- JOE DANIELS
Estados Unidos ha recurrido a una astuta y polémica figura de los círculos de poder para que le ayude a explotar las reservas petrolíferas del país.
Hasta mayo de este año, el empresario venezolano Alejandro Betancourt tenía prohibida la salida de Reino Unido por motivos legales, mientras lidiaba con una solicitud de extradición de Suiza en el marco de una investigación por posible blanqueo de capitales.
Poco más de tres meses después, Betancourt es socio comercial del Gobierno estadounidense en un acuerdo sumamente inusual con el que Washington espera reactivar la atribulada industria petrolera venezolana.
Junto con la Administración Trump, la empresa de Betancourt, North American Blue Energy Partners (NABEP), la segunda mayor petrolera privada de Venezuela, va a asumir el control de lo que Estados Unidos afirma que son más de 65.000 millones de barriles de las reservas del país. Con su estilo inconfundible, Trump lo describió como "el mayor acuerdo petrolero de la historia".
El drástico cambio en la fortuna de Betancourt subraya la vertiginosa naturaleza de la relación que Estados Unidos ha desarrollado con Venezuela desde la operación de enero en la que capturó al expresidente Nicolás Maduro, quien ahora espera juicio en Nueva York por cargos de narcotráfico, los cuales niega.
Aunque Washington consideraba desde hace tiempo a Maduro un dictador socialista corrupto que había destruido la industria petrolera del país, la Administración Trump trabaja estrechamente ahora con su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, para reactivar la economía.
Dentro de Venezuela, Betancourt es a un mismo tiempo admirado por su competencia y despreciado como un oportunista cínico. Según una fuente venezolana del sector petrolero con conocimiento del acuerdo: "Delcy Rodríguez y el Gobierno estadounidense ven en él a un tipo que ha resuelto problemas de capital y logística una y otra vez".
Thor Halvorssen, el activista venezolano crítico con Betancourt y que dirige Human Rights Foundation, con sede en Estados Unidos, es menos halagador. "Es un cretino de los que sólo aparecen una vez por generación", afirma Halvorssen.
Dentro de Venezuela, Betancourt, de 46 años, es conocido como un bolichico, término que designa a la clase de empresarios con conexiones políticas que amasaron una fortuna descomunal después de que el difunto Hugo Chávez lanzase la llamada "Revolución Bolivariana" en 1999, incluso mientras empresas privadas como ExxonMobil y ConocoPhillips perdían activos en expropiaciones.
"Es un operador hábil y sin escrúpulos", afirma el periodista venezolano César Batiz, quien ha investigado a Betancourt. "Ha generado opiniones encontradas casi en todo, incluso dentro de su propia familia, y en ocasiones dentro del Gobierno, a medida que él y otros bolichicos ganaban poder".
Nacido en el seno de una familia adinerada, entre los ancestros de Betancourt figuran un expresidente y el desarrollador de la vacuna contra la lepra. Estudió en el prestigioso Colegio Cumbres de Caracas, alma mater de varios bolichicos, antes de trasladarse a Boston para estudiar economía y administración de empresas en la Universidad de Suffolk.
Betancourt amasó su fortuna en el sector eléctrico venezolano. Una de sus empresas, Derwick Associates, obtuvo contratos gubernamentales sin licitación entre 2009 y 2011 para construir centrales eléctricas tras una sequía que paralizó las presas hidroeléctricas que abastecen de energía a la mayor parte del país.
Derwick fue acusada por la organización anticorrupción Transparencia Venezuela y por una comisión parlamentaria liderada por la oposición en 2017 de inflar los precios de los componentes, y análisis separados revelaron sobreprecios del 138% y del 173% en sus contratos para centrales eléctricas. Ninguna de las investigaciones derivó en cargos formales y Derwick negó cualquier irregularidad, afirmando que "se ajustaba a los precios internacionales".
"La gente sigue sufriendo apagones en Venezuela y estos individuos se enriquecieron a costa de ellos", denuncia José Aguilar, consultor energético venezolano y asesor de la oposición, quien ha investigado los primeros negocios de Betancourt en el sector eléctrico.
Cuando los apagones sumieron a Venezuela en la oscuridad en marzo de 2019, los críticos llamaron la atención sobre la mansión de Betancourt en el frondoso barrio Country Club de Caracas, donde las luces permanecían encendidas. Los filtros de la piscina y seis unidades de aire acondicionado zumbaban y una cerca eléctrica crepitaba sobre los muros.
"Era como un espectáculo de Las Vegas esperando a Elvis", comentó un vecino por entonces. "Todo el país se había ido al garete, pero este lugar seguía iluminado".
Esa reputación ha perseguido a Betancourt en el extranjero, especialmente a España, donde es el propietario mayoritario de la marca de gafas de sol Hawkers. Allí, manifestantes de la diáspora venezolana han organizado protestas en los últimos años frente a las tiendas en Madrid, acusando a los clientes de financiar la dictadura de Caracas.
Sus empresas también han afrontado investigaciones en España y Suiza por acusaciones de malversación de fondos y fraude cambiario, aunque sus abogados han negado reiteradamente cualquier irregularidad y han sostenido que su fortuna es legítima.
Después de que Betancourt se mudase a Reino Unido a principios de esta década, la fiscalía suiza solicitó su extradición en 2025 en el marco de una investigación por presunto blanqueo de capitales. Durante varios meses se le prohibió salir de Reino Unido, y en documentos judiciales declaró dos direcciones multimillonarias: una en Chelsea y otra en las afueras de los Cotswolds. En mayo, Suiza retiró la solicitud de extradición.
Según una información de The Washington Post, altos funcionarios estadounidenses, entre ellos la entonces fiscal general Pam Bondi y su entonces adjunto Todd Blanche, se comunicaron con la fiscalía suiza a principios de este año en relación con la investigación sobre Betancourt.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos no respondió a la solicitud de comentarios. La fiscalía de Zúrich declaró que la solicitud de extradición se había retirado debido a "aspectos específicos" de la legislación británica. Añadió que "el proceso penal contra el acusado no se ve afectado y continuará".
"El Sr. Betancourt nunca ha sido acusado de ningún delito en ninguna jurisdicción", afirmó la asesora jurídica general de NABEP, Sara Chouraqui, en un comunicado. "Está comprometido con el servicio al pueblo venezolano, impulsando la revitalización económica del país y, cuando resulta útil y apropiado, actuando como intermediario entre su Gobierno y Estados Unidos".
NABEP, con sede en Barbados, anunció el nombramiento de Chouraqui como asesora jurídica general la semana pasada. Anteriormente, dirigió la división de fraude, soborno y corrupción de la Oficina de Fraudes Graves de Reino Unido.
Quienes conocen a Betancourt afirman que es un operador astuto en el despiadado sector petrolero venezolano, donde la línea entre la política y lo negocios suele ser difusa o inexistente. Se expandió a la industria petrolera en 2011, cerrando un acuerdo para obtener una posición en la empresa conjunta Petrozamora, vinculada a la petrolera estatal PDVSA.
"Es muy arrogante, pero también un buen operador petrolero que conoce a fondo los entresijos del negocio", afirma un empresario que conoce a Betancourt desde hace décadas. "Cuando las grandes petroleras acuden a PDVSA, es él quien negocia en nombre de PDVSA".
Betancourt fue expulsado de Petrozamora en 2022 durante una disputa con el exministro de Hidrocarburos Tareck El Aissami, pero recuperó el control de la empresa en 2024, poco después de que El Aissami fuera arrestado en el marco de una investigación por presunta corrupción en PDVSA. La producción en el yacimiento aumentó de 20.000 barriles diarios a 200.000, lo que finalmente llamó la atención en Washington.
Según fuentes de la industria petrolera, Betancourt se ganó en 2024 la confianza de la actual presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien en ese momento era vicepresidenta de Maduro y acumuló un enorme poder llegando a acuerdos con grandes petroleras internacionales como Chevron, que recibió una exención de las sanciones por parte de la Administración estadounidense de Joe Biden.
"Puede que tenga el lastre del bolichico, pero es un hombre que llevó a una empresa venezolana desde la nada a convertirse en un actor importante en el país con las mayores reservas de petróleo del mundo", explica una fuente del sector petrolero venezolano.
Betancourt solía tener una estrecha relación con Harry Sargeant III, un magnate energético de Florida y donante republicano que dedicó años a presionar para mejorar las relaciones con Venezuela y que cofundó NABEP con Betancourt en abril de 2024. Un socio de Betancourt afirma que Sargeant ayudó a que Trump se fijara en él a principios de este año.
Betancourt, que había utilizado NABEP para reclamar los derechos sobre el proyecto Petrozamora en su disputa con El Aissami, quedó al mando de la empresa tras la salida de Sargeant. "Cuando surgió este acuerdo con Trump, él estaba ahí para aprovechar la oportunidad", explica el socio.
Mucho dependerá del tipo de relación que Betancourt establezca con Estados Unidos. Frustrada por el lento ritmo de inversión en el sector petrolero venezolano desde enero, la Administración Trump espera que Betancourt logre dar un giro a la situación.
Una persona al corriente de la nueva estructura explica que la Administración busca crear una especie de "mini-PDVSA", que se encargaría de otorgar licencias rápidamente a compañías energéticas consolidadas para algunos de los 17 yacimientos petroleros que actualmente controla. Los inversores se sentirían atraídos tanto por el conocimiento local y los contactos de Betancourt como por las garantías financieras proporcionadas por el Pentágono.
Sin embargo, otro ejecutivo petrolero con experiencia en Venezuela señala que Betancourt podría sentirse envalentonado para buscar un papel destacado para su empresa en algunos de los proyectos, lo que podría disuadir a los inversores potenciales.
El regreso de Betancourt a la prominencia en Venezuela genera inquietud entre los miembros de la oposición en la diáspora.
"Presionamos con fuerza para que Betancourt fuera llevado ante la justicia porque se le considera parte del problema de la corrupción y el colapso de la infraestructura en Venezuela", explica Vanessa Neumann, empresaria del sector de defensa y ex enviada de la oposición a Londres. "Si bien entiendo la perspectiva de la estrategia estadounidense, la elección del socio resulta sorprendente".
A pesar de la controversia en torno a Betancourt, su influencia en los asuntos venezolanos parece estar ahora ligada a la implicación de la Administración Trump en el país.
Como señaló el domingo un ejecutivo petrolero de Caracas, mientras la industria lidiaba con el cambiante equilibrio de poder: "Betancourt se convertirá en el nuevo virrey del petróleo en este hemisferio".
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