- JAVIER AYUSO
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Los partidos mayoritarios saben que lo que suceda el 17 de mayo afectará de forma notable a las elecciones generales. Sánchez y Feijóo se juegan su credibilidad y se van a involucrar todo lo que les reclamen sus candidatos.
Las elecciones al Parlamento de Andalucía, convocadas para el 17 de mayo, no son solo unos comicios autonómicos. Son una especie de primera vuelta para unas generales, se celebren cuando se celebren, en las que Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo se jugarán su futuro político. En las tres citas anteriores (Extremadura, Aragón y Castilla y León), se ha repetido el mismo modelo: victoria insuficiente del PP para gobernar en solitario, derrota sin paliativos del PSOE, crecimiento de Vox hasta situarse como un aliado necesario e incómodo para los populares y autodestrucción de la izquierda alternativa.
Las urnas pondrán ahora a prueba a los dos partidos mayoritarios en la región más poblada de España, que fue el granero histórico del voto socialista. Gobernó cómodamente durante varias décadas en esa comunidad autónoma, hasta que en 2018 cayó hasta los 33 escaños con Susana Díaz (muy lejos de la mayoría de 55), y después hasta los 30 con Juan Espadas. Las encuestas le auguran peores resultados todavía este año, con una candidata, María Jesús Montero que, aunque conozca Andalucía, lleva mucho tiempo sin vivirla.
La primera mano de la partida la ha ganado el presidente andaluz, Juanma Moreno, al convocar por sorpresa las elecciones el tercer domingo de mayo, cuando todos esperaban que se celebraran entrado el mes de junio. El líder popular ha elegido esa fecha, entre la Feria de Sevilla y el Rocío, en busca de una mayor participación y para evitar la tentación de que el Gobierno planteara un superdomingo con las generales e incluso las catalanas. El PP sabe que su mejor baza es plantear los comicios en clave autonómica y huir del debate nacional.
Moreno es consciente, sin embargo, de que tiene que gestionar bien las expectativas creadas de mantener una mayoría absoluta que le permita evitar la presión y las exigencias de Vox. Para ello, debe conseguir movilizar a sus votantes, como ya hizo en 2022, manteniéndose en el centro político y centrando la campaña en su gestión durante los ocho últimos años. Necesita el voto de los jóvenes y las mujeres para repetir el éxito de hace cuatro años. Las encuestas le sitúan en torno a los 54 escaños, uno menos de la mayoría absoluta, por lo que necesita convencer a los varios cientos de miles de indecisos que todavía no se han pronunciado.
Históricamente, Andalucía ha sido una comunidad gobernada desde la centralidad. Tanto en los largos años en los que el PSOE ostentó el poder, como en las dos últimas legislaturas, el ambiente en la región ha estado mucho menos polarizado que en el Parlamento de España. Y Moreno representa esa centralidad y esa templanza que parece gustar a los andaluces.
Enfrente tendrá una candidata diametralmente opuesta a él. Montero representa la agresividad y vuelve a Sevilla con el estigma de haber sido la número dos de un Gobierno "vendido" a los independentistas catalanes, a los que ha prometido entregarles la llave de la caja fiscal, después de aceptar un modelo de financiación autonómica redactado en Barcelona y que penaliza al resto de las regiones, incluida Andalucía.
En tercera persona
Ella lo sabe y, probablemente por eso, arrancó el lunes la precampaña de una manera especialmente radical. Se equivoca, sin duda, por ese espíritu conciliador andaluz. Eso sin contar con el numerito de hablar de ella misma en tercera persona y autocalificarse como "la mujer con más poder en el conjunto de la democracia". La respuesta no se ha hecho esperar en forma de una pregunta: ¿si es tan poderosa por qué no ha sido capaz de aprobar ni un solo presupuesto en esta legislatura?
Pero ella es así y no está dispuesta a renunciar a su forma de ser. Va a desarrollar una estrategia electoral basada en el choque con los populares, la denuncia de sus privatizaciones (el lema de "defiende lo público") y todas las bazas que le puedan dar desde Ferraz y desde La Moncloa, empezando por el "No a la guerra" y la presencia del presidente en el mayor número de mítines posible. Sánchez ejercerá prácticamente de candidato, en apoyo a su vicepresidenta, porque ella misma ha dicho que "nos jugamos la vida en estas elecciones".
La movilización es también importante para el PSOE.Los datos muestran que los andaluces votan más en las elecciones generales que en las autonómicas; y, sobre todo, con los socialistas. Valga como muestra que en julio de 2023 les votaron 1.458.264 personas, frente a las 888.325 que lo hicieron en las regionales de 2022. Montero quiere movilizar a ese medio millón largo de electores para frenar la sangría de los últimos años. Las encuestas le auguran un peor resultado que en 2022, aunque todavía no ha comenzado la campaña y el Gobierno está dispuesto a poner toda la carne en el asador.
Tanto los populares como los socialistas dependerán de los votos que sean capaces de arrancar a sus posibles socios a su derecha e izquierda.El PP sigue mirando con preocupación el ascenso de Vox en las otras tres comunidades autónomas, mientras que el PSOE tiene la esperanza de aprovechar la desunión de los partidos a su izquierda para que sus electores elijan su papeleta.
Vox obtuvo unos muy buenos resultados en Extremadura y Aragón, pero sufrió un ligero frenazo en su crecimiento en Castilla y León. El partido se encuentra en plena crisis interna, con algunos de sus líderes históricos apeados de sus puestos por la dirección nacional y que han empezado a acusar a Santiago Abascal no solo de actuar de forma autoritaria, sino también de haber convertido el partido en un buen negocio para él y sus más fieles colaboradores. El partido verde sigue sin candidato; algo que tampoco importa mucho, porque en las tres elecciones de los últimos meses se han presentado líderes totalmente desconocidos. Cuentan con el activo electoral de su presidente, con sus agresivos planteamientos antisistema que movilizan el voto de la ira. Habrá que ver cuál es su techo, porque Moreno aspira a mantener la hegemonía en la derecha y revalidar su mayoría absoluta.
A la izquierda del PSOE la situación es mucho más delicada. A día de hoy, las tres formaciones de ese bando siguen sin conseguir un proyecto común que impida que los votos recibidos acaben en la basura, como ha ocurrido en otras comunidades autónomas. Podemos, Por Andalucía y Adelante Andalucía no dan muestras de cerrar una candidatura unitaria que les permita recuperar la fuerza que consiguieron en su día. Y no será por falta de candidatos, porque es una región que históricamente ha tenido buenos líderes en la izquierda. Tienen hasta el Viernes Santo para lograr un acuerdo o volverse a suicidar políticamente. Algo que no le importaría al PSOE, si les sirve para pescar en ese caladero.
Empieza una campaña para unas elecciones muy importantes para el futuro político en España. Los dos partidos mayoritarios saben que lo que suceda el 17 de mayo afectará de forma notable a las elecciones generales. Sánchez y Feijóo se juegan su credibilidad y se van a involucrar todo lo que les reclamen sus candidatos. Moreno buscará una estrategia regional y moderada, mientras que Montero irá al choque y al debate en clave nacional. La centralidad y la templanza frente a la tensión y la agresividad.
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