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La ingeniera que llegó para liderar BMW Motorrad preguntándose "¿por qué no?" defiende en una entrevista con EXPANSIÓN (la primera con medio desde que asumió la dirección) un liderazgo basado en tres pilares: la escucha, la pedagogía y la exigencia.
Ha pasado algo más de un año desde que Alicia Gálvez asumiera la dirección general de BMW Motorrad Iberia. Tras una trayectoria ligada a la gestión comercial en Renault y casi una década al frente de la dirección Comercial y de Márketing de Alphabet España -rénting y gestión de flotas del Grupo BMW-, el salto suponía enfrentarse por primera vez a la dirección integral de un negocio.
"Me gusta trabajar cómoda, pero no acomodada". La frase resume bastante bien una carrera construida a base de asumir nuevos retos. Cuando surgió la posibilidad de hacerlo en la dirección de la división de motos de BMW en España (Motorrad), un escenario de tradición masculina, la pregunta que se hizo fue la misma que le ha acompañado en muchas de las decisiones importantes de su vida. "¿Y por qué no?", se pregunta al recordar cómo afrontó la posibilidad de asumir la dirección de BMW Motorrad Iberia.
Hasta entonces había dirigido áreas concretas. "Aquí llevas un negocio entero. Cuando trabajas en ventas llevas ventas; cuando trabajas en posventa llevas posventa... Aquí tienes que pensar en todo", explica.
Gálvez: "No puedes tratar a la gente con la misma longitud de onda todos los días".Por eso considera su llegada a la división Motorrad un máster acelerado en dirección general. "Aquí la estrategia la marcas tú entera. Tienes que tener en cuenta todas las patas del negocio". Acostumbrada a profundizar en una función, ahora debe equilibrar ventas, red, posventa, resultados y estrategia. "Antes pensaba mucho más por y para los míos y sus resultados. Aquí piensas por el de todas las áreas".
Sobre el mayor acierto desde su llegada, no menciona ni cifras ni récords. "Creo que el mayor acierto ha sido venir aquí con muchísima humildad, porque yo de esto no sabía y ellos [su equipo] sabían muchísimo", reconoce. "Me ha obligado a aprender de todos". Su forma de dirigir gira precisamente alrededor de esa idea. Escuchar. Al equipo. A la red. Y ver cómo encajan todas las piezas. "Intento que todo el mundo entienda las tripas del negocio".
Gálvez se define como una directiva democrática. Le gusta compartir las ideas, contrastarlas y explicar siempre las decisiones. "Soy muy pedagógica". No porque busque la unanimidad permanente. Sabe que hay decisiones que alguien tiene que tomar, pero está convencida de que las personas se comprometen más cuando entienden cómo se llega a una conclusión y sienten que han sido escuchadas. También reconoce que pregunta mucho, algo que no está reñido con la exigencia. Un hecho que sus colaboradores tienen claro. "Es como cuando ves un vídeo de YouTube; tú nos cambias la velocidad y nos haces trabajar al 1,25 o al 1,5". Se ríe al recordarlo. "No soy depedir el diez. Soy más del ocho y medio e intento llevarles siempre hasta ahí".
Gálvez: "La cercanía que tiene el cliente de motos con la marca no la había vivido en ningún otro sitio"Hay otra cuestión que le sorprendió especialmente al llegar a Motorrad: "La cercanía que tiene el cliente de motos con la marca no la había vivido en ningún otro sitio". Incluso cuando se trata de personas que también llevan un volante de BMW . "Es el mismo cliente, pero es distinto cuando entra a por su moto que cuando entra a por su coche".
Liderazgo y dimensión humana
La exigencia convive en ella con una dimensión muy humana del liderazgo. Durante años dudó entre Medicina e Ingeniería Industrial. La primera apelaba a una vocación ligada a las personas; la segunda, a su temprana pasión por los coches. Finalmente eligió Industriales. Y no parece que se equivocara. Aun así, reconoce que aquella inclinación social sigue muy presente. "Soy muy empática", algo que fluye a diario en la oficina porque para Gálvez eso también forma parte de dirigir equipos. "No puedes tratar a la gente con la misma longitud de onda todos los días".
Habla de saber cuándo alguien atraviesa un momento complicado, cuándo necesita apoyo o cuándo simplemente algo no va bien. En definitiva, "la gente necesita que la veas".
¿Por qué no?
Su entrada en la automoción no estuvo exenta de anécdotas. Comenzó en soporte técnico de posventa, atendiendo consultas que los concesionarios no podían resolver. "Muchas veces me decían: 'Pásame con el que sabe'... O pensaban que era la secretaria". Lo recuerda sin dramatismo. "Siempre me lo tomé como un reto". Uno de tantos.
"Me gusta que mi hija vea que se puede ser madre y se puede ser profesional a la vez, que todo es compatible"Y es que nunca ha dejado que el rumbo le llegara marcado. "Cuando dije en casa que quería estudiar Industriales, la reacción fue: '¿No había nada más femenino?'". Lo cuenta sonriendo. Poco después sucedía algo parecido cuando da el paso para jugar al rugby. "Yo pensaba: ¿por qué no?". Una pregunta cuya respuesta le ha llevado hasta donde está.
Fuera del trabajo hay espacio para el fitboxing, el gimnasio y la familia. Durante años bailó flamenco e incluso dio clases a niñas. Casada y madre de una hija de 12 años, dedica buena parte de los fines de semana a acompañarla en sus partidos de fútbol. "Me gusta que vea que se puede ser madre y se puede ser profesional a la vez, que todo es compatible", explica. Pero, sobre todo, insiste en otra idea: "La hemos educado en hacer lo que le guste y en lo que sea buena. Hazlo, sea lo que sea". Quizá por eso, dice, su hija ha crecido convencida de que "todo es posible".
La conversación termina donde, en cierto modo, empieza todo. En BMW y en su padre. Gran aficionado a la marca, de ahí la especial vinculación con ella, todavía recuerda uno de aquellos BMW "rarísimos" que conducía cuando era pequeña. "Trabajar en BMW siempre ha sido superaspiracional para mí. Cuando entré en Alphabet y le conté qué era, que detrás estabaBMW, pues a él le brillaban los ojos".
Gálvez respetó durante años su deseo de no verla subida a una moto y ahora dirige BMW Motorrad. "Yo era buena niña y siempre le he respetado mucho en ese sentido". Hoy ya puede, conduce una F 800 GS -es más de "ir a la sierra, desayunar bien, comer y volver" que de hacer 500 km- y apenas tarda unos segundos en responder qué le gustaría decirle. Emocionada, no duda: "Me hubiera gustado contarle que me pasaba a las motos, a las motos de BMW, que tenía la suerte de asumir esta responsabilidad".
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