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El bicitaxi tradicional del subcontinente indio. Abajo, los artistas que le dan color. R. C. Arte sobre tres ruedasLas coloridas pinturas de los 'rickhsaw' de Bangladés están en peligro de extinción a pesar de que la Unesco los considera Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Algunos jóvenes tratan de darles una nueva vida
Sábado, 14 de marzo 2026, 20:34
CompartirLas calles de Bangladés son un fascinante caos en el que, como por arte de magia, todo funciona. Hombres jóvenes que sacan medio cuerpo fuera de los roñosos autobuses que vertebran este país de 170 millones de almas se desgañitan para atraer pasajeros que, si quieren alcanzar la puerta del vehículo y subirse en marcha, están obligados a zigzaguear peligrosamente entre coches que atacan desde todas las direcciones sin levantar la mano del claxon y triciclos motorizados con puertas enrejadas que se mueven a trompicones. La tragedia se masca, pero rara vez se materializa. Es una estresante imagen grisácea en la que, aquí y allá, llama la atención una chispa de color chillón: es la que ponen los silenciosos 'rickshaw', el bicitaxi tradicional del subcontinente indio.
Si destacan en medio de esta melé es gracias a las pinturas con las que están decorados, que se han convertido en un símbolo de resistencia ante el auge de otras formas de transporte más modernas. Y todo por las planchas metálicas y los elementos plásticos de la capota en los que se plasman todo tipo de imágenes: hay representaciones de la flora y la fauna más exóticas, esa que se esconde fuera de la jungla de asfalto; paisajes idílicos con soles gigantescos y palmeras que se agachan para acariciar la playa, que se antojan una utopía en medio de la ciudad más contaminada del mundo; y también rostros de grandes éxitos de Bollywood, que retrotraen a tiempos en los que se hacían a mano los carteles de las películas.
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Proshanto Kumar Dash es uno de los artistas que mantienen viva esta profesión. Zigor AldamaEstas escenas casi oníricas son obra de artistas que trabajan a destajo en los callejones del laberinto que dibuja el casco antiguo de la capital, Daca. Pero su número está cayendo en picado. «Los 'rickshaw' están desapareciendo. Aunque muchos se han equipado con motores eléctricos para que la conducción no sea tan cansada, la mayoría de los conductores prefiere modelos chinos que ya no cuentan con los elementos típicos para la decoración. O prefieren poner publicidad para sacar algo de dinero», explica Biskut, un artista multidisciplinar que está tratando de darle a este peculiar género una nueva vida con Biskut Factory, un taller de vanguardia en el que emplea a varios creadores de diferentes edades. «Utilizamos las mismas pinturas y los mismos motivos para decorar gafas, tazas e incluso muebles. Cualquier cosa para que no muera este oficio tan característico de nuestra cultura», señala.
Las pinturas son el símbolo de resistencia ante el auge de otras formas de transporte más modernas
Incluso la Unesco trata de darle un empujón con su designación como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. «La práctica de la pintura en 'rickshaw' está en peligro. Esto afecta significativamente la viabilidad de este arte y el sustento de quienes lo practican, en particular de las generaciones más jóvenes. Con esta inscripción, la Unesco espera colaborar con las comunidades y autoridades involucradas para encontrar formas innovadoras y sostenibles de preservar este patrimonio vivo para las generaciones futuras», justifica Tim Curtis, director de la oficina regional de la institución de Naciones Unidas para Asia Meridional. «Antes incluso había competiciones entre artistas para ver quién diseñaba el triciclo más espectacular, porque está la pintura, pero también todos los adornos que se le añaden, como flecos, campanillas e incluso espumillón», cuenta Biskut apenado.
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Biskut decora gafas, tazas e incluso muebles. Zigor AldamaUn oficio de padres a hijos
Proshanto Kumar Dash es uno de los artistas que mantienen viva esta profesión prácticamente exclusiva ya de Daca. Nos recibe en el pequeño estudio que tiene en el bajo de un anodino edificio de hormigón. No es más que una mesa y un taburete al lado de un lavabo y delante de la cama en la que descansa. A sus 56 años, y con cuatro décadas de experiencia a las espaldas, trabaja con rapidez.
«Sigo la estética de mi padre, que era uno de los artistas de 'rickshaw' más famosos, R. K. Dash», dice Kumar mientras sumerge un pincel en químicos para limpiarlo. «Este es un oficio que pasa de padres a hijos: yo soy ya la cuarta generación», cuenta, reconociendo que con él acabará la dinastía Dash, ya que sus descendientes prefieren dedicarse a algo más rentable. Al fin y al cabo, Proshanto vende sus placas metálicas con motivos cinematográficos por unos 300 takas (1,7 euros).
No da para vivir, así que se ha dejado tentar por la iniciativa de Biskut y, entre plancha y plancha, decora gafas de sol con la misma pintura acrílica. Eso sí, hay que prestar más atención al detalle, porque aquí la brocha gorda no sirve. «Las vendemos por todo el mundo», afirma orgulloso, consciente de que, paradójicamente, sus obras llegan mucho más lejos que sobre las tres ruedas de los 'rickshaw' gracias al comercio electrónico.
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