Contracrónica del Panamá-Inglaterra en el Metlife Stadium
Jude Bellingham durante el partido frente a Panamá.EFE- JOEL DEL RÍO Nueva Jersey
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Inglaterra ya está en dieciseisavos. Pero, una vez más, el billete lo pagaron sus cracks. Fueron Bellingham y Kane quienes rescataron a Thomas Tuchel de otra noche de fútbol plano, lento y sorprendentemente pobre para una selección con semejante talento. Panamá necesitó muy poco para hacer daño y, durante muchos minutos, volvió a instalar la misma sensación que perseguía a Inglaterra con Southgate. Cambió el seleccionador, cambió el discurso... pero el fútbol se pareció demasiado al de siempre. Si esto era el Tuchelball que le habían prometido al país... mejor que vayan llamando a Pep Guardiola.
El mentiroso¿Esto era el Tucheball que les prometieron?
Tuchel durante el partido frente a Panamá.A Inglaterra le prometieron el Tuchelball. Quizá lo compraron por AliExpress, porque la copia que apareció sobre el césped ante Panamá era prácticamente idéntica a la de Southgate. Porque la duda es la de siempre: Football's coming home, sí, pero, ¿a qué casa se refieren exactamente?. Entiendo que a la de Jude. Mucha pelota, poco ritmo y casi ninguna sensación de peligro. Un equipo incapaz de acelerar ante un rival que, con muy poco, hizo daño cada vez que pudo correr. Tuchel movió el once, cambió piezas y volvió a quedar atrapado en el debate de siempre. Hay nombres, hay talento y hay posesión... lo que sigue sin aparecer es una idea que convenza. Quizá va siendo hora de que le den la selección a Pep Guardiola. O al menos que le intenten convencer. Ante Panamá, le volvieron a salvar los de siempre. Y a seguir rezando para que no se resfríen ni un poquito.
El eleganteY eso que Bellingham no debía jugar
Y eso que Bellingham no debía jugar. O al menos eso se llegó a insinuar antes de que arrancara el Mundial. Thomas Tuchel dejó claro que nadie tenía el puesto asegurado y que el rendimiento pesaría más que el nombre, mientras una parte del debate en Inglaterra cuestionaba si el centrocampista del Madrid seguía siendo intocable tras un final de temporada irregular. La respuesta de Jude ha llegado sobre el césped. Marcó y fue el mejor ante Croacia, volvió a asumir el liderazgo frente a Ghana y el propio Tuchel terminó rindiéndose a la evidencia. "Se puede confiar en Jude en estos momentos. Tiene la determinación, el carácter y ese punto competitivo que marcan la diferencia", explicó el seleccionador tras el estreno. A sus 22 años, Bellingham vuelve a ser el futbolista alrededor del que gira Inglaterra. Y en un equipo que depende tanto de Kane y Bellingham... imagínate si uno de los dos no debía jugar. Apaga y vámonos. Otro gol y otra asistencia para salvar a Tuchel, que llegó a dudar de un futbolista que ya ha demostrado demasiado.
El crackYa lo dijo Aitana Bonmatí en MARCA
“Creo que es el Mundial de los cracks. Cuando los cracks aparecen, la selección va bien”, aseguró la estrella española en un evento de Adidas en Nueva York. Y con Inglaterra esa idea se multiplica hasta el extremo: o aparecen Kane y Bellingham, o resulta difícil pensar que los de Tuchel tengan opciones reales de llevarse el Mundial. El segundo gol fue una obra de arte de los dos. Desmarque del 10, que aguantó ante su par, levantó la cabeza y puso un balón perfecto para un delantero que se mueve como nadie dentro del área. Kane amagó con ir al segundo palo y, en ese milisegundo que ganó, le dio tiempo a atacar el balón y superar a su marcador.
Para taparse¿Llegaron los abucheos a la FIFA?
Minuto 22 y escena ya habitual en este Mundial. El árbitro detuvo el partido para la pausa de hidratación. Hasta ahí, nada extraño... salvo por un detalle: apenas había 23 grados y sobre el MetLife Stadium caía un auténtico diluvio. Mientras los jugadores bebían agua, los aficionados seguían empapándose porque el estadio no está completamente cubierto. La reacción fue inmediata. Se escucharon silbidos desde la grada por una interrupción que rompía el ritmo del encuentro y que muchos espectadores no entendían. Cuando el calor aprieta, la medida resulta lógica e incluso necesaria. Pero aplicarla de forma automática en todos los estadios, independientemente de las condiciones, alimenta una sensación que cada vez comparten más aficionados: el espectáculo se adapta antes a las pausas comerciales que a lo que está ocurriendo sobre el césped.
Para no verloAquí trinca dinero todo el mundo
Antes de que echara a rodar el balón en el Mundial, el tren que conecta Nueva York con el MetLife Stadium costaba apenas cinco dólares. Una bendición para los miles de aficionados... hasta que descubrieron, ya con el torneo en marcha, que el mismo trayecto había pasado a costar 98 dólares ida y vuelta. Un sablazo difícil de justificar y que muchos consideran uno de los grandes abusos del campeonato. Pero la cosa no termina ahí. En el Inglaterra-Panamá, la lluvia convirtió el estadio en un pequeño negocio improvisado. Decenas de vendedores aparecieron como por arte de magia ofreciendo chubasqueros a diez dólares la unidad. Y vendieron prácticamente todos. No había alternativa al estar el estadio al descubierto. En el Mundial de Estados Unidos hay una sensación que se repite casi cada día. Aquí, al menor descuido, siempre hay alguien dispuesto a hacer negocio. Por algo es el país de las oportunidades.
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