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«Antes tardaba 30 minutos en llegar a Málaga; ahora, casi una hora»

«Antes tardaba 30 minutos en llegar a Málaga; ahora, casi una hora»
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Vecinos de Cártama, Coín y Alhaurín el Grande relatan cómo el aumento del tráfico ha cambiado sus rutinas laborales

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Atascos recurrentes en la A-357 dirección a Málaga. Cristina Jiménez «Antes tardaba 30 minutos en llegar a Málaga; ahora, casi una hora»

Vecinos de Cártama, Coín y Alhaurín el Grande relatan cómo el aumento del tráfico ha cambiado sus rutinas laborales

Julio J. Portabales

Sábado, 17 de enero 2026, 13:36

... las retenciones que cada mañana se repiten en la A-357, la A-355 o la MA-3304 hay miles de desplazamientos cotidianos condicionados por el reloj. Trabajadores que adelantan la alarma, familias que reorganizan sus horarios y trayectos que, en pocos años, se han alargado de forma notable.

La falta de una conexión directa de Alhaurín el Grande con una autovía condiciona buena parte de esos desplazamientos. La MA-3304, que enlaza el municipio con Cártama, soporta un tráfico intenso a primera hora, con limitaciones de velocidad, controles y la presencia de vehículos pesados. «Hay miedo a los radares, se va más lento y eso genera adelantamientos peligrosos y accidentes», relata Cordero, que apunta a este tramo como uno de los más conflictivos del recorrido.

Miguel Ángel Cordero, vecino de Alhaurín el Grande

«En la MA-3304 hay miedo a los radares, se va más lento y eso genera adelantamientos peligrosos y accidentes»

Desde Cártama, José María Veda vive una situación similar. Trabaja en Málaga capital y ha tenido que modificar sus rutinas para esquivar las horas más críticas. «Antes salía con media hora o cuarenta minutos y llegaba bien. Ahora tengo que salir al menos una hora antes para tardar lo mismo», explica. Según su experiencia, el momento más complicado se concentra entre las siete y media y las ocho de la mañana, cuando confluyen los flujos procedentes de varios municipios del Guadalhorce y la entrada a Málaga se convierte en un cuello de botella.

Veda señala especialmente el entorno del PTA y los accesos desde Santa Rosalía-Maqueda como puntos donde las retenciones se intensifican. «Entre el volumen de coches y los accidentes que hay muchas veces, esto se vuelve inviable», afirma. En su caso, llegar tarde dejó de ser una excepción para convertirse en un riesgo cotidiano si no adelanta la salida de casa.

José María Veda, vecino de Cártama

«Antes salía con media hora o cuarenta minutos y llegaba bien. Ahora tengo que salir al menos una hora antes para tardar lo mismo»

La incertidumbre

En Coín, Alicia Luque describe una rutina marcada por la incertidumbre. «Sin atasco llego al PTA en unos 25 minutos; como haya caravana, una hora no me la quita nadie», cuenta. Su jornada laboral comienza antes de las ocho, lo que le obliga a incorporarse a la A-357 cuando ya se acumulan vehículos procedentes no solo de Coín, sino también de Álora, Pizarra y otros municipios del interior.

Luque reconoce que la A-355, que conecta Coín con Marbella, ha mejorado en seguridad tras la instalación de radares y señalización, pero sitúa el verdadero problema una vez que el tráfico desemboca en la autovía del Guadalhorce. «Desde las siete y cuarto ya hay caravana, y a las nueve y media sigue habiéndola», lamenta. A su juicio, las obras y reducciones de carril en los accesos a Málaga han agravado un problema estructural que no se ha adaptado al aumento de población.

Alicia Luque, vecina de Coín

«Desde las siete y cuarto ya hay caravana, y a las nueve y media sigue habiéndola»

Ese crecimiento es un elemento que aparece de forma recurrente en los testimonios. Los tres coinciden en vincular el aumento del tráfico al encarecimiento de la vivienda en Málaga capital y la Costa del Sol. «La gente no puede permitirse vivir en Málaga y se viene al interior», señala Cordero. «Prefieren una casa más grande y asumible, aunque eso signifique pasar más tiempo en la carretera».

La alternativa del transporte público tampoco se percibe como una solución real para muchos de ellos. Los horarios del Cercanías o de los autobuses no siempre encajan con las jornadas laborales, y las conexiones finales hasta los centros de trabajo resultan limitadas. «Dejo el coche en la estación, pero luego no tengo un transporte que me lleve a mi puesto por horarios», apunta Cordero, que considera que el coche sigue siendo, en la práctica, la única opción viable.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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