En 1955, poco antes de fallecer, el científico alemán dio uno de sus mayores consejos sobre el sentido de la vida
1 comentarioFacebookTwitterFlipboardE-mail 2026-06-09T13:30:17ZCarlos Prego
Editor - MagnetCarlos Prego
Editor - Magnet Linkedintwitter3280 publicaciones de Carlos PregoEn la historia de la humanidad (y no es corta ) pocas personas han alcanzado un nivel de reconocimiento, prestigio y admiración comparable al de Albert Einstein. Su apellido de hecho se ha convertido en sinónimo universal de brillantez. Cuando uno destaca por su intelecto lo llamamos "Einstein", igual que nos referimos a las mentes agudas como "Sherlocks" o a la gente más atractiva como "Apolos".
Sin embargo, a pesar de esa fama universal, el físico alemán tenía una visión muy clara sobre qué debe perseguir un hombre en su vida si quiere sentirse realizado. Para él el secreto de la felicidad no está tanto en el "éxito", el dinero y los aplausos como en convertirse en una persona "de valor".
Remontándonos a 1955
El mundo se despidió de Albert Einstein el 18 de abril de 1955, cuando un aneurisma acabó con su vida en Princeton, EEUU. Tenía 76 años recién cumplidos, un premio Nobel de Física y el reconocimiento unánime por haber revolucionado nuestra comprensión del universo con sus teorías.
Poco antes de fallecer la casualidad quiso que Einstein recibiese en su casa de Nueva Jersey la visita de un peculiar grupo de personas interesadas en charlar con él de algo bastante distinto a las teorías de la relatividad o la curvatura de la luz. De lo que sus invitados querían hablar era del sentido de la vida.
La comitiva en cuestión la componían William Hermanns, poeta y amigo personal de Einstein; el editor de Life Magazine, William Miller, y el hijo de este último, 'Pat', un joven que empezaba sus estudios universitarios en Harvard.
Como explicaría más tarde en el artículo que Miller escribió sobre aquel encuentro, Pat era un admirador del físico alemán y un apasionado de las ciencias, pero desde hacía tiempo estaba "atrapado en una especie de nihilismo filosófico" que amenazaba con arruinar su carrera.
"Se preguntaba qué sentido tenía el esfuerzo humano si el universo se estaba muriendo", relata Miller en su crónica, publicada en mayo de 1955.
El objetivo del editor de Life parece que no era tanto conseguir declaraciones explosivas de Einstein para un reportaje (de hecho, el mismo Miller reconoce que se plantaron en su casa sin avisar) como ofrecer algo de "inspiración" a su hijo.
La idea no debió de desagradar a Einstein, que durante los minutos siguientes se dedicó a charlar con el grupo sobre cuestiones tan diversas como ciencia, religión o política, aunque la conversación derivó poco a poco hacia la filosofía.
⌛️ SORTEO ACTIVO EN XATAKA XTRA Esta Nintendo Switch 2 podría ser tuya Suscríbete por solo 2€/mes hasta el 19 de junio y entra en el sorteo— ¿Nos da la experiencia la verdad? —preguntó Pat a Einstein.
— Es una pregunta difícil —reconoció el Premio Nobel—. Uno siempre está viendo cosas sin estar seguro de si realmente las ve. La verdad es un concepto verbal que no puede someterse a prueba matemática.
A medida que el debate se adentraba en cuestiones epistemológicas, Miller aprovechó para deslizar lo que consideraba "el dilema filosófico" que arrastraba su hijo: "No encuentra ninguna razón para esforzarse por lograr algo".
— ¿Acaso la cuestión de la ondulación de la luz no despierta tu curiosidad? —le replicó Einstein.
— Pues sí. Supongo que sí —se justificó Pat.
— Entonces no dejes de pensar en las razones de lo que haces, sobre por qué preguntas lo que preguntas. Lo importante es no dejar nunca de hacerse preguntas. La curiosidad tiene su propia razón de ser. Uno no puede evitar asombrarse al contemplar los misterios de la eternidad, de la vida, la maravillosa estructura de la realidad. Basta con intentar entender un poco de ese misterio cada día. Nunca pierdas la santa curiosidad.
En ese punto, Einstein dió a Pat una de sus lecciones más valiosas.
— No intentes convertirte en un hombre de éxito, sino más bien en un hombre de valor. En nuestros días se considera exitoso a quien saca más de la vida de lo que aporta; pero un hombre de valor da más de lo que recibe.
Antes de despedirse el físico regaló aún un último consejo a Pat:
— No dejes de maravillarte.
Si bien Einstein dejó reflexiones profundas a lo largo de toda su vida, aquella invitación a priorizar el "valor" por encima del "éxito" se ha convertido en una de sus máximas más populares. Quizás la mayor de todas. Y tiene sentido.
La ciencia ha alertado ya de los riesgos que tiene para nuestra salud (tanto la emocional como la física) la búsqueda de la aprobación ajena o de lo importantes que resultan para el bienestar cuestiones como la socialización o la generosidad.
Imágenes | Wikipedia
Vía | Pure People
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