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«Al llegar a una sala me dijeron: 'La novia del artista puede estar en el camerino'»

«Al llegar a una sala me dijeron: 'La novia del artista puede estar en el camerino'»
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María Pellicer. Mánager de El Kanka y presidenta de la Unión Fonográfica Independiente

La Granizada

«Al llegar a una sala me dijeron: 'La novia del artista puede estar en el camerino'»

María Pellicer. Mánager de El Kanka y presidenta de la Unión Fonográfica Independiente

Regala esta noticia Añádenos en Google María Pellicer, con Maripili, el peluche de oso panda convertido en símbolo de la gira de El Kanka. (Ñito Salas)

Regina Sotorrío

23/08/2026 a las 23:53h.

María Pellicer no viene sola a esta entrevista. Le acompaña Maripili, un peluche de oso panda al que le gustan las cámaras y que tiene ... hasta su propia cuenta de Instagram. Lo que empezó como una broma con El Kanka, que siempre ha sentido simpatía por ese animal, ha terminado convirtiéndose en el símbolo de la gira. Ahora les regalan 'maripilis' en todos los eventos y hasta sus fans se visten de osos. Mánager de El Kanka desde hace quince años, ella está detrás del éxito del cantautor malagueño. La malagueña, criada en Valencia, ha sabido gestionar su carrera con cercanía y sentido común, demostrando que para representar a un artista se puede ser más panda que bulldog. Reivindicativa y comprometida con la profesión, acaba de ser reelegida presidenta de la Unión Fonográfica Independiente (UFi).

-Más bien prevenirlos o incluso solucionarlos antes de que pasen. Pensar en el futuro. De hecho, es muy probable que me equivoque a la hora de escribir la fecha y ponga 2027. Para mí 2026 ya está hecho, ya sé lo que va a pasar, como Aramis Fuster (ríe).

-¿Se ha visto en alguna situación surrealista que haya arreglado cinco minutos antes de un concierto?

-Sí. Ahora es muy habitual que los promotores, sin preguntarte, monten una zona VIP con entradas más caras o para meter influencers. El proyecto de El Kanka es muy cercano, así que no entramos en estas acciones y por eso lo ponemos por contrato para evitar líos. Y pasó. Cuando llegué a la prueba de sonido se veía clarísimamente. Pregunté: «¿Esto es una zona VIP?». Me respondieron que sí y les dije, «pues la tenéis que desmontar». La quitaron diez minutos antes de la apertura de puertas.

-Hay que ser firmes.

-Sí, por la profesión. Esto no es ocio. Es una industria y es con lo que pagamos nuestros alquileres, las nóminas, los impuestos... Si yo he firmado un 'rider' con las necesidades técnicas y no me tienes la mesa de sonido que he pedido para que el concierto suene bien, no debería hacer el concierto. Y en la vorágine del día a día no se entiende. Al final queda como «este artista no ha querido salir porque no les pones su mesita». No, es que mi técnico de sonido me exige esa mesa porque es su herramienta de trabajo, hay que respetarlo.

-Hace un año Nuria Fergó canceló un concierto por deficiencias en el equipo de sonido, y se le echó encima mucha gente.

-Eso pasa porque en este país todavía no hemos conseguido que la música se conciba como una industria. Y es responsabilidad de la propia industria. Seguimos consintiendo ciertos maltratos, como que en pleno agosto un equipo tenga que ir a montar su escenario a las tres de la tarde. Eso no debería estar permitido porque por ley no se pueden hacer trabajos físicos en esa franja horaria.

«En los conciertos de El Kanka ponemos por contrato que no puede haber una zona VIP»

-Y luego están los conciertos en los festivales a las cinco de la tarde con el sol de frente.

-Estas son las «oportunidades venenosas», como les llamo yo: «Tal festival le está dando esta oportunidad a este artista pequeño...». ¿Le está dando la oportunidad al artista pequeño o es una oportunidad para abrir antes las puertas y que empiece el consumo en barra?

-Tengo entendido que rechazó una de esas «oportunidades venenosas» para El Kanka.

-El Viña Rock, hace años. Desde el minuto uno que conocí a El Kanka me mencionaba la ilusión que le hacía tocar en el Viña Rock, pero en ese momento era inviable que un cantautor hiciese ese festival. Pasados unos años de estar trabajando juntos me llamaron y me ofrecieron la fiesta de presentación el miércoles. El escenario estaba en el techo de un autobús y en el Viña Rock siempre llueve. Me imaginaba lloviendo, todo lleno de barro, sin haber llegado la gente al festival, con un equipo de sonido horrible y con un cantautor para el que lo más importante de su proyecto es que se entienda la letra. Y no lo hicimos.

-Y al final se demostró que era la decisión correcta.

-Eso pasó por lo menos tres años. Al tercero le dije al del Viña Rock, «deja de llamarme para esto, porque te voy a decir siempre que no». Ese mismo año me volvieron a llamar y me dijeron que se había caído otro artista del cartel del sábado y nos ofrecían su hueco en el escenario principal a las siete de la tarde. Desde entonces hemos hecho casi todos los festivales de este país. El Kanka abrió la puerta a que los cantautores empezaran a formar parte de esos carteles y nos sentimos muy orgullosos de eso.

-Cuando habla de dignificar el trabajo le sale la vena de presidenta de la UFi.

-Sí (risas). Mi padre me decía que tendría que haberme dedicado a la política. Todos en cualquier ámbito tenemos nuestras obligaciones, pero también nuestros derechos. Cuando surgió la posibilidad de presentarme a la presidencia, me lo pensé mucho porque siempre voy a tope de trabajo y tenía claro que no quería ser una presidenta florero. Me conozco y no va conmigo ser tibia ni ponerme de perfil. Tenemos que luchar por visibilizar más a la industria independiente. No somos los pobres de la industria, hay artistas independientes llenando estadios o haciendo Latinoamérica a la misma altura que los mainstream.

-Es presidenta y mánager en una industria de hombres. ¿Le costó que la tomaran en serio al principio?

-Me sigue costando, aunque cada vez menos. Te cuento una anécdota que me pasó hace unos diez años en Valencia. En ese momento no tenía equipo y yo lo hacía todo: alquilaba la furgoneta, recogía a El Kanka y a los músicos, cargaba y descargaba la furgoneta con los instrumentos y el merchandising, ayudaba a montar el escenario, revisaba que el técnico de sonido hubiese recibido el 'rider'... Llegamos a Valencia y me voy a presentar al encargado de la sala. Digo «hola» y, antes de decir quién soy, dice: «La novia del artista puede estar en el camerino». Y le dije: «Vamos a hacer una cosa. Me voy a ir y voy a dar dos vueltas a la manzana para respirar. Cuando vuelva vamos a empezar, y depende de cómo empieces, quizá ésta cancela el concierto o no».

.¿Cuánto hay de psicología en una buena mánager?

-Todo. Llevo ocho años haciendo terapia como paciente. Entendí lo que dicen en los aviones: si pasa algo, bajará una mascarilla, te la pones tú primero y luego ayudas al de al lado. Al principio me indignaba, pero en pandemia entendí la movida. Todos los días recibía llamadas de algunos de los artistas con los que trabajaba preguntándome: «¿Tú crees que volveremos a hacer conciertos? ¿Crees que sobreviviremos?». Yo les decía: «Claro, sí, sí», y al colgar lloraba. O alguien tira del carro o nos hundimos todos. Este trabajo es muy loco, es muy difícil de entender. ¿A qué profesional le dan un aplauso por no hacer nada? A nadie. Sin embargo a un artista, nada más salir al escenario, ya le están dando un aplauso.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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