Los hutíes, aliados de Teherán, se hicieron durante el fin de semana con el control de toda la costa del mar Rojo y eso les concede la capacidad de cerrar Bab el Mandeb si lo desean, la puerta de entrada al Canal de Suez. El Ministerio de Exteriores de los rebeldes insistió en que la navegación sigue siendo segura en el estrecho y acusó a los saudíes de intentar «engañar a la comunidad internacional» sobre la situación en esta vía marítima. «Si el mundo desea estabilidad y calma en la región, debe decirle a Arabia Saudí: Basta de interferir en los asuntos de Yemen», señaló el Ministerio hutí. Los medios cercanos al grupo rebelde aseguraron que 85 barcos atravesaron Bab el Mandeb en menos de 72 horas, cifra que según la agencia Saba equivale al 96 por ciento del tráfico normal.
Analistas saudíes como Jameel Altheyabi apuntaron en sus artículos a la república islámica como el gran enemigo en la sombra. «Hacer frente al proyecto iraní-hutí es una necesidad urgente (…) Irán pretende cercar toda la región del Golfo cerrando el estrecho de Ormuz y lanzando ataques con drones y misiles balísticos, mientras al mismo tiempo alimenta la inestabilidad en países árabes como Líbano, Siria e Irak. También incita a sus aliados y agentes en esos países a socavar los esfuerzos para alcanzar acuerdos, fomentando las tensiones y divisiones sectarias», apuntó Altheyabi en su columna de 'Saudi Gazette'.
Explosión en un carguero
La aparente normalidad en el estrecho yemení contrasta con el bloqueo de Ormuz, donde otro petrolero sufrió una explosión. Los medios oficiales iraníes informaron de que un buque explotó y se incendió después de impactar con minas en el estrecho. La Armada de Omán informó del rescate de 23 marineros y de la puesta en marcha de una operación para la búsqueda de dos tripulantes desaparecidos.
Antes de que Donald Trump y Benjamín Netanyahu lanzaran la guerra sorpresa contra la república islámica el 28 de febrero, por el estrecho de Ormuz pasaban normalmente unos 125 grandes buques comerciales al día, que transportaban una quinta parte de los suministros mundiales de petróleo crudo y gas natural licuado. El tráfico se ha hundido y el lunes, según los datos de la compañía de análisis marítimo Kpler, solo cruzaron cuatro cargueros.
Trump afirmó que los iraníes quieren un acuerdo «rápida y desesperadamente», pero esa no es la sensación que transmite Teherán, que rechazó retomar conversaciones con Estados Unidos hasta que cumpla lo acordado en el memorando de entendimiento firmado en junio. Mohsen Rezaei, responsable del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, advirtió contra la posibilidad de dejarse distraer por los mensajes contradictorios de Trump. Rezaei dijo que «lo que está en juego en torno al petróleo y los estrechos ha cambiado. Intentar controlar los daños no detendrá lo que está por venir».
Hay un pulso en todo lo alto entre Trump y Teherán por ver quién aguanta más en la guerra del petróleo. Las sanciones asfixian al régimen islámico y el bloqueo de los estrechos, a los bolsillos de quienes tienen que llenar el depósito de sus vehículos en todo el mundo.
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