La Policía Nacional ha hallado en Ceuta una compleja infraestructura subterránea utilizada para introducir hachís desde Marruecos en España, según la información policial a la que ha tenido acceso EL MUNDO. El descubrimiento se produjo en el marco de la macrooperación desplegada el pasado viernes por la UDYCO en la ciudad autónoma, una intervención que se saldó con 20 detenidos en Ceuta y que ha situado de nuevo al polígono del Tarajal en el centro de una de las investigaciones más sensibles sobre narcotráfico abiertas en la frontera sur.
Lo que en las primeras horas del operativo aparecía todavía como una galería pendiente de inspección quedó definido durante el fin de semana como un narcotúnel construido entre una nave del Tarajal y la finca más próxima al muro que separa la valla fronteriza entre Ceuta y Marruecos. La entrada estaba oculta en el interior de la nave. La salida, según publicó este diario, fue localizada ya en suelo marroquí, bajo la parcela contigua al perímetro, después de que la Policía marroquí la encontrara por indicación de los agentes españoles.
La investigación ha terminado así por confirmar lo que hasta ese momento se deducía de las características del hallazgo. La estructura descubierta en el Tarajal era un túnel utilizado para introducir grandes cantidades de droga, principalmente hachís, desde Marruecos hacia Ceuta. La boca exterior estaba cuidadosamente camuflada en una franja especialmente sensible del perímetro fronterizo, dentro de una zona de seguridad vigilada de forma habitual por las fuerzas auxiliares marroquíes y bajo control de la Gendarmería Real.
Ese punto resulta decisivo para medir la magnitud del hallazgo. No se trataba solo de una cavidad abierta bajo una nave industrial, sino de una infraestructura diseñada para asegurar el paso clandestino de mercancía en uno de los tramos más vigilados de la frontera hispano-marroquí. Su localización en el Tarajal, junto al vallado y en una zona sometida a control a ambos lados, da la medida de una operativa que, según la reconstrucción policial, permitía introducir cargamentos de droga al margen de los pasos convencionales.
La infraestructura dentro de la nave estaba camuflada tras un refrigerador insonorizado de grandes dimensiones y presentaba una configuración interna poco común. Tenía tres niveles diferenciados, raíles, vagones y sistemas de poleas para desplazar los fardos con seguridad. El recorrido incluía un pozo de descenso, una cámara intermedia para almacenar la mercancía y un pasillo final que conducía hasta una salida oculta bajo una caseta exterior del edificio más próximo a la valla de separación fronteriza.
Los detenidos fueron puestos a disposición judicial este domingo y los interrogatorios se prolongaron hasta bien entrada la noche. Según la información publicada por este periódico, la Fiscalía solicitó de madrugada el ingreso en prisión de todos los investigados salvo uno, cuya declaración quedó aplazada hasta la mañana de este lunes ante el titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Ceuta. El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía confirmó después el ingreso en prisión provisional de 14 de los arrestados, mientras otros cinco quedaron en libertad, a la espera de concretarse si con medidas cautelares. El último de los detenidos comparecía este lunes ante el juez.
El descubrimiento del túnel no surge como un hallazgo aislado, sino como una pieza que encaja en la investigación abierta desde hace más de un año sobre la red asentada en Ceuta y sobre la infraestructura que utilizaba para introducir hachís desde Marruecos, almacenarlo en distintos inmuebles y darle salida después hacia la Península y Francia. Según fuentes policiales consultadas por EL MUNDO, la investigación venía siguiendo desde hacía meses una estructura asentada en Ceuta con capacidad para recibir alijos procedentes de Marruecos, almacenarlos en distintos inmuebles de seguridad y darles salida después hacia la Península y otros destinos europeos. La aparición de esta infraestructura subterránea aporta ahora una pieza clave para entender cómo entraba la droga en la ciudad antes de su redistribución.
No es la primera vez que las fuerzas de seguridad localizan una estructura subterránea de este tipo en la zona. Meses atrás, la Guardia Civil descubrió un primer túnel, situado a unos 200 metros del hallado ahora, que aprovechaba las galerías subterraneas de servicio de la antigua fábrica de cerveza instalada en esos terrenos antes de la construcción del polígono. Aquel hallazgo llevó a considerar que podía tratarse de una de las principales vías de entrada de droga en Ceuta. Sin embargo, tras varios días de inspección técnica, los especialistas del instituto armado no lograron encontrar una salida exterior en territorio marroquí. Ahí radica la principal diferencia con la infraestructura descubierta este fin de semana, cuya boca al otro lado del perímetro fronterizo sí ha podido ser situada por los investigadores.
Más de un año de investigación
El hilo de la investigación se remonta, al menos, a febrero de 2025. De acuerdo con esa documentación, el día 6 de ese mes los agentes establecieron vigilancia sobre una vivienda de Arcos Quebrados, una barriada muy próxima al polígono del Tarajal. Allí observaron la llegada de varios investigados, la presencia de personas dedicadas a vigilar los accesos y la descarga apresurada de tres grandes bolsas de rafia, introducidas con esfuerzo en el inmueble. Para los responsables de la investigación, tanto el volumen de los bultos como el dispositivo de seguridad desplegado en torno a la casa apuntaban ya a una operación de acopio de droga.
La vigilancia continuó al día siguiente. La misma documentación describe nuevas labores de control del entorno, con personas apostadas para alertar de cualquier presencia ajena y movimientos coordinados de varios vehículos. Los investigadores sostienen que desde esa vivienda se cargaron nuevas bolsas de rafia en dos turismos, mientras uno de los implicados abría camino en funciones de lanzadera y otros asumían tareas de contravigilancia. El recorrido seguido por los coches pasó por la carretera del Tarajal antes de concluir en una segunda vivienda de Arcos Quebrados, donde, según esa misma reconstrucción, prosiguió la descarga.
Aquellos movimientos consolidaron la idea de que la organización no trabajaba desde un único punto, sino mediante varios inmuebles enlazados entre sí. La investigación atribuye a esas viviendas funciones de guarda, acopio y redistribución de la droga, protegidas por un dispositivo de vigilancia tan cerrado que los agentes descartaron actuar en aquel momento para no comprometer la operación ni poner en riesgo a terceros o a los propios policías, ante la posibilidad de que alguno de los vigilantes estuviera armado.
La causa dio un nuevo paso en abril de 2025, cuando los agentes situaron bajo vigilancia otra vivienda, esta vez en el Príncipe Alfonso, que relacionaban con los movimientos observados semanas antes. Un incendio, ajeno a la investigación, obligó a policías nacionales y locales a entrar en el inmueble para auxiliar a las personas que estaban dentro. Durante esa intervención vieron a simple vista pastillas de una sustancia que aparentaba ser hachís en un arcón, además de numerosas bolsas repartidas por distintas dependencias y más cantidad en el congelador de la cocina. Para los investigadores, esa entrada permitió afianzar la existencia de varios puntos de guarda y almacenamiento integrados en una misma operativa.
La conexión entre ese entramado y el túnel del Tarajal aparece después en las conversaciones recogidas en la investigación. En una de ellas, uno de los investigados alude al "agujero" por el que, supuestamente, introducía la mercancía y llega a afirmar que el túnel hallado era suyo. Los agentes interpretan esas palabras como una referencia directa al paso subterráneo utilizado, según su hipótesis, para hacer entrar grandes cantidades de hachís desde Marruecos hacia Ceuta.
No es la única alusión. La documentación incorpora también otras conversaciones en las que varios implicados hablan de hacer "otro", una expresión que la investigación relaciona con la apertura de una nueva vía subterránea. En otro pasaje, los agentes sostienen que existían indicios de que se estaba diseñando y preparando la construcción de un nuevo túnel destinado, de nuevo, a la introducción de grandes cargamentos de droga.
Ramificación trasnacional
La operación lanzada por la Policía Nacional ha supuesto, además, un salto de escala en esta causa. Más de 250 agentes participaron en el despliegue desarrollado en Andalucía, Galicia y Ceuta, con 29 registros practicados y 15 detenciones en una primera fase, a las que después se sumaron los arrestos realizados en la ciudad autónoma. El balance incluye también la intervención de cerca de un millón y medio de euros y 66 equipos de comunicación.
La investigación judicial, abierta hace algo más de un año, se centró desde el principio en una estructura asentada en Ceuta que, según la versión policial, operaba de forma constante con hachís producido en Marruecos y destinado a España y Francia. Uno de los primeros golpes del caso fue la intervención en Almería de un cargamento de 15.000 kilos, una incautación que permitió a los investigadores identificar a quienes negociaban la droga en origen, cerraban su entrega y organizaban después su salida hacia distintos puntos de Europa.
Según la información policial recabada por este diario, la red disponía para ello de una amplia cobertura logística, con numerosos vehículos y el apoyo de un conocido narcotraficante del Campo de Gibraltar, al que los agentes atribuyen la capacidad de mover narcolanchas hasta el continente africano y asegurar el cruce del Estrecho. Pero la pieza más delicada de ese engranaje estaba en Ceuta. Es ahí donde la Policía sitúa la infraestructura que hacía posible la entrada de toneladas de hachís con garantías suficientes como para responder ante los receptores de la mercancía.
El siguiente paso de la investigación se escenificará este martes en Ceuta. Hasta la ciudad se desplazarán los máximos responsables de la UDYCO para ofrecer más detalles sobre el narcotúnel hallado en el polígono del Tarajal. En la comparecencia intervendrá el jefe de la Brigada Central de Estupefacientes de la Policía Nacional, el comisario principal Antonio Martínez Duarte, acompañado por el jefe regional de operaciones de la Jefatura Superior de Policía de Ceuta, el comisario Pedro Ignacio Ferrer Peña. Junto a ellos estarán también el delegado del Gobierno en la ciudad autónoma y el jefe superior de Policía de Ceuta, en una rueda de prensa llamada a fijar la dimensión oficial de un hallazgo que ha sacudido una de las zonas más sensibles de la frontera sur.