La caída del que hasta el martes era el hombre más poderoso de la Policía Nacional fue urgente, directa y también corre el riesgo de resultar infecciosa. Grupos de WhatsApp de mandos del Cuerpo ya anticipan que la salida por la puerta de atrás de José Ángel González, a quien Fernando Grande-Marlaska perpetuó en el cargo por su confianza ciega en él, será la antesala de otras situaciones similares con él como protagonista así como con otros agentes de la cúpula. "Ahora van a airear toda la mierda", escribe uno de los agentes que forman parte de este chat, consultado por este periódico.
Al margen de advertencias de lo que puede venir, en los grupos de mandos de la Policía Nacional hay inquietud tanto por la presunta violación que una inspectora recién ascendida atribuye al ya ex director adjunto operativo (DAO) -ambos tuvieron una relación sentimental en el pasado- como por otros asuntos que podrían saltar al escaparate público. "Podemos hablar de comportamientos inmorales, abuso de autoridad o prevalencia de poder con las subordinadas", informa uno de los mandos.
Según se desliza en estos grupos, este tipo de actitudes se podrían hacer extensibles a los escalones más altos del Cuerpo. De hecho, tres mujeres policías en activo han contactado con el abogado de la víctima de la presunta agresión sexual para exponerle sus vivencias. Las agentes, tal como explica Jorge Piedrafita, le han trasladado "situaciones de acoso por parte de miembros de la cúpula que van desde comisarios hasta jefes superiores pasando por altos mandos de la Policía Nacional". En este momento, el letrado estudia estas situaciones para comprobar si tienen la estructura necesaria para presentarse en el juzgado como sucedió en el caso de la presunta víctima del DAO.
En la Policía Nacional hay quorum entre las agentes de que el protocolo de acoso no funciona cuando se trata de mandos o de altos mandos. No confían en los mecanismos internos porque, aseguran, las aíslan cuando ponen en conocimiento de los organismos competentes los casos de acoso laboral o sexual de los que son víctimas.
"Hay mucho miedo y, generalmente, la víctima acaba de baja psicológica", concluyen con unanimidad agentes de todos los niveles consultadas por este periódico. Por este motivo, la querella de la inspectora contra el DAO se llevó fuera de los circuitos policiales ante el "temor" de que pudiera desactivarse. La propia ministra de Defensa, Margarita Robles, se pronunció el pasado viernes sobre este particular. Pidió revisar los protocolos que la Administración Pública tiene en este ámbito para que las mujeres se animen a denunciar y criticó con dureza a José Ángel González. Calificó su comportamiento como "rechazable" e insistió en que le "avergüenza", le "conmociona" y "siente un profundo dolor". "Me parece tan sorprendente que todavía puedan ocurrir estos comportamientos en el ámbito de la Administración Pública", agregó.
En la línea de las reticencias a elevar a la Policía comportamientos de acoso por parte de los mandos, el letrado Piedrafita resalta "la importancia" de que las tres agentes se hayan puesto en contacto con él y hayan "saltado" el protocolo interno. "Denunciar es lo único que puede acabar con la impunidad del abuso de poder, que debe ser erradicada en la Policía Nacional o cualquier otro cuerpo policial", indica. El abogado, según señala, espera recibir más solicitudes.
El pasado 9 de enero, la presunta víctima del DAO presentó la querella que ha admitido el juez de Violencia Sobre la Mujer número 8 de Madrid. La denuncia por agresión sexual incluye un audio explícito del momento de la violación que se produjo el 23 de abril de 2025, según el escrito, en un piso de Madrid. Asegura que González la obligó a abandonar su puesto de trabajo -después de la presunta violación y tras su ascenso a inspectora, la Policía le dio una plaza en el mismo edificio en el que está el despacho del DAO- y en un piso de Madrid la obligó a masturbarle y le introdujo los dedos en la vagina.
Tras hacerse público el pasado martes este episodio -que forzó el cese fulminante de González- trascendió lo que la Policía conocía de puertas para adentro. Mandos consultados por este periódico le atribuyeron facilidad para establecer relaciones desiguales con sus subordinadas. Una "realidad" que quedó recogida en la frase que ilustra la vida laboral de José Ángel González tanto antes de ser el máximo mando uniformado de la Policía como ya investido DAO. "A Jota le costaba subirse la bragueta", desvelaron. Sus excesos eran un clamor en la Policía Nacional.
Las mismas fuentes relataron que, cuando estaba al frente de la Jefatura Superior de la Policía de Valladolid, usó su influencia para "perjudicar" a una agente que quería ascender a comisaria -hoy ya lo es- porque "tenía mala relación con la policía con la que en ese momento mantenía una relación sentimental".
La denunciante, que está citada el próximo 17 de marzo en el juzgado, apunta en su querella a la supuesta comisión de delitos de agresión sexual, coacciones, lesiones psíquicas y malversaciones de caudales públicos con la agravante de abuso de superioridad.