Carlo Ancelotti se enfrenta a la misión más complicada de toda su carrera... que le haría alcanzar el último escalón para desmarcarse de todos
- JOEL DEL RÍO Nueva York
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Juzgar solo la historia por el final es absurdo... porque es solo una parte. Lo bonito siempre es el camino y el de Carlo Ancelotti a los mandos del Madrid fue irrepetible. "En el fútbol, como en la vida, hay aventuras que empiezan y terminan", explicó el italiano en su adiós que fue capaz de acabar la obsesión de la Décima en su primera temporada. 12 años de sequía que Carlo se cargó de un plumazo. Así empezó el primer capítulo de la historia más bonita jamás contada en el mundo de fútbol versión clubes.
Ahora, lejos de Madrid, Ancelotti afronta un desafío completamente diferente. Quizá el más exigente de todos los que ha tenido delante. Por eso Brasil ha depositado en él toda su confianza. Porque si alguien ha demostrado una capacidad extraordinaria para gestionar la presión y competir al máximo nivel, es él. O lo que es lo mismo, hacer posible lo que parece imposible.
La pieza que completa el puzle
Sobre sus hombros descansa el peso de una generación entera. La Canarinha no levanta una Copa del Mundo desde 2002. 24 años de larga espera. Demasiado tiempo para un país que vive el fútbol con una pasión incomparable y que mide gran parte de su identidad deportiva a través de su selección. Y, antes de que eche a rodar el balón en el Mundial, el italiano ha dado el primer paso de su misión.
Ancelotti ha conseguido devolver tranquilidad a un grupo de jóvenes futbolistas que durante años convivieron con una presión asfixiante. Ha protegido a sus principales estrellas, les ha devuelto la sonrisa y ha logrado que vuelvan a disfrutar defendiendo la camiseta de su país. Pero sabe que eso no será suficiente. Brasil necesita recuperar su esencia sin renunciar al equilibrio. El talento ofensivo sigue siendo una de sus grandes fortalezas, aunque para alcanzar la cima será necesario algo más. Como resumió Raphinha: "Tenemos mucha fuerza ofensiva, pero solo con ataque no se gana una Copa del Mundo".
Sin embargo, el desafío de Ancelotti va mucho más allá. Para un entrenador que ya ha conquistado prácticamente todo a nivel de clubes, dirigir a Brasil no representa un simple cambio de escenario. Es la búsqueda del capítulo definitivo de una carrera extraordinaria. Su misión es doble. Debe devolver a Brasil al trono del fútbol mundial y, al mismo tiempo, romper una barrera histórica que permanece intacta desde hace casi un siglo. Ninguna selección ha conquistado un Mundial bajo la dirección de un entrenador extranjero.
El desafío que nadie ha superado
La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) decidió romper con una tradición centenaria para entregarle las llaves de su proyecto. La confianza es total. Tanto que la entidad blindó su apuesta pensando incluso más allá del próximo Mundial, convencida de que la estabilidad y el liderazgo del italiano son el camino para devolver a la selección a la élite.
La llegada de Ancelotti a Brasil le sitúa ante la oportunidad de alcanzar el último escalón de su carrera. El que podría separarle definitivamente de cualquier otro entrenador de la historia del fútbol. Porque los debates sobre la grandeza suelen girar alrededor de figuras como Pep Guardiola, Sir Alex Ferguson, Johan Cruyff o Luis Enrique, que se ha apuntado a la fiesta a última hora. Cada uno ha dejado una huella diferente en la historia del fútbol, pero la Copa del Mundo sigue siendo un territorio aparte.
Del mismo modo que el Mundial de Catar alteró para siempre la percepción de la rivalidad entre Messi y Cristiano Ronaldo, este torneo puede convertirse en el punto de inflexión definitivo para Ancelotti. Porque si logra devolver a Brasil a la cima, no solo habrá cumplido la misión que le encomendó un país de más de 200 millones de personas. Habrá conquistado la única cima que todavía le falta. La oportunidad de entrar al Olimpo y cerrar la puerta con llave.
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