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Aitana Sánchez-Gijón: «Nadie se ha atrevido a juzgarme. Y te digo otra cosa, me la pela»

Aitana Sánchez-Gijón: «Nadie se ha atrevido a juzgarme. Y te digo otra cosa, me la pela»
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La actriz reflexiona sobre la maternidad y los roles tradicionales a las puertas de su llegada al Teatro del Soho con 'Malquerida'
Aitana Sánchez-Gijón: «Nadie se ha atrevido a juzgarme. Y te digo otra cosa, me la pela»

La actriz reflexiona sobre la maternidad y los roles tradicionales a las puertas de su llegada al Teatro del Soho con 'Malquerida'

Regala esta noticia Añádenos en Google Aitana Sánchez-Gijón actuará tres días en el teatro de Antonio Banderas, del 19 al 21 de junio. (Antonio Rubial)

Regina Sotorrío

16/06/2026 a las 00:25h.

Durante la entrevista llaman a la puerta. «Disculpa, era mi vecina para decirme que se ha pasado con el vinagre del salmorejo». Y una conversación ... seria sobre los claroscuros de la condición humana deriva por unos instantes en una carcajada a ambos lados del teléfono y en una reflexión sobre los ingredientes de ese plato andaluz. «Alegrías cotidianas» que la conectan a tierra y la «salvan» de la tragedia en la que se sumerge cada vez que sube al escenario. Aitana Sánchez-Gijón protagoniza 'Malquerida', la adaptación de Natalia Menéndez y Juan Carlos Rubio del clásico de Jacinto Benavente, un texto que además acaba de ser publicado por la editorial malagueña El Toro Celeste. Ahora ella es Raimunda, la madre sufridora, pero hace muchos años fue Acacia, la hija cuya belleza desata el drama. Una evolución natural que invita a reflexionar sobre el cambio de roles, la maternidad y los juicios de los demás antes de su llegada al Teatro del Soho CaixaBank (del 19 al 21 de junio).

-Sí, son clásicos precisamente por esa razón, porque nos siguen interpelando y nos siguen poniendo delante el espejo de la condición humana. En este caso aborda esas pasiones subterráneas e incontrolables que a veces pueden hacer tanto daño. Si no hay civilización, si no hay límites o una manera de contener ciertas pasiones oscuras, podemos acabar dañando mucho a las personas que tenemos al lado.

-Ahora es Raimunda, pero antes fue Acacia. Es una transición natural, pero indiscutiblemente habla del paso del tiempo y de los cambios de roles. ¿Cómo lo ha gestionado?

-Como un cierre del círculo mágico. Cuando yo hice de Acacia, con 19 años, estrenamos en el Teatro Español. Y treinta y ocho años después volvimos a estrenarla en el Español, en este caso con el personaje de Raimunda. Esta madre y esta hija tienen un vínculo: las dos son malqueridas, las dos se malquieren y las malquieren. Tengo muy presente la voz de Ana Marzoa, su emoción y su desgarro, porque yo lo veía en primera línea; la tengo muy integrada dentro de mí y es una inspiración enorme cada día.

«Mi vocación ha sido tan importante como mi maternidad»

-¿Siente que hoy comprende mejor a los personajes femeninos en toda su complejidad?

-Sí, la verdad es que el paso del tiempo y la propia experiencia te hacen entender más profundamente los claroscuros de la condición humana. Con Raimunda, que es la heroína de la función, también ocurre eso. Tiene una parte muy oscura. Malquiere a su hija, le estorba y se la quiere quitar de en medio. Hay algo que a mí me interesa mucho en ese tipo de maternidades que tienen esos lados oscuros. Creo, precisamente, que somos seres imperfectos y que a las mujeres se nos ha intentado colocar siempre en ese pedestal de madres perfectas, intentando identificarnos con esa imagen de la Virgen María; como si todas, como madres, debiéramos ser así, cuando no hay nada más alejado de la realidad. Está muy bien palpar esa humanidad.

-¿Usted ha logrado sacudirse de esos roles tradicionales sin sentir culpa? Es una madre trabajadora que, inevitablemente, ha tenido que estar ausente.

-Por supuesto, pero la ausencia no tiene por qué ser una imperfección. Si la vives pensando que por ir a trabajar estás ausente, te equivocas; se puede estar presente de mil maneras. Cuando estoy, estoy. Claro que he tenido que hacer malabares y jornadas extenuantes para estar mucho más presente de lo que a veces podía, pero he seguido adelante con mi vocación y con el sostén de mi familia, sabiendo que es lo que tenía que hacer y que es lo que quería hacer también. Para mí la maternidad ha sido fundamental, pero también lo ha sido mi trabajo siempre, a la par. A los hombres nunca se les pregunta cuál es su prioridad ni si tuvieron conflictos con sus paternidades. En mi caso, te puedo decir con la cabeza bien alta que mi vocación ha sido tan importante como mi maternidad.

-¿Y no se ha sentido juzgada por eso? A las mujeres se nos juzga de manera diferente que a un hombre en las mismas circunstancias.

-Nadie se ha atrevido a juzgarme; desde luego no he recibido ningún tipo de reproche. Y es que además, te digo otra cosa, me la pela. Me da igual (ríe). Creo que tenemos que estar un poquito ya por encima de este tipo de juicios tan obsoletos, antiguos y arcaicos. Cualquiera debería sentirse libre de esos juicios.

«En estos 40 años de carrera he pasado por todo, también alguna apretura económica»

-Cierto, pero la culpa la seguimos arrastrando.

-Sí, porque es algo que tenemos metido en el código genético, pero hay que rebelarse contra eso y actuar a pesar de la culpa. Hay que obrar a pesar de ella porque sabemos qué es lo que queremos hacer. Yo, por lo menos, sé lo que quiero hacer.

-Hablando de madre e hija. En el último Festival de Málaga conocimos a su hija Bruna con la película 'Pioneras'. Sabiendo lo difícil que es, ¿le preocupa que haya optado por este camino?

-A mí me enorgullece que tenga esta vocación, porque para mí no hay oficio más hermoso en el planeta. Me siento muy reflejada en ella cuando empecé: la ilusión que me hacían mis primeros proyectos, el mismo vértigo, la misma incertidumbre, pero sobre todo esa determinación y esa vocación tan absoluta que ella tiene. Eso me emociona mucho. Pero por supuesto que me preocupa, claro que sí, porque ambas sabemos que solamente un porcentaje muy pequeño puede vivir exclusivamente de esta profesión. Yo formo parte de ese privilegiado 3%. Bruna sabe que es un camino muy difícil e irregular, que depende de la mirada del otro constantemente y que tu autoestima está en juego; y no solo tu autoestima, sino tu economía y tu capacidad para ganarte la vida. Ella es consciente de eso y, a pesar de todo, apuesta por labrarse un camino.

-¿Siente aún que en este oficio no se puede dar nada por sentado?

-No lo puedes dar por sentado nunca. A lo largo del camino hay momentos en los que no sabes por qué el teléfono suena menos, o te empiezan a pasar cosas que no te interesan, o no tienes tanta capacidad de elección. En estos 40 años de carrera he pasado por todo tipo de momentos. He pasado también alguna apretura económica, nada que me forzara a buscarme las habichuelas en otro lado, pero he tenido mis momentos también.

-¿Hay algo que aún le dé vértigo?

-Me da vértigo el público. Es como salir sin red a contar una historia, encarnar a un personaje delante de cientos de ojos que te están mirando y que quieren hacer el viaje contigo. Aparece esa sensación de no poder defraudarlos, de tener que estar a la altura.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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