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Pie de foto, Información del artículo- Autor, Guillermo D. Olmo
- Título del autor, BBC News Mundo
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La política exterior de Donald Trump en su primer año de regreso en la Casa Blanca ha alterado el orden mundial vigente durante décadas.
Bajo su promesa de "poner a Estados Unidos primero", Trump ha retirado a su país de organizaciones multilaterales y el acuerdo global contra el cambio climático, recortado drásticamente la cooperación al desarrollo, y amenazado con aranceles o incluso acciones militares a países aliados.
El presidente ha cuestionado la OTAN y criticado a sus miembros europeos, ofendiendo a aliados históricos de su país.
Se ha embarcado en una guerra comercial con China y gran parte del mundo, y no ha dudado en alinearse ocasionalmente con Rusia y reducir la ayuda militar a Ucrania.
También dejó que expirara el tratado para la no proliferación de armas nucleares entre Washington y Moscú.
En América Latina inició una campaña de bombardeos en el Caribe, ordenó la operación militar que culminó con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela e impuso un embargo petrolero de facto a Cuba.
Toda esta actividad en el plano internacional ha llevado a lo que muchos analistas consideran el mayor golpe al orden global vigente desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Según el diagnóstico publicado en la revista Foreign Affairs por Philip H. Gordon, ex alto cargo del Departamento de Estado durante los gobiernos de los demócratas Barack Obama y Joe Biden, y Mara Karlin, especialista en política internacional de la Universidad Johns Hopkins, "el mundo de la posguerra, construido en torno a una mayoría de aliados democráticos que podían confiar en Estados Unidos para su seguridad y defensa, ha desaparecido".
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Y mientras el canciller alemán, Friedrich Merz, asegura que el orden mundial basado en reglas "ya no existe", el mundo parece empezar a adaptarse a la nueva situación.
Por su parte, Trump defiende que está poniendo en práctica las premisas por las que fue elegido y tanto él como los miembros de su gabinete insisten en que la prioridad es la seguridad y prosperidad de Estados Unidos.
Con un presidente impredecible por sus cambios de criterio y que no se siente atado a la visión tradicional del liderazgo estadounidense, el mundo busca alternativas y las otras potencias se acercan a China y entre ellas.
¿Puede la política de "Estados Unidos primero" acabar conduciendo a unos Estados Unidos aislados?
El bumerán de los aranceles
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Trump ha hecho de los aranceles uno de los elementos claves de su política exterior.
Antes de que la Corte Suprema de Estados Unidos declarara el viernes ilegales la mayoría de los que impuso, Trump arrancó con ellos importantes concesiones de varios países, incluidos sus aliados de la Unión Europea.
Pero la investigación académica empieza a mostrar que los aranceles han sido una carga principalmente para Estados Unidos y un estudio del Instituto Kiel para la Economía Mundial, un centro de análisis de Alemania, arrojó que un 96% del costo lo han pagado los consumidores e importadores estadounidenses.
Los aranceles han empujado a otros países a buscar mercados alternativos y uno de los que parece haber tenido más éxito es China, el gran rival de Estados Unidos.
El superávit comercial chino alcanzó en 2025 un récord histórico (US$1,18 billones), según las cifras oficiales de Pekín, reflejo de su capacidad para vender sus productos por todo el mundo.
Según le dijo a BBC Mundo Younes El Ghazi, especialista en Asia del Global Diplomatic Forum, una organización dedicada a promover las relaciones internacionales, "China es quizá quien mejor se ha manejado en las nuevas circunstancias porque tenía políticas previstas para contrarrestar las de Trump".
Aliados históricos de Estados Unidos han iniciado en los últimos meses un acercamiento a China que muchos analistas vinculan con la nueva percepción de Washington como un actor global poco fiable.
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Pie de foto,Keir Starmer se convirtió el pasado 26 de enero en el primer líder británico en visitar Pekín desde 2018, en un intento por relanzar unas relaciones enrarecidas durante años.
Y el primer ministro canadiense, Mark Carney, suscribió allí un pacto de reducción recíproca de aranceles, pese a que Trump amenazó con aplicarle uno del 100% a Canadá si llegaba a un acuerdo comercial con China.
"Lo que el primer ministro está diciendo, básicamente, es que Canadá también tiene capacidad de acción y no se va a quedar sentada esperando a Estados Unidos", afirmó en declaraciones a la BBC Eric Miller, asesor en comercio internacional de Rideau Potomac Strategy Group, una firma con sede en Washington.
También la Unión Europea se ha lanzado a cerrar acuerdos comerciales firmando algunos que llevaban años estancados
La UE firmó con India en enero el acuerdo que suprime un 90% de los aranceles entre ambos bloques y creará lo que la Comisión Europea describe como "el mayor área de libre comercio del mundo".
Semanas antes, la Unión había suscrito otro similar con el bloque sudamericano Mercosur, aunque su ratificación plena se ha visto frenada por el Parlamento Europeo.
Según le dijo a BBC Mundo Markus Thiel, experto en política europea de la Florida International University de Estados Unidos, "la velocidad en la concreción de estos acuerdos se ha visto influenciada por la presencia de Trump en la Casa Blanca".
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Pie de foto,Muchos países han tomado nota de la reciente decisión del Supremo de Estados Unidos sobre los aranceles, que parece haber mermado una de las grandes herramientas de presión que Trump ha usado hasta ahora en el escenario global.
El Parlamento Europeo suspendió la votación del acuerdo que Trump y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, alcanzaron el pasado julio y que fue ampliamente percibido como una concesión de Europa para evitar un castigo arancelario mayor.
La Eurocámara reclamó "claridad y seguridad jurídica" para dar su visto bueno.
Y el gobierno indio, que también había anunciado un acuerdo con Washington después de una primera andanada arancelaria de Trump, dijo esta semana que el diálogo comercial con Washington quedaba suspendido "para estudiar las implicaciones de los últimos acontecimientos".
Pero Trump no quiere renunciar a su medida estrella y, tras conocer el fallo de la Corte, anunció la imposición de una tasa aduanera general del 15% a todas las importaciones de Estados Unidos.
Está convencido de que los aranceles aumentan la recaudación aduanera y favorecen a las compañías industriales de su país.
Sin embargo, la promesa de Trump de quetraerían un resurgir de la industria nacional no parece haberse cumplido.
Los puestos de trabajo en el sector industrial en EE.UU. son ahora 200.000 menos que en 2023, el mínimo registrado desde la pandemia, y la actividad de las fábricas acumula 26 meses consecutivos de caídas, según los datos del Institute for Supply Management, una asociación profesional estadounidense.
Y el déficit comercial, la diferencia entre lo que Estados Unidos importa y exporta, aumentó un 2,1% en 2025, con lo que alcanzó su máximo pese a los aranceles de Trump.
Grietas en la OTAN
Reducir la carga para Estados Unidos de ser el principal garante del orden internacional y la seguridad de Occidente ha sido una de las prioridades de Trump.
El presidente ha cambiado el modelo de ayuda militar a Ucrania de modo que ahora son los países europeos los que mayoritariamente sostienen su esfuerzo contra la invasión rusa.
Trump también ha arrancado de casi todos los países de la OTAN el compromiso de aumentar su gasto en defensa hasta un 5% de su Producto Interno Bruto, cumpliendo su viejo deseo de que Europa pague más por su defensa.
Pero sus mensajes agresivos, unidos a sus críticas a los aliados europeos, a la que acusa de estar en "decadencia" a causa de la inmigración y sus líderes "débiles", han acabado por poner en cuestión la misma razón de ser de la alianza atlántica: la confianza y solidaridad entre sus miembros.
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Pie de foto,Trump ha insinuado que el Artículo 5 del tratado de la OTAN, que establece que un ataque a un aliado será considerado un ataque a todos, solo debe beneficiar a los países que "pagan su factura".
Y sus amenazas de adueñarse de Groenlandia, sin renunciar al uso de la fuerza para lograrlo, causaron conmoción y rechazo no solo en Dinamarca sino también en el resto de miembros de una alianza que ven cómo el país que consideraban su protector se perfila ahora como potencial agresor.
Stephen Holmes, experto de la Universidad de Nueva York, escribió en un reciente artículo que "mientras se exige a los aliados europeos que aumenten el gasto en defensa para asegurar la protección de Estados Unidos, se siembran dudas sobre el compromiso estadounidense con la garantía de defensa mutua de la OTAN", por lo que "el resultado se parece a una extorsión en la que se cobra la cuota, pero se niega la protección".
Thiel cree que las amenazas a Groenlandia "fueron la gota que colmó el vaso y casi destruyen la relación" transatlántica.
El bloque europeo rechazó sin fisuras las pretensiones sobre Groenlandia y desde entonces Trump ha aparcado sus exigencias, pero puede que el daño ya esté hecho.
Para Thiel, en el último año "los europeos han entendido que no pueden confiar en Estados Unidos como venían haciendo en los últimos 75 años".
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Pie de foto,Frente a la visión de Trump, para el que los costos y beneficios de la OTAN parecen reducirse a cuánto paga Estados Unidos y cuánto pagan los demás, un grupo de exdiplomáticos y mandos militares estadounidenses firmaron una carta en la que señalan los beneficios estratégicos de la Alianza para su país.
"Lejos de ser una obra de caridad, la OTAN es un potenciador de fuerzas que permite a Estados Unidos afirmar su poder e influencia de formas que le sería imposible, o extremadamente caro, hacer por sí solo", indicaron.
Pero las dudas en torno a la OTAN han hecho que el concepto de "autonomía estratégica" que el presidente francés, Emmanuel Macron, propugnó hace años haya cobrado urgente predicamento en Bruselas.
En esa línea, la Comisión Europea lanzó en marzo del año pasado un plan para movilizar US$950.000 millones en inversiones de defensa.
"La mayoría de países europeos ven esto como una reorientación estratégica que los aleje del liderazgo de Estados Unidos", concluye Thiel.
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Pie de foto,América Latina como prioridad
El gobierno de Trump ha fijado como prioridad reafirmar su poder en el continente americano.
Someter a los gobiernos hostiles a los intereses de Washington en la región y contrarrestar la creciente influencia china han impulsado la política más intervencionista en la región en décadas.
La operación militar del pasado 3 de enero en Caracas que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, parece haber sido el clímax de una estrategia de máxima presión que apunta ahora al gobierno cubano.
Desde la caída de Maduro, el gobierno que ahora encabeza Delcy Rodríguez en sintonía con Washington ha dado pasos para permitir que, como promueve Trump, empresas estadounidenses exploten el petróleo venezolano.
Pero los expertos han advertido que recuperar la producción petrolera venezolana requerirá ingentes inversiones y las energéticas estadounidenses han sido hasta ahora cautas al respecto.
El verdadero alcance de medidas como la prometida amnistía y la apertura del sector petrolero a las inversiones extranjeras está por verse aún.
Según le dijo a BBC Mundo Will Freeman, experto en América Latina del Council on Foreign Relations, un centro de análisis de Estados Unidos, "aún no sabemos qué impacto tendrá realmente la captura de Maduro y la relación de cooperación que se ha establecido con los restos de su gobierno. En realidad, no sabemos cuánto van a cambiar las cosas en Venezuela ni si van a cambiar en absoluto".
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Pie de foto,Trump también planteó como meta prioritaria recuperar el control del Canal de Panamá, según él en manos de China.
Aunque no hay pruebas de que Pekín controle esta estratégica vía de navegación, empresas chinas tienen una importante presencia en ella y su actividad se ha visto afectada desde que Trump regresó a la Casa Blanca.
Pocos meses después de la toma de posesión de Trump, la compañía con base en Hong Kong Ck Hutchinson acordó vender sus puertos de carga en el canal a inversores estadounidenses.
Pero el pasado enero, el Tribunal Supremo de Panamá declaró nulos los contratos que permitían a la compañía operar en el Canal, lo que ha dejado en la incertidumbre una operación que Trump había celebrado.
A la espera de conocer el desenlace de la crisis en Cuba, Freeman cree que Washington "no ha logrado con este gobierno su gran objetivo de una ventaja competitiva sobre China".
"China aún está presente en la región y de hecho está aumentando sus relaciones económicas con Argentina, Ecuador y otros aliados de Estados Unidos", indica Freeman.
El pulso con China
China es el gran rival de Estados Unidos y también la potencia cuya aparente resiliencia ha mostrado hasta ahora más claramente los límites de la política exterior de Trump.
Pekín reaccionó a los aranceles de hasta un 145% impuestos por Trump a los productos chinos en abril restringiendo las exportaciones a Estados Unidos de tierras raras, sustancias químicas fundamentales para la fabricación de última tecnología, incluida gran parte del armamento avanzado utilizado por el ejército estadounidense.
China acapara un 92% de la producción mundial de estas materias primas y lo ha explotado.
"Era la bala de plata con la que contaban y decidieron usarla porque saben que la industria tecnológica de Estados Unidos no puede sobrevivir sin las tierras raras", dice El Ghazi.
En noviembre, después del encuentro entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping, en Corea del Sur, Pekín suspendió por un año las restricciones a su exportación a cambio de que Estados Unidos rebajara los aranceles a China.
Fue visto como una tregua en un pulso en el que la mayoría de analistas no perciben hasta ahora a Estados Unidos como un ganador claro.
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Pie de foto,Ni las amenazas arancelarias de Trump ni la retirada de Estados Unidos de foros multilaterales han bastado para impedir entendimientos alternativos fuera de la órbita de Washington entre las potencias regionales.
Cuando en su primer mandato retiró a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica,, aliados de EE.UU. como Australia, Canadá y Japón decidieron mantenerse en él.
Pocos años después se unieron a China en la Asociación Económica Integral Regional, un acuerdo comercial firmado por los 15 países con las principales economías de la región Asia-Pacífico, del que Estados Unidos no forma parte.
"Pese a sus disputas fronterizas, India ha colaborado bien con China, como muestra el hecho de que es uno de sus principales socios comerciales", indica El Ghazi.
India y China forman ambas parte de los conocidos como Brics, un bloque de países emergentes que también ha ganado tracción en los últimos años y uno de los vehículos con los que China ha intentado replicar a la hegemonía estadounidense.
"China ha estado fomentando un sistema internacional no basado en el dólar y han construido el marco de los Brics, en el que ya alrededor de un 65% de las transacciones se hacen en monedas que no son la estadounidense; así han rebajado la potencia de una de las armas que Estados Unidos podía usar contra ellos", apunta El Ghazi.
Solo el tiempo dirá si la política exterior de Trump cumple su promesa de hacer a Estados Unidos más fuerte o si en cambio lo deja más débil y aislado.
Lo que pocos cuestionan es que Trump ha trasformado el papel global de su país.
Según Gordon y Karlin, "la erosión en el liderazgo y la credibilidad de Estados Unidos tendrá importantes implicaciones" para los países que hasta ahora han sido sus aliados.
"Cuanto menos dependan de Estados Unidos para su seguridad, más fácil será para ellos trabajar juntos o con otra gran potencia para equilibrar lo que ven como políticas económicas hostiles que llegan de Washington", añaden.
Thiel también ve riesgos: "Desconectarse tan decididamente del resto del mundo implica el riesgo de que otras grandes potencias, quizá China, llenen el vacío".
En realidad, dice, "Estados Unidos se está disparando en un pie".
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