Japón afronta un desafío sin precedentes. Por un lado, la escasez de mano de obra ha obligado a las empresas a replantear sus políticas laborales si quieren aprovechar el periodo de bonanza económica que les plantea el futuro. Por otro lado, su baja tasa de natalidad choca frontalmente con el problema de la escasez de mano de obra, puesto que deberían prescindir (al menos temporalmente) de la mitad femenina de su masa laboral. Todo un dilema.
La complicada situación demográfica ha obligado a las empresas japonesas a considerar una medida inédita en las dos últimas décadas: igualar los salarios entre hombres y mujeres.
Dos pájaros de un tiro. Mientras que en EEUU se han revertido o limitado las políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI), Japón ha optado por tomar el camino opuesto e igualar los salarios entre hombres y mujeres para atraer al talento femenino e incentivar sus carreras profesionales.
Además del punto de vista práctico de atraer a una mano de obra cualificada que escasea, este cambio también responde a otros motivos económicos. Japón está acaparando buena parte de las inversiones con criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) que están saliendo de EEUU tras la llegada de Trump a la Casa Blanca. Por ambos motivos, firmas financieras niponas como la aseguradora Nippon Life Insurance o el banco MUFG han eliminado categorías profesionales administrativas ocupadas mayoritariamente por mujeres, en las que se cobraba entre el 39% y el 50% de un salario masculino.
En Xataka
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Dos décadas de discriminación salarial. Durante los últimos veinte años, las mujeres japonesas han cobrado menos que los hombres por realizar el mismo trabajo. Según datos del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar Social de 2026, de media las mujeres ganaron en 2024 solo el 75,8% del salario de los hombres. En prefecturas como Tochigi, la brecha es aún mayor, con las mujeres percibiendo apenas el 70% del salario masculino. Por ponerlo en contexto, la brecha salarial entre hombres y mujeres en los países de la OCDE se situaba en torno al 11%, mientras que los datos de 2023 apuntan a que en Japón esa brecha había crecido del 21,3% al 22%.
Esta discriminación tiene raíces profundas en el sistema laboral japonés. Tradicionalmente, las empresas ofrecían a los hombres empleos de por vida con promociones y aumentos salariales ligados a su antigüedad. Las mujeres, al convertirse en madres, eran empujadas hacia trabajos temporales o de media jornada, con menores ingresos y escasas oportunidades de ascenso. Este fenómeno, conocido como la "curva en L", refleja la caída abrupta de la participación y el salario femenino tras la maternidad, dificultando su reincorporación a puestos de responsabilidad en las empresas.
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Sin mano de obra. Japón sufre una grave escasez de mano de obra. Un estudio del Instituto Recruit Works, estima una escasez de 11 millones de trabajadores en 2040. El envejecimiento de la población y la disminución de la natalidad han reducido la fuerza laboral disponible, y las previsiones apuntan a que la oferta laboral descenderá de 65,87 millones de trabajadores que había en 2022 a 57,67 millones en 2040, haciendo imprescindible aprovechar el potencial femenino para mantener la productividad y el crecimiento económico.
Eso ha obligado a las empresas japonesas a reconsiderar sus políticas laborales para atraer a más mujeres, ofreciéndoles el mismo salario que a los hombres para incentivar su vuelta al mercado laboral tras su maternidad, y retomar su carrera profesional ofreciendo igualdad también en los ascensos y recompensas por antigüedad.
Más que salario: conciliación familiar. La mujer tiene un rol muy marcado en la cultura japonesa con respecto al cuidado de los hijos. Los estudios oficiales apuntan a que igualar los salarios no es suficiente para atraer y retener a las trabajadoras. Las empresas japonesas han comenzado a ofrecer medidas de conciliación laboral, como jornadas reducidas y opciones de teletrabajo, para que las mujeres puedan cuidar de sus hijos sin renunciar a su carrera profesional.
En ciudades como Tokio, se han implementado jornadas laborales más cortas y la semana laboral de cuatro días para sus empleados, con el objetivo de incentivar la natalidad y facilitar la conciliación familiar. La equiparación salarial puede favorecer la adopción de estas medidas a otras regiones del país, permitiendo que más mujeres accedan a empleos estables sin sacrificar su vida familiar.
Una versión de este artículo se publicó en abril de 2025.
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Imagen | Unsplash (EMANUELE Ricciardi)
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La noticia
Ante la escasez de mano de obra, Japón ha tomado una medida inédita en las dos últimas décadas: pagar lo mismo a las mujeres
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Xataka
por
Rubén Andrés
.
Ante la escasez de mano de obra, Japón ha tomado una medida inédita en las dos últimas décadas: pagar lo mismo a las mujeres
Las mujeres japonesas cobran de media el 74,8% del salario masculino
La falta de mano de obra ha llevado a las empresas a revisar décadas de desigualdad: van a pagar el mismo salario a hombres que a mujeres
Japón afronta un desafío sin precedentes. Por un lado, la escasez de mano de obra ha obligado a las empresas a replantear sus políticas laborales si quieren aprovechar el periodo de bonanza económica que les plantea el futuro. Por otro lado, su baja tasa de natalidad choca frontalmente con el problema de la escasez de mano de obra, puesto que deberían prescindir (al menos temporalmente) de la mitad femenina de su masa laboral. Todo un dilema.
La complicada situación demográfica ha obligado a las empresas japonesas a considerar una medida inédita en las dos últimas décadas: igualar los salarios entre hombres y mujeres.
Dos pájaros de un tiro. Mientras que en EEUU se han revertido o limitado las políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI), Japón ha optado por tomar el camino opuesto e igualar los salarios entre hombres y mujeres para atraer al talento femenino e incentivar sus carreras profesionales.
Además del punto de vista práctico de atraer a una mano de obra cualificada que escasea, este cambio también responde a otros motivos económicos. Japón está acaparando buena parte de las inversiones con criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) que están saliendo de EEUU tras la llegada de Trump a la Casa Blanca. Por ambos motivos, firmas financieras niponas como la aseguradora Nippon Life Insurance o el banco MUFG han eliminado categorías profesionales administrativas ocupadas mayoritariamente por mujeres, en las que se cobraba entre el 39% y el 50% de un salario masculino.
Dos décadas de discriminación salarial. Durante los últimos veinte años, las mujeres japonesas han cobrado menos que los hombres por realizar el mismo trabajo. Según datos del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar Social de 2026, de media las mujeres ganaron en 2024 solo el 75,8% del salario de los hombres. En prefecturas como Tochigi, la brecha es aún mayor, con las mujeres percibiendo apenas el 70% del salario masculino. Por ponerlo en contexto, la brecha salarial entre hombres y mujeres en los países de la OCDE se situaba en torno al 11%, mientras que los datos de 2023 apuntan a que en Japón esa brecha había crecido del 21,3% al 22%.
Esta discriminación tiene raíces profundas en el sistema laboral japonés. Tradicionalmente, las empresas ofrecían a los hombres empleos de por vida con promociones y aumentos salariales ligados a su antigüedad. Las mujeres, al convertirse en madres, eran empujadas hacia trabajos temporales o de media jornada, con menores ingresos y escasas oportunidades de ascenso. Este fenómeno, conocido como la "curva en L", refleja la caída abrupta de la participación y el salario femenino tras la maternidad, dificultando su reincorporación a puestos de responsabilidad en las empresas.
Sin mano de obra. Japón sufre una grave escasez de mano de obra. Un estudio del Instituto Recruit Works, estima una escasez de 11 millones de trabajadores en 2040. El envejecimiento de la población y la disminución de la natalidad han reducido la fuerza laboral disponible, y las previsiones apuntan a que la oferta laboral descenderá de 65,87 millones de trabajadores que había en 2022 a 57,67 millones en 2040, haciendo imprescindible aprovechar el potencial femenino para mantener la productividad y el crecimiento económico.
Eso ha obligado a las empresas japonesas a reconsiderar sus políticas laborales para atraer a más mujeres, ofreciéndoles el mismo salario que a los hombres para incentivar su vuelta al mercado laboral tras su maternidad, y retomar su carrera profesional ofreciendo igualdad también en los ascensos y recompensas por antigüedad.
Más que salario: conciliación familiar. La mujer tiene un rol muy marcado en la cultura japonesa con respecto al cuidado de los hijos. Los estudios oficiales apuntan a que igualar los salarios no es suficiente para atraer y retener a las trabajadoras. Las empresas japonesas han comenzado a ofrecer medidas de conciliación laboral, como jornadas reducidas y opciones de teletrabajo, para que las mujeres puedan cuidar de sus hijos sin renunciar a su carrera profesional.
En ciudades como Tokio, se han implementado jornadas laborales más cortas y la semana laboral de cuatro días para sus empleados, con el objetivo de incentivar la natalidad y facilitar la conciliación familiar. La equiparación salarial puede favorecer la adopción de estas medidas a otras regiones del país, permitiendo que más mujeres accedan a empleos estables sin sacrificar su vida familiar.
Una versión de este artículo se publicó en abril de 2025.