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La agricultura en España lleva dos años encadenando pérdidas económicas. Eva Parey Al campo ya no le salen las cuentasAgricultura ·
Costes disparados, desigualdad en las ayudas y falta de relevo generacional ponen contra las cuerdas a un sector clave que deja de ser rentableDomingo, 5 de abril 2026, 00:21
... y los agricultores repiten un gesto que lleva décadas sosteniendo una parte esencial del país: producir alimentos.«Cada vez es menos rentable ser agricultor o ganadero», resume Juan José Álvarez, secretario de Organización de Asaja. Lo que antes eran años malos se ha ido convirtiendo en un desgaste más estable: costes al alza, precios que no acompañan y márgenes cada vez más estrechos.
Ahí está el problema. En los números. En los últimos años, el gasóleo agrícola o los fertilizantes han llegado a encarecerse entre un 40% y un 45%, mientras los precios en origen apenas se han movido. La cuenta no sale. Muchas explotaciones siguen adelante en condiciones límite, algunas incluso vendiendo por debajo de sus propios costes. «Así no se puede seguir», insiste Álvarez.
A esa presión se ha sumado en las últimas semanas otro golpe derivado de la escalada bélica en Oriente Medio: el combustible. La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) denuncia que la subida del gasóleo agrícola responde en parte a movimientos especulativos. «Las seis principales petroleras han ganado 217.000 millones de euros desde que comenzó la guerra. Es indignante», sostienen. Más allá del dato, en el campo preocupa que el gasóleo B haya subido más que el de uso general.
En los últimos años el precio del gasóleo y de los fertilizantes se ha disparado un 45%
Para UPA, esto agrava una situación ya muy delicada. El campo depende de insumos como el combustible o los fertilizantes, y cada subida acaba cayendo en el mismo sitio: el productor. Los afectados reclaman medidas urgentes para evitar que el sistema se desequilibre aún más.
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Óscar Chamorro Mientras tanto, el modelo agrario también cambia. Las grandes explotaciones resisten mejor, mientras que las pequeñas y medianas, que siguen siendo mayoría, tienen más dificultades para absorber los golpes. Y hay un problema que lo atraviesa todo: la edad. El campo envejece. Casi cuatro de cada diez agricultores tienen más de 50 años. «No hay relevo», resume Álvarez.
El límite de la resistencia
Durante la pandemia, el campo no se detuvo. Siguió produciendo cuando casi todo lo demás paraba. Pero ese reconocimiento no ha cambiado demasiado las cosas.
Los acuerdos internacionales como Mercosur despiertan inquietud en el campo
Las organizaciones agrarias reclaman medidas concretas: desde una aplicación más estricta de la Ley de la Cadena Alimentaria hasta cambios fiscales que alivien costes. En el fondo, piden algo básico: poder vivir de su trabajo.
España es una potencia agroalimentaria, sí. Y en paralelo, el campo cumple una función que no admite alternativas: alimentar. «Estamos hablando de las cosas de comer. Con eso no se juega», advierte Álvarez. Y, aun así, cada mañana los tractores vuelven a arrancar.
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