Fue anunciado por Renfe como «la mayor adjudicación de trenes de Cercanías en la historia de la compañía». El plan de renovación de la flota de los Cercanías, por el que el operador ferroviario prevé este año la puesta en marcha de las primeras unidades tras las adjudicaciones de los principales contratos entre 2020 y 2023, contempla una inversión total de 3.500 millones de euros. Y el que fue conocido en el sector como el megacontrato lo adjudicó Renfe en 2021 por 2.445 millones de euros. Cinco años después, Víctor de Aldama extiende sobre él la sombra de la sospecha.
El empresario lo ha hecho ante el Tribunal Supremo durante su declaración como acusado en el llamado caso mascarillas, en el que tanto él como el ex ministro José Luis Ábalos y quien fuera su mano derecha, Koldo García, están siendo juzgados por el supuesto cobro de comisiones ilegales en la venta de material sanitario durante la pandemia. Para apuntar a una posible financiación ilegal del PSOE, el empresario puso como ejemplo el contrato de Renfe que se llevaron Alstom y Stadler.
De hecho, el comisionista señaló en concreto a esta última empresa suiza con fábrica en Albuixech (Valencia), supuestamente recomendada por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El megacontrato lo conoció Aldama por boca de Isabel Pardo de Vera, quien en realidad era presidenta de Adif cuando se licitó el contrato de Renfe. «Isabel me dijo que hay un contrato muy gordo y que nos interesemos por él. Y lo de siempre, hay que financiar al partido», declaró Aldama en el Supremo.
A partir de ahí, según la versión del empresario, participó en varias reuniones con el entonces asesor de Ábalos y el presidente de Stadler Rail Valencia, al que mencionó expresamente: «Yo voy cuatro o cinco veces con Koldo a ver al presidente, Íñigo Parra». «Al final no quería ni vernos», matizó Aldama sobre el directivo de Stadler, aunque insinuando el pago de comisiones.
Fuentes de la compañía de fabricación de trenes, que en realidad se hizo con el lote más pequeño del megacontrato, han desmentido en declaraciones a este diario las «insinuaciones» de Aldama. «Stadler nunca ha pagado comisiones a cambio de contratos y negamos haberlas pagado por este contrato», insisten fuentes oficiales.
Lo cierto es que Stadler compró a finales de 2015 la fabricante valenciana de locomotoras Vossloh para reforzar y acelerar su entrada en el mercado español, en un momento en que el sector daba por hecho que el país tendría que acometer grandes inversiones en los trenes de media distancia tras años de apuesta casi en exclusiva por la alta velocidad. Y, de hecho, aunque la pandemia obligó a paralizar el proceso, en 2019 Renfe aprobó la licitación del megacontrato.
Un mes después de su publicación en el BOE, Parra avanzó a los medios durante la presentación de una nueva locomotora que Stadler estaba ya en condiciones de presentarse a todos los concursos anunciados por Renfe para la renovación y ampliación de su flota. «Nuestra experiencia nos permitirá posicionarnos bien», auguró el directivo. Dos años después, Alstom y Stadler se alzaron con el premio para fabricar 211 trenes por 2.445 millones, tras ser descalificadas CAF y Talgo por problemas en la oferta técnica.
Aun así, la francesa Alstom fue la que se hizo con el lote más grande, para producir 152 trenes por 1.447 millones. Stadler, por su parte, se aseguró con aquella primera adjudicación la producción de 59 trenes por 998 millones. En total, con la compañía suiza Renfe ha acabado contratando por 1.306 millones 79 unidades, las primeras de las cuales entrarán en funcionamiento a finales de verano, según anunció el ministro de Transportes, Óscar Puente.