Anduril y Meta se alían. Lo que comenzó como una carrera por conquistar el "metaverso" con dispositivos como las Quest se ha transformado en algo muy distinto. En concreto, en un contrato de 159 millones de dólares que Anduril y Meta han firmado conjuntamente para desarrollar unas gafas inteligentes que potencien la capacidad operativa de los soldados en el campo de batalla. Ese proyecto conjunto se está desarrollando en paralelo con el casco de Anduril con sistema de visión asistida, llamado EagleEye.
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Guerra hecha videojuego. Estas gafas de realidad aumentado proporcionan al soldado un sistema integrado que teóricamente muestran un mapa, identifican perfiles de vehículos enemigos, calculan distancia de tiro, procesa amenazas en tiempo real y superpone datos tácticos sobre el entorno físico de quien las lleva. La visión de futuro de estas empresas es la de añadir funciones especiales, como por ejemplo poder ordenar un ataque con drones gracias al seguimiento de la vista y a comandos de voz. La guerra hecha videojuego.
De consumidores a soldados. Resulta irónico que una tecnología que originalmente se aprovechó para aplicaciones de entretenimiento acabe teniendo un propósito militar. Anduril aporta su plataforma software, llamada Lattice, que actúa como el "cerebro" del sistema, fusionando los datos que captan las gafas con los que llegan del resto de la red del campo de batalla.
El desafío ético. Si una IA decide qué es un objetivo y lo muestra destacado en las gafas del soldado, ¿se reduce el margen para el error humano o simplemente estamos automatizando la violencia? Esta gamificación de la guerra es cada vez mayor y el peligro es evidente: tratar un entorno de combate casi como si fuera un videojuego puede dificultar la distinción entre civiles y combatientes, por ejemplo.
Si el metaverso no cuaja... Meta tiene aquí una oportunidad para recuperar parte de la gigantesca inversión que ha realizado en el ámbito de la realidad virtual y aumentada. Tras perder decenas de miles de millones de dólares con el metaverso, Mark Zuckerberg ha decidido dejar estas soluciones en segundo plano en el mercado de los usuarios finales. Y también ha visto claro que sus avances podrían tener una aplicación militar muy jugosa.
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El factor geopolítico. No hay duda que tanto en Silicon Valley como en el resto del mundo hay una demanda enorme de nuevas soluciones tecnológicas aplicadas al campo de batalla. Los conflictos que se han producido en los últimos años han hecho que se disparen los presupuestos para defensa, y aquí tanto Anduril como Meta han querido aprovechar su oportunidad.
Microsoft perdió su oportunidad. En Redmond tenían un producto fantástico con las Hololens, pero su papel en el segmento del usuario final jamás quedó claro, y la empresa lo reorientó a las empresas primeras y luego al sector militar. Aquí el fracaso fue enorme a pesar de la inversión de 22.000 millones de dólares que el Ejército de EEUU realizó en este ámbito. Meta y Anduril han querido coger el testigo, pero no estarán solas: empresas como Rivet o Elbit tienen proyectos que compiten por convertirse en las nuevas "armas" del soldado del futuro.
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Anduril y Meta tienen una nueva e inquietante obsesión: convertir a las gafas inteligentes en instrumentos de guerra
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Javier Pastor
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Anduril y Meta tienen una nueva e inquietante obsesión: convertir a las gafas inteligentes en instrumentos de guerra
Las gafas de realidad aumentada que nacieron como una solució de entretenimiento se están trasladando al campo de batalla
Anduril y Meta se alían. Lo que comenzó como una carrera por conquistar el "metaverso" con dispositivos como las Quest se ha transformado en algo muy distinto. En concreto, en un contrato de 159 millones de dólares que Anduril y Meta han firmado conjuntamente para desarrollar unas gafas inteligentes que potencien la capacidad operativa de los soldados en el campo de batalla. Ese proyecto conjunto se está desarrollando en paralelo con el casco de Anduril con sistema de visión asistida, llamado EagleEye.
Guerra hecha videojuego. Estas gafas de realidad aumentado proporcionan al soldado un sistema integrado que teóricamente muestran un mapa, identifican perfiles de vehículos enemigos, calculan distancia de tiro, procesa amenazas en tiempo real y superpone datos tácticos sobre el entorno físico de quien las lleva. La visión de futuro de estas empresas es la de añadir funciones especiales, como por ejemplo poder ordenar un ataque con drones gracias al seguimiento de la vista y a comandos de voz. La guerra hecha videojuego.
De consumidores a soldados. Resulta irónico que una tecnología que originalmente se aprovechó para aplicaciones de entretenimiento acabe teniendo un propósito militar. Anduril aporta su plataforma software, llamada Lattice, que actúa como el "cerebro" del sistema, fusionando los datos que captan las gafas con los que llegan del resto de la red del campo de batalla.
El desafío ético. Si una IA decide qué es un objetivo y lo muestra destacado en las gafas del soldado, ¿se reduce el margen para el error humano o simplemente estamos automatizando la violencia? Esta gamificación de la guerra es cada vez mayor y el peligro es evidente: tratar un entorno de combate casi como si fuera un videojuego puede dificultar la distinción entre civiles y combatientes, por ejemplo.
Si el metaverso no cuaja... Meta tiene aquí una oportunidad para recuperar parte de la gigantesca inversión que ha realizado en el ámbito de la realidad virtual y aumentada. Tras perder decenas de miles de millones de dólares con el metaverso, Mark Zuckerberg ha decidido dejar estas soluciones en segundo plano en el mercado de los usuarios finales. Y también ha visto claro que sus avances podrían tener una aplicación militar muy jugosa.
El factor geopolítico. No hay duda que tanto en Silicon Valley como en el resto del mundo hay una demanda enorme de nuevas soluciones tecnológicas aplicadas al campo de batalla. Los conflictos que se han producido en los últimos años han hecho que se disparen los presupuestos para defensa, y aquí tanto Anduril como Meta han querido aprovechar su oportunidad.
Microsoft perdió su oportunidad. En Redmond tenían un producto fantástico con las Hololens, pero su papel en el segmento del usuario final jamás quedó claro, y la empresa lo reorientó a las empresas primeras y luego al sector militar. Aquí el fracaso fue enorme a pesar de la inversión de 22.000 millones de dólares que el Ejército de EEUU realizó en este ámbito. Meta y Anduril han querido coger el testigo, pero no estarán solas: empresas como Rivet o Elbit tienen proyectos que compiten por convertirse en las nuevas "armas" del soldado del futuro.