A 2.320 metros de altitud, el centro granadino se ha consolidado como un referente mundial del alto rendimiento por el que pasan campeones olímpicos, ganadores del Tour y deportistas de élite de los cinco continentes: su responsable explica todas las claves en MARCA
Alfonso Sánchez Bernard,el jefe del CAR: “Cuando vienen los mejores, ponemos a España en el mapa”Alfonso Sánchez Bernard,el jefe del CAR: “Cuando vienen los mejores, ponemos a España en el mapa”X- NACHO LABARGA
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A 2.320 metros de altitud, con la piscina y la pista de atletismo como corazón de una instalación única, el CAR de Sierra Nevada se ha convertido desde hace años en uno de los grandes santuarios del deporte mundial. Por sus habitaciones, sus comedores, sus salas de recuperación y sus carreteras de entrenamiento han pasado campeones olímpicos, ganadores del Tour de Francia, boxeadores de élite y delegaciones llegadas desde los cinco continentes. Alfonso Sánchez Bernard, responsable del centro, lo resume con una idea poderosa: “Lo número uno que tiene es la altitud. Estamos a 2.320 metros”. A partir de ahí se levanta todo lo demás.
El dirigente pone el foco en esa gran seña de identidad del complejo, pero también en la apuesta institucional que la sostiene. “Es una inversión de Estado”, recalcaba a MARCA durante el Marbella Cycling Weekend sobre un centro que depende del Consejo Superior de Deportes y que, a su juicio, ha permitido a España contar con una instalación “puntera a nivel mundial”. No habla en abstracto. Hace apenas unas semanas pasó por allí la selección de Japón, como antes lo hicieron ganadores del Tour, campeones olímpicos de atletismo, boxeadores del máximo nivel o ciclistas de la talla de Pogacar, Vingegaard, Cadel Evans, Valverde o Enric Mas. “Pasa muchísima gente por allá”, resume.
Ese trasiego constante de estrellas no es casual. Sierra Nevada ofrece algo que pocos lugares pueden reunir en un mismo espacio: residencia, comedor, instalaciones deportivas y zona de recuperación. Todo en proximidad. Todo pensado para que el deportista pueda concentrarse en una sola tarea: rendir. “En una misma instalación tienes la residencia, tienes el comedor, tienes las instalaciones, tienes la zona de recuperación. Entonces, es muy cómodo”, explica Sánchez Bernard. En el caso del ciclismo, aunque muchos entrenamientos se realizan fuera del recinto, el CAR también pone a disposición de los corredores rodillos, material específico y recursos para completar el trabajo en condiciones óptimas.
Sánchez Bernard conoce además el centro desde los dos lados del espejo. Antes de dirigirlo, fue deportista y también pasó por Sierra Nevada en época de concentración. Por eso puede medir con precisión la transformación vivida por el complejo en las últimas décadas. “Era muy duro ahí porque había más penosas condiciones”, recuerda sobre aquellos años anteriores a 2004. La apertura de la residencia supuso, en sus palabras, “un salto de calidad abismal”, porque desde entonces todo quedó integrado en un mismo espacio y el rendimiento ganó en comodidad, eficiencia y control.
Habla del CAR con orgullo, pero también con una idea de servicio muy marcada. “Creo que en la vida es importante poder aportar cosas para los demás, ayudar a gente a que puedan cumplir sus sueños”, explica. Y añade una reflexión que define bien la filosofía del lugar: “Al final los deportistas que están allá lo que están haciendo es cumplir sus sueños”. No es un recurso retórico. Lo dice pensando en historias muy concretas, como la de Ana Alonso, reciente medallista en los Juegos de Invierno. Sánchez Bernard recuerda su accidente mientras entrenaba en verano, el durísimo proceso de recuperación y el trabajo junto a su entrenador Javier Arguelles, también vinculado al centro. “Parecía imposible llegar a competir”, admite. Y por eso lo sucedido después le sigue impresionando: “Una vez que se llegó a competir ya estaba cumplido el objetivo y sacar dos medallas olímpicas con lo caras que están ha sido una cosa que de verdad para recordar”.
Sierra Nevada deja huella también lejos de los podios. El responsable del CAR rescata el caso de un entrenador alemán que lleva vinculado al centro desde hace muchos años y que incluso conoció allí a su mujer. Son historias pequeñas, laterales, pero reveladoras. Porque el CAR no es solo un lugar donde se entrena: también es un espacio de convivencia, de vínculos y de memoria compartida.
La evolución del centro ha sido constante, aunque no siempre con la misma velocidad. Sánchez Bernard recuerda con una sonrisa aquellos primeros sistemas de crioterapia, casi artesanales, “un cubo negro y con hielos”, antes de que llegaran soluciones más sofisticadas. Después vinieron piletas mejor acondicionadas, una fría y otra caliente, y más tarde sistemas automáticos capaces de mantener de forma estable las temperaturas. Ahora el objetivo es dar otro salto. “Estamos tratando de hacer una renovación de toda esa zona de recuperación”, explica, porque “cada día el deporte evoluciona y tenemos que ir dando nuevos saltos adelante para poder seguir siendo útiles”.
No se trata de una reforma menor. El CAR lleva alrededor de año y medio inmerso en obras gracias a los fondos de recuperación, transición y resiliencia. La inversión ronda los 10 millones de euros y servirá para una mejora integral de las instalaciones. “Eso es un cambio sustancial”, destaca Sánchez Bernard, que insiste en la necesidad de mantenerse al día para no perder atractivo ante los grandes deportistas. Lo resume con crudeza y naturalidad: “Si no, los ciclistas no nos vienen ahí al CAR”.
Las cifras ayudan a entender la dimensión del complejo. Sierra Nevada cuenta con 88 habitaciones dobles, aunque muchas veces se utilizan de manera individual. Cuando la ocupación se acerca a las 140 personas, el centro empieza a rozar el lleno. Aun así, el balance anual impresiona: unas 35.000 pernoctaciones al año, es decir, más de cien personas de media cada día. “No es nada fácil de conseguir”, admite Sánchez Bernard, sobre todo teniendo en cuenta que los calendarios internacionales empujan a que muchos equipos y deportistas quieran coincidir en las mismas fechas. En caso necesario, el CAR puede apoyarse en hoteles de la zona, aunque la mayoría prefiere quedarse dentro por una razón muy simple: “La calidad que te puede dar tenerlo todo en proximidad es mejor que salir al exterior”.
El responsable del centro sostiene que no hay muchos lugares en el mundo comparables a Sierra Nevada. Cita referencias en Estados Unidos, como Colorado Springs o Flagstaff, menciona Font Romeu en Francia y alude también a iniciativas emergentes en Turquía. Pero insiste en que la gran diferencia está en la continuidad de la apuesta pública. “Es un tema de Estado, de país, porque somos marca España”, defiende. Y remata la idea con otra frase que sirve de declaración de intenciones: “Cuando vienen los mejores deportistas del mundo a entrenar aquí, lo que estamos exponiendo en el mapa es España, Granada, Andalucía”.
No se atribuye medallas que no pueden medirse, pero sí reivindica la utilidad de lo que ofrece el CAR. “Podríamos decir que el CAR tiene un nivel suficiente para que la gente que gana medallas venga allí”, señala. Y en esa frase hay una forma elegante de resumir el prestigio del centro. Porque quizá no se pueda demostrar cuántas victorias nacen en Sierra Nevada, pero sí que quienes persiguen la excelencia siguen eligiendo esa montaña para prepararse. “Vienen, repiten, vienen muchas veces”, resume. Y cuando algunos de ellos llegan desde Sudamérica o Asia, el mensaje resulta todavía más elocuente.
El siguiente paso ya está marcado. Una vez terminen las obras, la prioridad será renovar a fondo la zona de recuperación, una de las claves del alto rendimiento moderno. Sánchez Bernard lo explica con una fórmula muy clara: “El entrenamiento de alto nivel se basa en tres cosas, que es comer bien, descansar y entrenar”. A eso añade un cuarto pilar cada vez más determinante: recuperar. Después llegará el turno de la pista de atletismo, que empieza a acusar el desgaste del tiempo. “No nos aburrimos, siempre hay cosas”, dice con una sonrisa final. Y quizá ahí esté la mejor definición posible de Sierra Nevada: un lugar que nunca se detiene.
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