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Ana Milán: “¿Entrevistar a Dios? La Virgen María me resulta más interesante. Y doña Letizia, que es una mujer que no se ha dejado domesticar”

Ana Milán: “¿Entrevistar a Dios? La Virgen María me resulta más interesante. Y doña Letizia, que es una mujer que no se ha dejado domesticar”
Artículo Completo 1,343 palabras
"Las mujeres hemos aprendido antes a fingir orgasmos que a explicar lo que nos gustaba. Eso ha hecho daño a nuestro placer". "¿Si me ha gustado alguna mujer? Ha habido casi intentos de ‘dale, lánzate’… pero no. Me gusta la masculinidad, la energía masculina. Soy una heterobásica". "Es feo envejecer. No mola. Requiere mucho trabajo. Yo no quiero ser vieja. Nunca".

"El tamaño importa" | Ana Milán en 'Una hora con Lorena'

Opinión Una hora con Lorena Ana Milán: “¿Entrevistar a Dios? La Virgen María me resulta más interesante. Y doña Letizia, que es una mujer que no se ha dejado domesticar”

"Las mujeres hemos aprendido antes a fingir orgasmos que a explicar lo que nos gustaba. Eso ha hecho daño a nuestro placer".

"¿Si me ha gustado alguna mujer? Ha habido casi intentos de ‘dale, lánzate’… pero no. Me gusta la masculinidad, la energía masculina. Soy una heterobásica".

"Es feo envejecer. No mola. Requiere mucho trabajo. Yo no quiero ser vieja. Nunca".

Publicada 3 julio 2026 02:44h

Cuaderno de bitácora (una conversación también es un viaje)

5/6/2026

Hoy entrevisté a Ana Milán. Era mi primera invitada a ‘Una hora con Lorena’ y estaba nerviosa, pero nerviosa bien, quiero decir excitada por la vida, expectante como antes de una cita deseada. Una es, sobre todo, las personas a las que se alegra de ver.

Conozco a Ana desde hace años. ¿Cuántos? ¿Ocho, nueve? ¿Ya? Dios mío.

Pienso en la primera vez que la vi. Fue en una cena en el Asia Gallery, el viejo chino del Palace. Lo cerraron. En Madrid da igual a donde vayas, siempre hay un andamio y un taladro ahí afuera. Algo en derribo, algo en transformación. A veces pienso que están construyendo una ciudad encima de la ciudad en la que fuimos felices. Luego cambio de idea y pienso que es hermoso estar incompleto: quiere decir que aún tienes un propósito.

Yo de aquélla estaba incompleta (más que ahora: tenía más pecas y una inocencia renqueante) y me encontré con Ana, que es una mujer que te enseña a ser mujer, como leer a Almudena Grandes a los quince o como escuchar a Rocío Jurado con el primer café de la mañana: ya el día es otra cosa, ya la vida es otra cosa. Hay un traje que llenar. Hay que darle un meneo a una bata de cola real o imaginaria frente a los enemigos.

Ana Milán, conversadora profesional. Cristina Villarino.

Vi su poderío. Vi su gracia, su generosidad, su capacidad de juego. Menudo ping pong dialéctico manejaba. Te quedabas cuajado. Destilaba la clase natural de un guepardo, de una felina grande. Era rapidísima y tenía, como ahora, una intuición aterradora, desarmante. Yo sabía que me miraba y me veía por dentro. Mi abuela diría: “Esa ve hasta lo que está detrás de la nevera”.

Vea la entrevista completa en YouTube

Llevaba consigo un ángel con manto que se derramaba sobre la sala entera. El mundo era para ella. Hacía y deshacía. Era directora de orquesta. Nos rendimos, todos. Hasta el cocinero.

Las manos de Ana, la copa. Cristina Villarino.

Contemplé el despliegue de su inteligencia llena de memoria: encontré en ella a una mujer con una genealogía de mujeres dentro, con los hablares de la calle y los de la biblioteca, caminando firme sobre refranes y tacones puestos en punta, con una estela posible entre París y Sevilla y entre Carrie Bradshaw y Carmen Martín Gaite.

Qué sé yo: un híbrido misterioso de tantos lugares, de tantos colores, de tantas hembras fascinantes. ¿Quieres un Ferrari? Claro, pero, ¿sabrás conducir un Ferrari? Esa es la pregunta que hay que hacerse antes de amar a Ana Milán, incautos.

¿Aprendí? Mucho. ¿Me ubiqué? Viva. Si me veo floja me pongo un vídeo suyo y en un minuto de reel me siento atómica.

¿Ana es vulnerable? También. Y tiene ganas de dejarse serlo cuando la ocasión lo merece. Es pesada la armadura. No conozco a ninguna persona interesante de la que no intuya que ha sufrido. Una quería conocer el alma humana y fregarle todos los rincones, con lo que eso escuece.

Yo mirando a Ana bastante arrobada. Cristina Villarino.

¿Vamos armadas? Claro. Siempre llevamos pintalabios en el bolso. Por si acaso. Para besar a un hombre elegante. O para subrayar mejor la frase que había que decir en la noche. Para llamar amiga a la amiga y tonto a las tres al tonto a las tres. Para probar el vino blanco y tan frío. El labial rojo es como un grafiti. Es una firma de que una es, de que una resiste.

Yo sé que Ana ama a José de Ribera y al Bosco y a Caravaggio y a Tamara de Lempicka y sé que aunque no le gusta Picasso, una vez frente al Guernica le leyó a uno de los personajes del cuadro las líneas de la mano. Ella siempre ha mirado a donde nadie más mira.

Y actúa, y tiene un Ondas por su podcast La vida y tal, y llena teatros por todo el país, y va por la quinta edición de Bailando lo quitao: una novela (Planeta). Ana escribe tan bien como siente y como piensa, aunque ordenar las madejas del corazón llevó su tiempo. Pero espera, que después del éxito de Ex. La vida después, su programa de entrevistas en Cuatro, después de verano estrenará su nuevo programa de televisión, Asuntos propios, un talkshow para el prime time de Telecinco. Casi nada, hija.

Pienso que es un lujo estrenar este programa con una conversadora tan colosal, con una entrevistadora estrella. A Ana y a mí nos gustaba Jesús Quintero y su manera de preguntar como Aristóteles, como los psicoanalistas o como los niños: esa es nuestra escuela. La del humo y el piano de fondo y los grandes silencios, los grandes secretos. La complicidad diáfana de los que intentamos estudiar la vida mirándonos a la cara, porque las caras son mapas. Viva el ojo con ojo, muera el ojo por ojo.

Quintero decía que una entrevista consiste en “conducir al otro gentilmente a lo que es”. Yo quisiera hacer eso con esta sección y quisiera haberlo logrado hoy con Ana en la medida de su imposible, porque con ella acordé que las mujeres somos un laberinto, un bosque donde perderse. Donde perdernos.

Ana y yo durante la entrevista, con su libro 'Bailando lo quitao' en las manos. Cristina Villarino.

Hoy con Ana charlé sobre hombres (me contó que en su vida ha habido tres importantes) y sobre corazonadas y sobre todos los orgasmos que hemos fingido aquí, las primas. Hablamos sobre las chicas que nos gustaron un poco pero a las que nunca besamos, o sólo besamos.

Hablamos del “hedonismo, que es el único privilegio real del capitalismo que nos queda”. Con lo que le gusta a ella una paella y a mí el ácido úrico.

Hablamos de que el triunfo no es estar soltera: es estar soltera y que te guste tu vida.

Hablamos del tamaño de las cosas importantes (el cerebro, el sexo) y de la enfermedad de la presión estética.

Escuchando a Ana. Cristina Villarino.

Hablamos de inventar derechos: el derecho a cambiar de opinión o el derecho a pedir perdón y a ser perdonadas. Hablamos de envejecer. Hablamos de Manuel Vicent y de Antonio Gala y de Juan José Millás y de cuando cogió el mismo taxi que él bajo la lluvia…

Hablé de todo lo que pude, una vez más, con esta enciclopedia bárbara de amor, de humor y de cultura. Espero que ustedes lo disfruten. Esperamos estar a su altura. Bienvenidos a la hora con Ana Milán.

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