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"La eterna coartada de un mal más profundo"

"La eterna coartada de un mal más profundo"
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La victoria del PSG volvió a estar salpicada de violencia en las calles de Francia. No es algo intrínseco a este deporte es la excusa de un país mal cosido
Champions LeagueLa eterna coartada de un mal más profundo

La victoria del PSG volvió a estar salpicada de violencia en las calles de Francia. No es algo intrínseco a este deporte es la excusa de un país mal cosido

Disturbios delante de la Torre Eiffel después de la victoria del PSGLAPRESSE
  • GERARDO RIQUELME
Actualizado 03/06/2026 - 10:39CESTMostrar comentarios3

Marquesinas destrozadas, contenedores de basura y coches incendiados, escaparates con los cristales reventados, comercios saqueados. Es el día después de que el PSG ganara su segunda Champions consecutiva. 890 detenidos, 178 agentes heridos, uno de ellos muy grave, y tres fallecidos. Un 45 por ciento más de apresados que en 2025. Violencia al alza en las calles de París.

Lo más preocupante de todo es que se conocía el resultado antes de que rodara el balón. Las grandes boutiques de los Campos Eliseos elevaron rejas para minimizar los destrozos. No se sabía qué iba a ocurrir en la cancha, pero sí en las calles. Daba igual ganar o perder. El fútbol no era la causa, era la excusa.

Su belleza arquitectónica disfraza al ojo del turista la realidad de una ciudad que no está bien cosida. O un país. Porque no es exclusivo de la capital. El pillaje se extendió a 15 ciudades.

Francia, así es, arrastra una fractura social que ningún triunfo deportivo va a frenar. La selección de Zidane del 98, que ganó, se quiso representar como símbolo de la identidad de la mezcla multirracial. El mismo combinado que fracasó en Sudáfrica 12 años más tarde, el de Jacquet, fue definido como la expresión de la desavenencia, algo más real en la sociedad gala: Te integro si marcas goles, te ignoro si buscas un trabajo. Un enfrentamiento racial y cultural que persiste desde 1962 tras la Guerra de Argelia.

El fútbol no genera violencia, aunque fabrica el caldo de cultivo. Pero no nos engañemos, si resolviéramos el problema de orden público de las celebraciones deportivas sin dilucidar antes las tensiones sociales de fondo, sólo moveríamos la violencia a otro escenario. Lo saben de sobra los políticos como Macron, que una vez más muestra su ineptitud. Las encuestas lo laminan a diario.

El problema es que los banlieues, de donde proceden la mayoría de camorristas, no son barrios periféricos, son guetos —además de cunas de estrellas como Mbappé, Benzema en Lyon o Zidane en Marsella —, gente que escenifica su descontento en este tipo de concentraciones. Franceses ya de tercera generación que no se sienten tal porque el estado nunca les ha ayudado.

El PSG ganó la Champions. París pagó la cuenta. Y el fútbol, una vez más, cargó con una culpa que seguramente no es suya. Pero, por su atracción, siempre termina prestando su nombre. 

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Fuente original: Leer en Marca
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