El documento es uno de los más antiguos del Archivo Municipal y abre una ventana a la realidad del pueblo a finales del XIX
Regala esta noticia Añádenos en Google La Quinta de 1885. (SUR)Alhaurín de la Torre
12/06/2026 a las 12:43h.La Quinta de 1885 es una joya para los amantes de la historia local, una pieza de las más antigua del Archivo Municipal, bastante ... maltrecho por otro lado a consecuencia de los daños sufridos a lo largo de los años, lo que convierte el documento en todavía más valioso.
Mortalidad
Por ejemplo, con la consulta, queda clara la elevada mortalidad infantil, documentada mediante una nota sellada por el párroco de la iglesia de San Sebastián que certifica el fallecimiento de varios mozos antes de alcanzar la edad militar. El documento conserva, incluso, la impronta original del sello parroquial utilizado entonces.
Otro de los valores del legajo es que permite conocer el origen del término «quinto», que se remonta a la época de los Reyes Católicos y que fue consolidado por Felipe V en 1704, ya que establecía que, en caso de necesidad, se reclutaría de forma obligatoria a uno de cada cinco varones aptos.
No obstante, en 1885: el método había cambiado. La Ley de Reclutamiento de 1878 no buscaban exactamente una quinta parte. El Gobierno fijaba la tropa necesaria para todo el país y esa cantidad se repartía proporcionalmente entre provincias y municipios.
El sorteo servía para establecer el «orden de llamada» y al resto pasaban a ser «mozos de cupo de ejército».
2.000
Pesetas
No todos los ciudadanos tenían las mismas obligaciones, existía la opción de la «redención en metálico» o el «sustituto»; es decir, si la familia del mozo tenía dinero (generalmente unas 1.500 o 2.000 pesetas de la época, una fortuna para un jornalero), podía pagar al Estado para librar a su hijo del servicio militar, o a otro joven pobre para que fuera a la guerra en su lugar
Bajo la legislación vigente a finales del XIX, la edad de entrada en el sorteo era a los 19 años cumplidos y el servicio militar obligatorio solía durar un total de 12 años (3 o 4 años de servicio activo en el ejército permanente y el resto en la reserva).
Pero no todos los ciudadanos tenían las mismas obligaciones, existía la opción de la «redención en metálico» o el «sustituto»; es decir, si la familia del mozo tenía dinero (generalmente unas 1.500 o 2.000 pesetas de la época, una fortuna para un jornalero), podía pagar al Estado para librar a su hijo del servicio militar, o a otro joven pobre para que fuera a la guerra en su lugar. Por eso, las quintas recaían casi siempre sobre las clases más humildes.
Acceso público
Con el objetivo de facilitar el acceso público al testimonio documental, la Concejalía de Patrimonio Histórico-Artístico ha digitalizado íntegramente el expediente.
Igualmente, la Quinta de 1885 es la protagonista de nueva iniciativa cultural y divulgativa titulada 'Pieza andante', que permitirá acercar documentos y enseres municipales de gran valor histórico mediante exposiciones itinerantes por distintos edificios públicos del municipio.
El alcalde, Joaquín Villanova, y el concejal de Patrimonio Histórico-Artístico, José Manuel de Molina, dieron a conocer el documento, instalado en una vitrina situada en la entrada del Ayuntamiento y destacaron que supone una valiosa ventana al pasado y permite conocer con detalle la vida de los jóvenes alhaurinos de finales del siglo XIX.
Y es que estos no se libraban del contexto, ya que, en la época que les tocó vivir, España estaba en constante necesidad de soldados debido a la inestabilidad interna (las Guerras Carlistas acababan de terminar en 1876) y, sobre todo en las últimas décadas del siglo, por la fortísima presión militar en las provincias de ultramar (Cuba y Filipinas). El ejército no era profesional; se nutría obligatoriamente de la población civil masculina a través de estos reemplazos anuales para la defensa del Estado. Cada año, los ayuntamientos abrían este expediente para elaborar el padrón de los jóvenes que alcanzaban la edad militar y organizar el sorteo que decidiría quiénes debían marchar a filas.
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