La opinión de José Luis Hurtado
Djokovic celebra su victoria ante Sinner. AP- JOSÉ LUIS HURTADO
- Compartir en Facebook
- Compartir en Twitter
- Compartir en Telegram
- Compartir en Whatsapp
- Compartir por Mail
Djokovic siempre pareció un entrometido. Era el tipo que se coló en una fiesta sin que nadie le llamara. Estaba el universo pendiente de los ramos de flores, horas, abrazos y lágrimas entre Nadal y Federer cuando de repente apareció un tenista serbio.
En Serbia, tierra de genios del baloncesto, el balonmano, el waterpolo, Djokovic era una anomalía, una novedad que ha evolucionado hacia la categoría divina. España
¿Quieres seguir leyendo?
Regístrate GRATIS¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión