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Arte y memoria de Lunes Santo

Arte y memoria de Lunes Santo
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Cartel del Cristo Coronado de Espinas que pintó Antonio Cárdenas. Sur

Pedro Ramírez

Lunes, 30 de marzo 2026, 00:33

... que no alcanza a decir con palabras. Mucho antes de que existieran nuestras procesiones, ya el hombre trazaba en piedra, en madera o en pigmentos primitivos su necesidad de trascendencia. Y hoy, en la Semana Santa de Málaga, ese mismo impulso sigue latiendo en cada trazo, en cada huella de la gubia, en cada bordado, en cada composición musical, en cada gesto.

Y en ese lenguaje hay nombres propios que lo dignifican y lo elevan. Antonio Cárdenas fue uno de ellos.

Antonio no fue solo un artista extraordinario. Fue, sobre todo, una forma de entender la vida desde la verdad. Generoso, cercano, auténtico. De los que no se guardan nada, de los que entregan su talento con naturalidad, como si no tuviera mérito. Y, sin embargo, lo tenía todo.

Su vínculo con nuestra Cofradía de los Estudiantes no fue circunstancial, fue profundo. Sus carteles, sus obras, su manera de mirar a nuestros Sagrados Titulares –al Santo Cristo Coronado de Espinas, a Nuestra Señora de Gracia y Esperanza– no nacían solo del encargo, sino del sentimiento. Supo ver lo que muchos sentimos y no sabemos expresar. Supo traducir en color, en materia, en textura, esa mezcla de dolor y esperanza que define nuestra identidad.

Aún resuena aquella imagen inolvidable en la calle Alcazabilla, pintando al Cristo en plena luz del día, repartiendo pinceles, rodeado de hermanos, de curiosos, de vida. Como si el arte dejara de ser algo íntimo para convertirse en un acto compartido. Como si, por un instante, todos participáramos de ese misterio.

Y junto a él, Jean Marie Chandler, su compañera de vida y también artista, cuya sensibilidad dejó igualmente huella en nuestra hermandad. Porque hay familias que no solo acompañan: construyen, aportan, dejan legado. Y el suyo ya forma parte de nosotros.

Hoy, cuando el Lunes Santo vuelve a abrirse paso en el calendario y en el corazón, nuestra Cofradía de los Estudiantes volverá a recorrer Málaga con la solemnidad y la emoción de siempre. Pero cada año es distinto. Porque cada año somos otros. Porque cada año llevamos dentro a más gente.

El Lunes Santo no es solo una salida procesional. Es un reencuentro. Es memoria viva. Es ese instante en el que todo cobra sentido: la túnica, el silencio, la mirada de Cristo, la dulzura contenida de la Virgen. Es el día en que Málaga se detiene para sentir.

Y en ese sentir, el arte vuelve a ser protagonista. En la forma en que la luz acaricia Su Rostro, en la manera en que una marcha nos atraviesa, en el modo en que una obra –una imagen, un cartel, una pintura– permanece cuando todo lo demás pasa. Ahí sigue Antonio. Ahí seguirá siempre.

Pero la vida, como nuestras procesiones, también avanza entre ausencias. Y en este tiempo reciente hemos tenido que despedir a dos hombres de nuestra generación que forman parte de lo que somos: Manuel Gatell Herreros y Javier Martín Sarria.

De Javier queda su ejemplo sereno, su forma de enfrentarse a las dificultades de la vida con entereza, su amistad sincera. Queda, sobre todo, su familia: sus hijos, su nieta, ese legado que trasciende cualquier despedida. De Manolo, su cercanía, su enorme presencia, su manera de estar siempre.

No es fácil aceptar que ya no están. Porque no se van del todo. Se quedan en nosotros, en cada conversación recordada, en cada vivencia compartida, en cada Lunes Santo que volverá a reunirnos también con ellos, de otra manera.

Quizá de eso trate todo esto. De entender que el arte, la fe y la memoria son, en el fondo, lo mismo: formas de permanencia. De seguir estando. De no desaparecer nunca del todo.

Hoy, cuando Málaga vuelva a mirar al cielo entre varales y cirios, entre silencios y emociones contenidas, habrá nombres que no se pronuncien en voz alta, pero que estarán más presentes que nunca.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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