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¿Argumentos o consignas?

¿Argumentos o consignas?
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Quien está dispuesto a seguir un argumentario es porque en algún momento decidió dejar de pensar por su cuenta
¿Argumentos o consignas?

Quien está dispuesto a seguir un argumentario es porque en algún momento decidió dejar de pensar por su cuenta

Regala esta noticia Añádenos en Google Pedro Sánchez, durante la presentación de una campaña institucional. (Chema Moya / Efe)

Manuel Cruz

01/07/2026 a las 00:02h.

Reconozco que mantengo una peculiar relación con ese artefacto teórico-político denominado argumentario, habitual en los partidos, que los elaboran para distribuirlos entre sus militantes ... y cuadros con objeto de que luego estos hagan uso de ellos en su quehacer diario correspondiente.

Pero, por otro, los argumentarios me generan una extraña sensación, a medio camino entre la ternura y la vergüenza ajena. La primera tiene que ver con la constatación de la ingenuidad con la que quienes elaboran tales piezas creen que, con la mera enunciación de los mensajes, persuadirán a sus receptores. El alipori me lo produce la pasmosa inconsistencia de las afirmaciones que se pretende difundir. Como muestra, un botón. No han faltado analistas que han señalado las fases por las que pasan los argumentarios de las formaciones políticas cuando sufren una denuncia por corrupción. Primero se niegan rotundamente los hechos, luego se denuncia el desigual trato por parte de quienes investigan y juzgan, y finalmente se circunscribe la responsabilidad a unos pocos casos aislados que en modo alguno representan a la organización, la cual no solo no participaba en absoluto en tales comportamientos, sino que, además, era por completo ignorante de su existencia. Repárese en que cada una de estas fases niega o invalida la anterior, por lo que el hecho de que abunden los que transitan, con acrítica ligereza, de una a otra sin el menor conflicto interior resulta francamente inquietante.

En realidad, los argumentarios no reflejan lo que sus autores piensan, sino lo que quieren que piensen sus destinatarios. ¿Qué es entonces lo que ellos piensan realmente? Quizá no piensen nada en absoluto porque conciban los argumentos como meras herramientas de movilización, pero no de conocimiento. ¿Y qué decir respecto a los segundos? Pues que quien está dispuesto a seguir un argumentario es porque en algún momento, en el fondo de su corazoncito, decidió dejar de pensar por su cuenta.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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