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Afganistán ampara una nueva ley para casar a niñas y usa su silencio como consentimiento: "Asistimos a un gran genocidio"

Afganistán ampara una nueva ley para casar a niñas y usa su silencio como consentimiento: "Asistimos a un gran genocidio"
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La normativa autoriza que parientes distintos del padre o abuelo arreglen los matrimonios y sólo permite su anulación una vez alcanzada la pubertad. Más información: Zakya huyó de Afganistán y vive en España: "Mi país se ha convertido en una cárcel para la mujer, no puedes hacer nada"

Wahida, de 14 años, junto a su madre. Pese a que la situación financiera en casa es compleja, su familia desea que la adolescente pueda retomar sus estudios para aspirar a un futuro mejor. Muzamel Azizi Unicef

Protagonistas Afganistán ampara una nueva ley para casar a niñas y usa su silencio como consentimiento: "Asistimos a un gran genocidio"

La normativa autoriza que parientes distintos del padre o abuelo arreglen los matrimonios y sólo permite su anulación una vez alcanzada la pubertad.

Más información: Zakya huyó de Afganistán y vive en España: "Mi país se ha convertido en una cárcel para la mujer, no puedes hacer nada"

Publicada 20 mayo 2026 03:49h

Para la periodista afgana Khadija Amin, refugiada en España desde la toma de Kabul, la distancia no borra el dolor ni el recuerdo del peligro constante que acecha a las mujeres de su país. Tras haber sobrevivido ella misma a un casamiento forzado que le robó la juventud, hoy observa cómo el régimen talibán asfixia con cada vez más fuerza la autonomía femenina.

A más de 6.000 kilómetros de distancia en línea recta de su tierra natal, se dedica a compartir testimonios de otras compatriotas para que el resto del mundo no las olvide. Las noticias que ellas le transmiten "me dejan muy preocupada", lamenta, entre otras razones porque las autoridades han abierto aún más la puerta al matrimonio infantil.

Este mayo, se conoció que el Gobierno de facto ha promulgado una normativa de derecho familiar que incluye nuevas circunstancias en las que se pueden consumar estas uniones. Entre las novedades destaca que "si un pariente distinto al padre o al abuelo" las concertara "con una pareja compatible y dote adecuada", el enlace será "válido".

Khadija Amin, la presentadora evacuada por España tras la caída de Kabul en 2021: "Sueño con volver; si pudiera, lo haría"

Así lo dicta la ley, cuya copia ha sido recogida por EFE. La compatibilidad se refiere a la "igualdad del marido con la esposa en términos de linaje, religión, edad", etc. En todo caso, si el tutor es conocido "por su conducta inmoral o abuso de autoridad" y enlaza a una niña con una "persona no compatible" o con "una dote injusta", el casamiento no se considerará.

Cuando callar se traduce en 'sí'

Asimismo, uno de los puntos más controvertidos del reglamento es el artículo 7, que impone que el "silencio" de una chica virgen que haya alcanzado la pubertad ante una propuesta matrimonial se interpretará como consentimiento, no siendo así para los niños o las mujeres que ya hayan sido esposas.

Esta validación legal alarma a organizaciones como Amnistía Internacional, que lleva años denunciando la pérdida de derechos para la población femenina, en un contexto en el que la mayoría no pueden trabajar ni estudiar, son sometidas al uso de burkas y se casan cada vez antes en un contexto de aumento de las denuncias por violencia de género.

Olatz Cacho, portavoz de la oenegé en España, explica el trasfondo de la medida: "El Gobierno se ampara en interpretaciones tradicionales de ciertos textos islámicos bajo el argumento de que una mujer 'modesta' puede expresar su aceptación sin verbalizarlo de forma explícita. Esto elimina por completo el principio de consentimiento libre".

Sahar, una adolescente afgana, mira a través de la ventana de su casa. Todas sus hermanas están casadas y su madre está envejeciendo, por lo que ella asume gran parte de las responsabilidades del hogar. Osman Khayyam Unicef

La experta recuerda que, si bien el matrimonio infantil ya existía antes y la edad legal ya era alarmantemente baja, el hecho de legislar formalmente estas prácticas y permitir que familiares indirectos concierten casamientos otorga una permisividad estatal a este abuso, asestando un nuevo golpe para delimitar y destruir los derechos de las afganas.

Esta normativa también regula de una manera más estricta las condiciones bajo las cuales se puede anular o forzar la separación basándose en una interpretación fundamentalista de la jurisprudencia islámica (Hanafi).

De este modo, los menores —que suelen ser niñas, algunas entregadas con apenas 11 o 12 años— tienen derecho a solicitar quedar liberadas de esa unión una vez lleguen a la pubertad, en supuestos como aquellos en los que los tutores no actúen con compasión o de manera apropiada hacia ellos, si bien la anulación sólo podrá tener lugar mediante resolución judicial.

Amin sabe bien lo que significa esta letra pequeña. En la práctica, dice, "divorciarse es muy complicado, porque tenemos que aportar muchas pruebas y ahora ni siquiera podemos denunciar". Una aseveración que se apoya en la Regulación de Procedimiento Penal de los Tribunales aprobada por el líder talibán a principios de año.

Esta dispone sentencias condenatorias para una amplia e imprecisa serie de delitos y tipifica la violencia de género en el ámbito familiar sólo cuando una mujer sufra la fractura de un hueso o lesiones visibles, dejando fuera del plano legal aquellas agresiones que no hayan quedado marcadas en la piel y, por supuesto, la dimensión psicológica de las mismas.

Desde la perspectiva del análisis normativo, esta reforma penal persigue un fin claro de "control absoluto", subraya Cacho. La experta denuncia que este marco legal añade cada día más discriminación y normaliza de forma explícita el daño provocado por el cónyuge, bajo la máxima de que lo que no se ve, sencillamente, no existe.

Pero la libertad no se garantiza ni siquiera presentando el cuerpo lleno de moratones. "Una víctima a la que entrevisté recientemente me contó que cuando fue a comisaría a denunciar, la detuvieron porque estaba sola; sus hermanos tuvieron que intervenir con su marido para que la pudieran liberar", relata Amin.

Además, las afganas también deben sortear cada vez más dificultades para apoyarse en su entorno familiar. La nueva regulación penal prescribe penas de tres meses de prisión para aquellas que visiten de forma regular a parientes sin permiso del esposo y que se nieguen a cumplir una orden judicial de regresar a su domicilio.

Amnistía Internacional contactó con el Gobierno para solicitar una copia del decreto y saber si se ha puesto en práctica, pero "no recibió respuesta", lamentan. No obstante, el canal Amu TV informó el 15 de febrero de la que podría ser la primera aplicación conocida de la regulación, que dio lugar al procesamiento de una persona en la provincia de Badghis.

Olatz Cacho asegura que la situación en el país se ha vuelto "insoportable" y que no se conoce otro rincón en el planeta donde las mujeres sufran un castigo y una exclusión de tal magnitud.

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Desde 2021, la teocracia ha incrementado sus esfuerzos por desmantelar cualquier sistema de protección dirigido a ellas, las ha expulsado del espacio público y ha reforzado su represión a través de las leyes y un Código Penal basado en una estructura jerarquizada en el que las consecuencias jurídicas vienen marcadas por el estatus social.

Los vetos a la educación han paralizado las vidas de millones de niñas en el país. Osman Khayyam Unicef

La demolición de los derechos fundamentales en Afganistán no opera de forma aislada, sino a través de un entramado sistemático de decretos y la persecución policial y jurídica. La mayoría de los edictos emitidos se dirigen especialmente a controlar lo que ellas tienen prohibido hacer, en lo que Cacho define como una auténtica "pesadilla" cotidiana.

Sin escuela ni futuro digno

Esta estrategia de exclusión arranca en la infancia. El primer gran movimiento fue prohibir el acceso a la educación a las niñas a partir de sexto de primaria. El impacto del veto es devastador: además de dejarlas prácticamente analfabetas, las priva de la posibilidad de labrarse un futuro, ser autosuficientes o participar en la vida económica de sus comunidades.

Testimonios recogidos por UNICEF reflejan la desesperación de las familias ante la falta de alternativas. "Después de que cerraran los colegios, algunas de mis amigas se casaron porque no tenían esperanza ni nada con lo que mantenerse ocupadas", relata Fatima, una joven de 17 años que vio truncado su sueño de ser médica.

Fatima llevaba sin ir al colegio desde septiembre de 2021. Recientemente ha empezado un curso de primeros auxilios en un instituto privado porque su madre está enferma. Muzamel Azizi

Sahar, por su parte, cursaba décimo grado cuando se suspendieron las clases. Hoy pasa las jornadas limpiando y seleccionando capullos de rosas de Damasco junto a su madre anciana, un trabajo minucioso por el que reciben apenas 10 afganis (menos de 50 centavos) por kilogramo.

El dolor del agravio comparativo con los varones de la familia —los únicos que hoy pueden tener metas académicas— profundiza la herida. "Ella llora a veces cuando lee sus libros escolares y ve que su hermano menor va a la escuela. Su salud mental no ha sido buena en estos años", confiesa su madre.

La sobrina de Khadija Amin tiene 19 años y se casará en junio porque, como le dijo su hermana, "ella ya no va al colegio. No tengo otra opción para su futuro". Ella, al teléfono, recuerda que le replicó un "debías dejarla crecer, con lo que hemos sufrido mamá, tú y yo". En su voz se nota la preocupación mezclada con el tono frustrado de quien sabe que no es un caso aislado.

A la parálisis formativa se suma la pérdida de la libertad de movimiento. En la actualidad, las afganas no pueden salir a la calle sin la presencia de un mahram, el hombre de la familia encargado de velar por su seguridad y su honor. Tal exigencia bloquea su acceso a necesidades críticas, pues no pueden, por ejemplo, acudir solas a un centro médico.

El panorama laboral es prácticamente inexistente. Los talibanes han vetado la presencia femenina en la casi totalidad de los sectores profesionales, manteniendo únicamente márgenes muy reducidos en la educación primaria y en la sanidad, permitiendo la labor de médicas y enfermeras debido a la propia segregación que imponen.

Cacho también recuerda que la clausura de los centros de belleza borró el último espacio seguro que les quedaba para el apoyo mutuo, la socialización y la interacción comunitaria: "Es incomprensible que una paloma tenga más libertades que ellas, todo en aras de una visión radical y reduccionista de la religión".

"Están aisladas, sin apoyo ni forma de pedir ayuda. Asistimos a un gran genocidio indirecto mientras la comunidad internacional está ahí mirando". Con estas duras palabras, la frustración de Amin refleja el desamparo de un género cuya existencia ha sido despojada de valor humano.

Una joven afgana con un libro de texto. Osman Khayyam

Frente a la justificación talibán de que sus decretos protegen la "cultura afgana", la realidad histórica los contradice. Las imágenes tradicionales del país muestran un pasado rico en expresiones, con mujeres luciendo vestidos tradicionales de vivos colores, una estampa que contrasta con la imposición del luto riguroso y la ocultación forzada actual.

Bruselas convoca al régimen

En este escenario de vulneración sistemática, las miradas se dirigen de forma inevitable hacia la inacción exterior, un debate que se ha encendido a raíz de la reciente e inesperada invitación formal de la Comisión Europea al Gobierno de facto para asistir a una reunión técnica en Bruselas.

El motivo del encuentro, impulsado por la presión de Estados miembros como Alemania y Suecia, es coordinar los canales operativos para ejecutar la repatriación y devolución de ciudadanos afganos que hayan cometido delitos en suelo europeo. La Unión Europea no reconoce al régimen e insiste en que este se centrará en cuestiones técnicas y de seguridad.

Sin embargo, la iniciativa ha desatado una oleada de reproches en el Parlamento Europeo, donde grupos como Los Verdes exigen que "no se cruce esa línea roja", catalogando cualquier cooperación como "un insulto a los millones de mujeres que padecen este apartheid de género", denunció el eurodiputado ecologista Mounir Satouri.

Olatz Cacho tacha de "totalmente lamentable" la postura de la Comisión. Desde la organización recuerdan que pretender deportar a personas a un territorio donde la represión contra las voces disidentes es brutal implica obviar de forma deliberada el derecho internacional vinculante.

En concreto, alude al principio de no devolución (non-refoulement), una garantía recogida en la Convención Sobre el Estatuto de los Refugiados y en otros tratados que prohíbe a los Estados expulsar, deportar o retornar a una persona a un territorio donde su vida, libertad o integridad corran peligro o enfrente riesgos de persecución, tortura o tratos inhumanos.

Si bien Amnistía Internacional no se opone a la existencia de canales de comunicación destinados estrictamente a presionar al régimen para que revierta la discriminación de las mujeres, considera intolerable que el motor de la aproximación política sea únicamente el interés europeo por deshacerse de refugiados y retornarlos a una crisis humanitaria extrema.

Ante el bloqueo diplomático, según Cacho, la única vía de optimismo se vislumbra en pasos como los que ha dado la Corte Penal Internacional al emitir órdenes de arresto contra altos mandos por crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, las posibilidades de ver a estos líderes cumplir sentencias son limitadas pues apenas cruzan las fronteras del país.

Por otra parte, si 2026 ya se perfilaba como un año difícil para las afganas, la guerra en Irán y las hostilidades con Pakistán han recrudecido aún más la situación, obligando a muchos refugiados a volver. La ONU señala que más de la mitad de los retornados son mujeres y niños, y que incluso muchos de ellos "nacieron y crecieron fuera".

La crisis entre Afganistán y Pakistán, un conflicto eclipsado por la guerra de Irán que se ceba con la población civil

Mientras tanto, la vida en el país sigue paralizada por leyes draconianas que también se ceban con los informadores. Amin, obligada a huir de la capital donde trabajaba como presentadora en la televisión nacional, denuncia el reciente arresto de tres periodistas a manos de las autoridades, uno de ellos su excompañero Mansur Niazi, trabajador de la cadena Tolo TV.

Cuando conoció la noticia "se me cayeron las lágrimas", lamenta. Este es sólo un ejemplo de cómo la represión impacta en su entorno y en su propia vida incluso a distancia. Por eso, la activista lanza un reproche a la comunidad internacional: "Es una vergüenza que tras estar 20 años en Afganistán nos abandonaran dejándonos en manos de terroristas".

"Nuestro país está sufriendo una grave crisis humanitaria y sí, se está mandando ayuda pero ¿a quién llega esto? Lo que tienen que hacer es enviarla pero con la condición de que abran las escuelas para las niñas, que dejen a las mujeres trabajar y tener un futuro", añade Amin, quien no oculta su desaprobación ante la futura reunión en Bruselas.

La periodista realiza un llamamiento a la acción y anuncia que el 25 de mayo tendrá lugar una concentración en la Puerta del Sol madrileña donde protestarán con pancartas en recuerdo a afganas recientemente asesinadas. "No queremos que el mundo nos olvide", concluye, y es que el tiempo para la población femenina se agota, desde hace cinco años, a ritmo vertiginoso.

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  3. Violencia de género
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    Fuente original: Leer en El Español
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