Amancio Ortega es la undécima mayor fortuna del mundo e, indiscutiblemente, el hombre más rico de España gracias a sus dos lucrativos imperios: Inditex y Pontegadea. Sin embargo, además de por sus millonarios beneficios empresariales, Amancio Ortega también se ha hecho popular por sus donaciones.
El millonario inyectó 765,4 millones en la fundación que lleva su nombre, y desde se canalizaron donaciones valoradas en cientos de millones de euros. Esa filantropía fueron el centro de un debate en el que se ponía sobre la mesa la enorme contribución al bienestar de los beneficiarios, pero también las contrapartidas fiscales y un ejercicio de lavado de imagen pública.
Un gran salto en aportaciones. Amancio Ortega hizo una aportación excepcional a la Fundación Amancio Ortega. Según recogía Economía Digital, el empresario inyectó 765,4 millones de euros en 2025 para financiar las actividades de la entidad hasta 2028. Es una cantidad muy superior a la aportada en ejercicios recientes, y marca un punto de inflexión en el tamaño del "colchón" económico con el que trabaja la fundación, que en sus cifras declaraba una inversión en proyectos de 207,6 millones de euros en 2024.
Ese dinero no se traduce automáticamente en gasto en un solo año, pero sí permite asumir la implicación de la fundación en programas más grandes y durante más tiempo. En su web, la propia fundación explica que tiene 541,8 millones de euros comprometidos para el periodo 2025-2029.
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¿A dónde han ido esas donaciones? Una parte importante de estas donaciones se ha canalizado hacia sanidad, especialmente en forma de equipamiento médico de alta tecnología e inversiones ligadas a hospitales públicos. Un ejemplo claro es el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, que ha recibido una donación de 11,24 millones de euros de la fundación del empresario leonés para ejecutar hasta diez proyectos relacionados con instalaciones y obras dentro del propio centro.
Sin lugar a dudas, el proyecto más ambicioso de la fundación de Amancio Ortega es el de la financiación de diez equipos de protonterapia con una licitación de 271 millones de euros iniciado en 2021 y que tendrá vigencia hasta 2029. Este equipamiento de última tecnología se implantará en siete comunidades autónomas y permite un tratamiento menos invasivo de determinados tipos de cáncer, sobre todo en casos de cáncer infantil y o de difícil acceso.
Además, la fundación del millonario financió la construcción de siete nuevas residencias de mayores en Galicia. Por el momento se han construido y entregado cinco de ellas a la Xunta de Galicia, y el objetivo es concluir las restantes en 2026.
Ayudas directas en catástrofes. En 2025, una de las donaciones más mediáticas fue la vinculada a los municipios afectados por la DANA. Se trató de una ayuda de 100 millones de euros, gestionada a través de 40 ayuntamientos, con el objetivo de apoyar a familias y negocios perjudicados.
Aquí el mecanismo fue distinto al empleado en los proyectos médicos y sociosanitarios. La urgencia de la situación hizo que, en lugar de firmar un convenio de inversión con las administraciones, la fundación entregara los fondos a los distintos ayuntamientos afectados para que ellos lo gestionaran comprando maquinaria para la limpieza o para cubrir las necesidades más urgentes de su población.
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Beneficios fiscales, la cara más oscura. La otra cara del debate pone el foco en el elefante en la habitación: las donaciones a fundaciones tienen incentivos fiscales, y este caso no es una excepción. Por muy nobles que sean los motivos tras estas donaciones, la sombra de los intereses en la reducción de su factura fiscal es evidente, aunque también legal.
En términos simples: quien realiza una donación puede deducirse parte de esa aportación en sus impuestos, con diferencias según si es una persona física (IRPF) o una empresa (Impuesto de Sociedades). Más del 97% del capital de la Fundación Amancio Ortega procede de las aportaciones de su fundador que, a su vez, recibe sus ingresos de los dividendos de Inditex y los beneficios de Pontegadea.
Según estimaciones de Público, solo con la financiación de los equipos de protonterapia, su benefactor obtuvo un beneficio fiscal de entre 108 y 123 millones de euros, ya que la legislación permite desgravar entre el 35% y el 40% de las aportaciones. Tal y como señalaba Carlos Cruzado, presidente del sindicato Gestha de técnicos de Hacienda, "el beneficio fiscal no deja de ser un gasto público".
El debate real: filantropía o pagar impuestos. De alguna forma, hacer una donación tan significativa implica forzar al Estado a gastar dinero público (en forma de impuestos no recaudados) en la inversión que un particular decida y que puede no ser estratégica.
Por un lado, está el impacto directo: se ponen sobre la mesa cientos de millones disponibles para proyectos sociales y sanitarios que, de otro modo, podrían tardar más en llegar. Por otro lado, está el hecho de que el proyecto donde se invierte el dinero lo decide un donante privado, con sus prioridades e intereses, no basándose en criterios de interés común.
Para el conjunto de la sociedad, ¿era más necesaria la inversión en esos equipos de última tecnología o contratar más personal médico para asistencia primaria? ¿Deberían regularse de una forma diferente las grandes donaciones para adaptarlas al bien general, o debe prevalecer el criterio del donante? Son preguntas a las que la legislación española todavía no ha dado respuesta.
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Imagen | GTRES, Unsplash (National Cancer Institute)
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La noticia
Amancio Ortega ha levantado dos imperios millonarios y un debate: si donar millones de euros es beneficioso o no
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Rubén Andrés
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Amancio Ortega ha levantado dos imperios millonarios y un debate: si donar millones de euros es beneficioso o no
Amancio Ortega donó 765,4 millones en 2025 para financiar su fundación hasta 2028
El incremento de esa financiación ha reavivado el debate: ¿son realmente positivas las donaciones de ese calibre?
Amancio Ortega es la undécima mayor fortuna del mundo e, indiscutiblemente, el hombre más rico de España gracias a sus dos lucrativos imperios: Inditex y Pontegadea. Sin embargo, además de por sus millonarios beneficios empresariales, Amancio Ortega también se ha hecho popular por sus donaciones.
El millonario inyectó 765,4 millones en la fundación que lleva su nombre, y desde se canalizaron donaciones valoradas en cientos de millones de euros. Esa filantropía fueron el centro de un debate en el que se ponía sobre la mesa la enorme contribución al bienestar de los beneficiarios, pero también las contrapartidas fiscales y un ejercicio de lavado de imagen pública.
Un gran salto en aportaciones. Amancio Ortega hizo una aportación excepcional a la Fundación Amancio Ortega. Según recogíaEconomía Digital, el empresario inyectó 765,4 millones de euros en 2025 para financiar las actividades de la entidad hasta 2028. Es una cantidad muy superior a la aportada en ejercicios recientes, y marca un punto de inflexión en el tamaño del "colchón" económico con el que trabaja la fundación, que en sus cifras declaraba una inversión en proyectos de 207,6 millones de euros en 2024.
Ese dinero no se traduce automáticamente en gasto en un solo año, pero sí permite asumir la implicación de la fundación en programas más grandes y durante más tiempo. En su web, la propia fundación explica que tiene 541,8 millones de euros comprometidos para el periodo 2025-2029.
¿A dónde han ido esas donaciones? Una parte importante de estas donaciones se ha canalizado hacia sanidad, especialmente en forma de equipamiento médico de alta tecnología e inversiones ligadas a hospitales públicos. Un ejemplo claro es el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, que ha recibido una donación de 11,24 millones de euros de la fundación del empresario leonés para ejecutar hasta diez proyectos relacionados con instalaciones y obras dentro del propio centro.
Sin lugar a dudas, el proyecto más ambicioso de la fundación de Amancio Ortega es el de la financiación de diez equipos de protonterapia con una licitación de 271 millones de euros iniciado en 2021 y que tendrá vigencia hasta 2029. Este equipamiento de última tecnología se implantará en siete comunidades autónomas y permite un tratamiento menos invasivo de determinados tipos de cáncer, sobre todo en casos de cáncer infantil y o de difícil acceso.
Además, la fundación del millonario financió la construcción de siete nuevas residencias de mayores en Galicia. Por el momento se han construido y entregado cinco de ellas a la Xunta de Galicia, y el objetivo es concluir las restantes en 2026.
Ayudas directas en catástrofes. En 2025, una de las donaciones más mediáticas fue la vinculada a los municipios afectados por la DANA. Se trató de una ayuda de 100 millones de euros, gestionada a través de 40 ayuntamientos, con el objetivo de apoyar a familias y negocios perjudicados.
Aquí el mecanismo fue distinto al empleado en los proyectos médicos y sociosanitarios. La urgencia de la situación hizo que, en lugar de firmar un convenio de inversión con las administraciones, la fundación entregara los fondos a los distintos ayuntamientos afectados para que ellos lo gestionaran comprando maquinaria para la limpieza o para cubrir las necesidades más urgentes de su población.
Beneficios fiscales, la cara más oscura. La otra cara del debate pone el foco en el elefante en la habitación: las donaciones a fundaciones tienen incentivos fiscales, y este caso no es una excepción. Por muy nobles que sean los motivos tras estas donaciones, la sombra de los intereses en la reducción de su factura fiscal es evidente, aunque también legal.
En términos simples: quien realiza una donación puede deducirse parte de esa aportación en sus impuestos, con diferencias según si es una persona física (IRPF) o una empresa (Impuesto de Sociedades). Más del 97% del capital de la Fundación Amancio Ortega procede de las aportaciones de su fundador que, a su vez, recibe sus ingresos de los dividendos de Inditex y los beneficios de Pontegadea.
Según estimaciones de Público, solo con la financiación de los equipos de protonterapia, su benefactor obtuvo un beneficio fiscal de entre 108 y 123 millones de euros, ya que la legislación permite desgravar entre el 35% y el 40% de las aportaciones. Tal y como señalaba Carlos Cruzado, presidente del sindicato Gestha de técnicos de Hacienda, "el beneficio fiscal no deja de ser un gasto público".
El debate real: filantropía o pagar impuestos. De alguna forma, hacer una donación tan significativa implica forzar al Estado a gastar dinero público (en forma de impuestos no recaudados) en la inversión que un particular decida y que puede no ser estratégica.
Por un lado, está el impacto directo: se ponen sobre la mesa cientos de millones disponibles para proyectos sociales y sanitarios que, de otro modo, podrían tardar más en llegar. Por otro lado, está el hecho de que el proyecto donde se invierte el dinero lo decide un donante privado, con sus prioridades e intereses, no basándose en criterios de interés común.
Para el conjunto de la sociedad, ¿era más necesaria la inversión en esos equipos de última tecnología o contratar más personal médico para asistencia primaria? ¿Deberían regularse de una forma diferente las grandes donaciones para adaptarlas al bien general, o debe prevalecer el criterio del donante? Son preguntas a las que la legislación española todavía no ha dado respuesta.