El alienígena Wembanyama busca su primer campeonato ante unos Knicks que no lo consiguen desde hace 53 años
Victor Wembanyama, durante un entrenamiento previo a la final de la NBA.LAPRESSE- JOIRGE QUIROGA
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En 1999 los San Antonio Spurs y los New York Knicks se enfrentaban en la final de la NBA. Aquel título ganado por los tejanos, 4-1, fue calificado por Phil Jackson como el del asterisco, algo que no gustó nada en San Antonio, y que hacía referencia a la temporada recortada por el ‘lockout’ hasta los 50 partidos.
Pero ese año en el que los Knicks llegaban a su segunda final desde su último título en 1973, y que perdieron igual que la de 1994, se iba a convertir en el inicio de una era, la de los Spurs de Tim Duncan: cinco anillos entre el 99 y el 2014.
Karl-Anthony Towns bromea durante un entrenamiento con un sombrero texano.LAPRESSEEste año, en estas Finales, la NBA puede estar asistiendo al nacimiento de otra era: la de los Spurs de Victor Wembanyama. La sensación en la Liga era que los Spurs del fenómeno francés iban a ganar un anillo, sólo faltaba saber cuándo. Y podría ser ya, si las Finales nos les llegan demasiado pronto. Y desde ahí, meternos de lleno en una posible hegemonía tejana, como ocurrió tras 1999.
Pero si el resultado fuera otro, es decir, la victoria de los Knicks, la historia también se estaría reescribiendo. Nueva York no gana un anillo desde 1973, es decir, 53 años, más de medio siglo. Como aperitivo ya ganaron la Copa en 2025, precisamente en la final ante los Spurs, 134-132, y podrían ser el primer equipo de la historia en hacer doblete en la misma temporada.
Las defensas, clave
En 1999 la anotación media del 4-1 de los Spurs fue de 85-80. Sin ir más lejos, este año los Knicks han llegado a 80 al medio tiempo en dos de sus partidos de Playoffs y nadie espera marcadores bajos. Pero las defensas van a ser claves porque de lo que se trata es de minimizar las extraordinarias armas ofensivas que tienen los dos equipos.
La pregunta es ¿cómo intentará frenar Nueva York a ‘Wemby’? En principio si Mike Brown se inclina por la vía del pívot, Karl-Anthony Towns y Mitchell Robinson, duda por una lesión en un dedo, serán los elegidos. Pero los Knicks no se pueden permitir el lujo de que KAT se cargue de faltas. La otra opción es la de AG Onunoby, más móvil, pero más bajo.
Panorámica del Frost Bank Center de San Antonio durante los entrenamientos previos a la final de la NBA.LAPRESSEEn el caso de los Spurs, todo indica que sobre Jalen Brunson, el faro de los Knicks, se colocará Stephon Castle, que ya atormentó a Shai Gilgeous-Alexander en las Finales de la Conferencia Oeste.
Spurs para rato
Cuando los Spurs perdieron la Final de Copa, Mitch Johnson dijo entonces: “Hoy hemos aprendido una valiosísima lección para el futuro que nos va a hacer mejorar”. Al técnico tejano no le faltaba razón: desde entonces, los Spurs fueron uno de los mejores equipos del Oeste hasta acabar con 62 triunfos. Ahora llegan tras destronar a los Thunder a los que ganaron en Oklahoma el séptimo.
Y todo ello con un equipo muy joven que invita a pensar en un periodo de larga dominación de los Spurs: Wemby (22 años), Harper (20), Johnson (26), Castle (21), Vassell (25), Champagnie (24)...
Victor Wembanyama bromea con el humorista Guillermo Rodríguez.LAPRESSELos Knicks, por su parte, llegan lanzados tras 11 triunfos seguidos en Playoffs y dos eliminatorias limpias con 4-0. Es el único equipo que ha logrado ganar dos veces a los Spurs esta temporada (junto a los Warriors), y el 114-89 del Madison fue la mayor paliza recibida esta temporada por San Antonio. Tienen una gran oportunidad, quieren cogerla y en Nueva York han desatado la locura.
Entradas por las nubes
Las Finales arrancarán en San Antonio (dos partidos), porque los Spurs fueron mejores en la Liga regular. Ver en el Frost Bank Center uno de los dos partidos puede costar hasta 1.000 dólares la entrada más cara. En el Madison Square Garden, la entrada más alta para el tercer y cuarto partidos se paga a unos 10.000 dólares. Es una muestra del deseo de la afición neoyorquina por recuperar una corona que no lucen desde hace más de medio siglo.
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