Arcadi España (Carcaixent, 1974) siempre está ahí. En silencio, en segundo plano, a la sombra del poder, como buen hombre de partido que sabe manejarse entre bambalinas, que domina el aparato y que controla más de lo que dice y, sobre todo, aparenta. El nuevo ministro de Hacienda, que tras la caída del gobierno de izquierdas valenciano en 2023 supo hacerse un hueco en Madrid como secretario de Estado de Política Territorial, vuelve a ganar cuota de poder en La Moncloa.
Considerado por muchos el delfín de Ximo Puig, hay quien cree que este economista nunca figuró en realidad en las quinielas por sucederle. Pero era indudable la influencia que tenía sobre el político castellonense, hoy embajador de España ante la OCDE. Durante años, España fue su jefe de gabinete en la Generalitat, hasta que, de nuevo, Puig lo sacó de la sombra para ascenderlo a consejero autonómico. Primero de Política Territorial y luego de Hacienda.
Arcadi España, en su toma de posesión en 2019 como consejero del Gobierno de Ximo Puig.J. CUÉLLARDe familia de tradición socialista, España se convirtió en la voz valenciana que batalló frente a María Jesús Montero por la reforma del modelo de financiación autonómica. A España le tocó defender una y otra vez en Madrid que la Comunidad Valenciana era una de las regiones más infrafinanciadas de España. Abogó, por tanto, por el concepto de población ajustada que no gusta a las regiones más despobladas.
De hecho, hizo suya la propuesta de un fondo de nivelación que equiparase a la Comunidad Valenciana con la media de las comunidades mientras el Ministerio de Hacienda no lograse cambiar el sistema de reparto de fondos. Dejó la cartera de Hacienda sin haber logrado, sin embargo, una mejora de los fondos para la Comunidad Valenciana, si bien en los últimos años ha defendido la financiación singular de Cataluña.
Como ministro, su reto será cuadrar el círculo para contentar a todas las comunidades, a pesar de que como consejero autonómico llegó a criticar a las que se sentían "cómodas" con un sistema caducado y que, por tanto, no tenían ninguna prisa por cambiarlo.
De talante conciliador y dialogante, a España lo definen sus más allegados como un político moderado, con capacidad para negociar a una y otra banda y que, sobre todo, rehúye polémicas. Lo demostró, de hecho, cuando tuvo que cuadrar las cuentas valencianas atendiendo a las exigencias de Compromís, pero firmando también las rebajas fiscales que aprobó Ximo Puig que tanto enfadaron a sus socios de gobierno. Para los presupuestos de la Generalitat, eso sí, no tuvo problemas en incorporar la llamada partida reivindicativa, es decir, los más de 1.300 millones de ingresos ficticios que se consideraba que la Comunidad Valenciana debía recibir de más.
Su ascenso no hace sino reforzar el poder orgánico del socialismo valenciano, tras el nombramiento de Rebeca Torró como secretaria de Organización del PSOE o el de Pilar Bernabé como secretaria de Igualdad. A partir de ahora se sentará en el Consejo de Ministros en el que ya tenía un puesto la también valenciana Diana Morant.