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Alertan sobre el «preocupante» déficit de yodo en nuestra dieta

Alertan sobre el «preocupante» déficit de yodo en nuestra dieta
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Los estudios evidencian un importante descenso del consumo de este micronutriente en todo el continente europeo: «Hay que tomar poca sal, pero enriquecida».
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Los estudios evidencian un importante descenso del consumo de este micronutriente en todo el continente europeo: «Hay que tomar poca sal, pero enriquecida».

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Carmen Barreiro

20/05/2026 Actualizado a las 00:34h.

Se habla mucho de la carencia generalizada de vitamina D, de magnesio, de hierro o de calcio. Sin embargo, en esas listas interminables de suplementos ... nutricionales que están tan de moda pocas veces se incluye el yodo, un micronutriente igual de imprescindible para nuestro organismo y del que últimamente no vamos sobrados. Los estudios más recientes evidencian un «importante descenso de su consumo en todo el continente europeo, motivado fundamentalmente por dos razones: la tendencia creciente de tomar menos lácteos y el auge de las dietas vegetarianas», confirman en la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Pero no solo eso. La carencia de este micronutriente en cualquier etapa de nuestra vida tiene consecuencias importantes para la salud como la aparición de bocio, nódulos o alteraciones de la función tiroidea como el hipotiroidismo. «Durante el siglo pasado, la yodación de la sal se convirtió en una de las intervenciones de salud pública más eficaces para prevenir los trastornos causados por la deficiencia de este mineral. Sin embargo, ese éxito ha generado una paradoja: precisamente porque funcionó tan bien, el yodo ha desaparecido del debate público y a día de hoy ya son varios los países europeos que han alertado sobre la ingesta insuficiente de este mineral, especialmente en embarazadas y personas con dietas restrictivas como las vegetarianas o mal planificadas», destaca José Miguel Soriano del Castillo, catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia.

Lo que no se ve, importa

Una investigación realizada recientemente en Asturias reveló que más de la mitad de las embarazadas analizadas en el estudio (52%) no alcanzaban los niveles adecuados de yodo, «un dato preocupante y que refleja una tendencia creciente en todo el continente europeo por los cambios en los hábitos de consumo», lamenta la doctora González.

«No se trata de consumir más sal sino de que la que usemos sea yodada», insisten los especialistas. De hecho, los españoles tomamos prácticamente el doble de los cinco gramos diarios recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). «La cuestión no es que la población en general haya dejado de consumir sal, al contrario, lo que ocurre es que ha cambiado el tipo de sal que se consume y de dónde procede el sodio de la dieta. La yodada ha sido desplazada en muchos hogares por sales 'gourmet' o 'naturales' como la marina, la rosa del Himalaya, las escamas o la kosher, que a menudo se perciben como más saludables o sofisticadas. La enriquecida con yodo tiene, en cierto modo, un problema de imagen frente al prestigio culinario de sus rivales de moda y eso la penaliza. La sal yodada ha quedado asociada a un producto corriente, casi anticuado», argumenta José Miguel Castilla para explicar este fenómeno.

Suplementos para veganos

A todo esto se suma que un gran porcentaje de la sal que consumimos procede de alimentos procesados y ultraprocesados (embutidos, precocinados, bollería industrial...), en los que la presencia de sal yodada tampoco está garantizada. «Ahora bien, defender la opción enriquecida no equivale a aconsejar un mayor consumo de sal en general. La clave está en tomar poca, pero enriquecida», recuerdan los expertos.

Otro de los motivos que explican esta carencia generalizada de yodo es la popularización de dietas basadas en alimentos de origen vegetal. «Este micronutriente se encuentra de forma natural en mariscos, pescados, lácteos, huevos... Y cuando varias de estas fuentes desaparecen simultáneamente de la dieta y encima esa persona no consume sal yodada, el riesgo de déficit aumenta considerablemente», precisan en la SEEN.

Las dietas vegetarianas y veganas pueden ser perfectamente saludables, pero justo el yodo es uno de los nutrientes que requieren una mayor atención en su planificación. «Una revisión reciente publicada en 'British Journal of Nutrition' concluyó que quienes siguen patrones nutricionales estrictamente vegetales, especialmente los veganos, pueden tener dificultades para alcanzar las recomendaciones de este mineral solo a partir de la alimentación. Esto no significa que una dieta vegetal sea deficiente por definición. Supone algo más simple. De la misma manera que ya se habla con naturalidad de suplementar a esas personas con vitamina B12, el yodo debería incorporarse a la conversación nutricional cuando se reduce el consumo de pescado o lácteos o cuando se sustituyen productos convencionales por alternativas vegetales que no están enriquecidas con yodo», propone Castilla.

¿Dónde podemos encontrarlo?

Sal yodada: el Real Decreto 1424/1983 determina que la sal yodada debe contener 60 miligramos de yodo por kilogramo de sal (es decir, 60 microgramos por gramo de sal). Podemos comprarla en cualquier supermercado.

Pescados y mariscos: aportan entre 20 y 160 microgramos de este mineral por cada 100 gramos. Se encuentra en la sepia, el calamar, el pulpo, las almejas, los mejillones, los berberechos, las cigalas, los langostinos, las gambas, la caballa, el mero, el arenque, el bacalao...

Productos lácteos: constituyen una fuente importante de yodo, aunque su contenido varía mucho según el tipo de producto y el sistema de producción. Algunos ejemplos son leche entera (9 microgramos), yogur natural entero (21 microgramos), queso (4-30 microgramos).

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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