura a otros mercados. Ahora es más difícil sostener ese argumento", agregó.
Durante años, las monarquías petroleras del Golfo Pérsico se han promocionado como un destino seguro para albergar los centros de datos necesarios para crear y distribuir software de inteligencia artificial. Su posición geográfica, el acceso a energía abundante y barata, y los bolsillos casi inagotables de sus fondos soberanos les ha permitido atraer a los grandes actores tecnológicos con una facilidad que pocas regiones del mundo pueden igualar.
"La ubicación estratégica de la región ofrece conectividad de alta velocidad, convirtiéndola en un centro neurálgico para el procesamiento de servicios digitales provenientes de mercados vecinos con infraestructura limitada", destaca la consultora PWC en un informe reciente sobre la economía de la región. Unos 17 cables submarinos que transportan el grueso del tráfico de datos entre Europa, Asia y África atraviesan el mar Rojo, y otros cables discurren por el estrecho de Ormuz, ahora convertido en epicentro de la geopolítica mundial.
Los autores del informe destacan asimismo "un entorno empresarial favorable, con acceso a terrenos, talento y energía a bajo costo". Se estima que el precio promedio de la electricidad en Arabia Saudí, uno de los estados que más fuerte está apostando por posicionarse como un hub global de inteligencia artificial, es entre un 30% y un 50% inferior al promedio mundial gracias a las reservas de hidrocarburos del país y los subsidios. "Este importante ahorro puede mejorar directamente la rentabilidad de los operadores de centros de datos", apuntan desde la consultora Roland Berger.
En 2024, la región contaba con una capacidad de potencia instalada en data center de 648 MW, concentrados principalmente en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. Desde la Asociación de Centros de Datos del Golfo prevén que las nuevas instalaciones actualmente en construcción aumenten la capacidad en más del 50%, alcanzando un total cercano a 1 GW. Además, hay muchos proyectos adicionales en fase de planificación.
Cambio de paradigma
No obstante, estas metas tan ambiciosas se basaban en una premisa de estabilidad geopolítica y de seguridad que el ataque de Irán ha hecho saltar por los aires. Muchos ahora se preguntan si fue buena idea concentrar toda esta infraestructura en una de las regiones más inestables del mundo, a pocos kilómetros de Teherán y a tiro de sus amplios arsenales de drones y cohetes.
Estas vulnerabilidades tecnológicas son evidentes en otras partes del mundo. En Taiwán, territorio que China ha amenazado con tomar por la fuerza, una sola empresa, TSMC, produce la mayoría de los procesadores más avanzados del planeta. Lo mismo sucede con las plantas de Corea del Sur, donde se fabrican la mayor parte de los indispensables chips de memorias, y que pueden ser un blanco fácil en caso de que sus vecinos del Norte decidieran atacar el país.
La mayoría de los analistas no cree que estos sucesos vayan a acabar con el sueño de los países del Golfo Pérsico de transformar su economía con la inteligencia artificial. Sin embargo, sí que va a obligar a repensar sus ubicaciones y la forma de construir y proteger estas infraestructuras, que se han demostrado estratégicas y un objetivo prioritario para los ataques de sus enemigos.
Hasta ahora los hyperscalers han destinado importantes recursos para preparar su centros de datos ante desastres naturales y ciberataques. Pero nadie ha pensado cómo proteger estos enormes edificios frente a un ataque armado. Un centro de datos moderno es, en esencia, un blanco perfecto: naves industriales de varios miles de metros cuadrados, fácilmente identificables desde el aire.
En un artículo de opinión publicado en julio en The Washington Post, Sam Winter-Levy ya advertía de la vulnerabilidad de estas instalaciones. "Sus componentes más críticos, como los sistemas de refrigeración que enfrían los servidores de alto rendimiento, estarán expuestos, lo que dificulta su protección sin comprometer su funcionamiento", explicaba el investigador del Programa de Tecnología y Asuntos Internacionales en la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. "Incluso un solo dron pequeño con una carga explosiva o un dispositivo incendiario podría inutilizar uno de estos sistemas de refrigeración, dejando el centro de datos fuera de servicio y, potencialmente, arruinando largos y costosos entrenamientos de inteligencia artificial", agrega.
Proteger los centros de datos de ataques con drones o misiles requeriría de defensas de tipo militar, asegura el experto. "Estas deberán ir mucho más allá de la instalación de vallas o cámaras, e incluir perímetros reforzados, emplazamientos de artillería y sistemas de interferencia de drones", destaca. Sistemas que no solo son muy costosos, sino que en el contexto geopolítico actual son extremadamente demandados.
Otra posibilidad para blindar estos emplazamientos sería esconderlos bajo tierra. Algunos proveedores de nube ya han habilitado antiguos búnkeres abandonados de tiempos de la Guerra Fría y cuevas naturales como emplazamientos para albergar centros de datos para clientes preocupados por la seguridad. En China, Tencent ha almacenado datos importantes en cavernas ubicadas en la montañosa provincia de Guizhou.
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