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Así pueden ayudar a derribar a los drones iraníes los interceptores ucranianos que deslumbran a la OTAN

Así pueden ayudar a derribar a los drones iraníes los interceptores ucranianos que deslumbran a la OTAN
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La experiencia en la guerra de drones de Ucrania se ha vuelto inestimable para hacer frente a la escalada del conflicto en Oriente Medio. Más información: Cuatro años en las trincheras de Ucrania: los drones han desplazado a la artillería, pero el frente sigue estancado

Un hombre sostiene el interceptor de drones Shahed desarrollado por ingenieros ucranianos, durante un torneo militar de drones celebrado el pasado otoño en el oeste de Ucrania. María Senovilla EL ESPAÑOL

Europa Así pueden ayudar a derribar a los drones iraníes los interceptores ucranianos que deslumbran a la OTAN

La experiencia en la guerra de drones de Ucrania se ha vuelto inestimable para hacer frente a la escalada del conflicto en Oriente Medio.

Más información:Cuatro años en las trincheras de Ucrania: los drones han desplazado a la artillería, pero el frente sigue estancado

Kramatorsk Publicada 8 marzo 2026 02:26h Actualizada 8 marzo 2026 11:26h

Las claves nuevo Generado con IA

Durante los últimos cuatro años se ha repetido hasta la extenuación el mismo mantra: "Ucrania no está preparada para formar parte de la Unión Europea, ni mucho menos de la Alianza Atlántica". Pero ha bastado que estallara una preocupante guerra en Oriente Medio, y que una docena de países se vieran afectados, para que los líderes de Occidente busquen las capacidades de defensa antiaérea de los ucranianos y su experiencia derribando drones Shahed.

Lo cierto es que todos llegamos tarde a la guerra de los drones. Algo incomprensible si se tiene en cuenta que la contienda de Ucrania se ha retransmitido en tiempo real durante los últimos 1.474 días. Un tiempo en el que se ha contado cómo los drones se han ido convirtiendo en el arma de ataque más utilizada, tanto en los frentes de combate como para castigar objetivos civiles dentro de las ciudades.

Unos días después de que Donald Trump bombardease Teherán –el mismo que acusó a Volódimir Zelenski de querer provocar la Tercera Guerra Mundial cuando no cedió ante las exigencias territoriales de Rusia–, el presidente ucraniano dio un paso al frente. Ofreció la experiencia de su ejército en la guerra de drones, además de los desarrollos tecnológicos, como los citados interceptores.

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La propuesta se produjo horas después de que los Shahed iraníes atacaran Dubái y una base estadounidense en Baréin. Zelenski propuso intercambiar la ayuda de sus expertos militares a cambio de que los países del Golfo –que tienen influencia económica sobre Rusia– presionaran diplomáticamente a Putin para que éste acepte un alto el fuego temporal en Ucrania.

"Envíen una señal a Moscú y ayudaremos a los civiles", declaraba el jefe de Gobierno ucraniano. “Si envían una señal a la Federación Rusa sobre un alto el fuego por algún tiempo, un mes, dos meses, entonces podemos enviar a nuestros especialistas”, subrayó.

Este intercambio de capital humano y tecnológico se sumaría a los acuerdos de cooperación que ya se están firmando con distintos países europeos, y con Estados Unidos, en el ámbito de la industria de Defensa. "Contamos con capacidades de producción propia, pero tenemos escasez, igual que los países de Oriente Medio. Por lo tanto podemos ayudarnos", aseguró Zelenski.

Y tal vez la guerra de Irán ha escalado sin preaviso, pero la falta de capacidades de los ejércitos OTAN para hacer frente a los vehículos no tripulados ya se advirtió hace casi un año. Fue cuando la Alianza Atlántica reunió a 16.000 efectivos en Estonia para realizar el denominado ejercicio Hedgehog, unas maniobras conjuntas con el foco puesto en el uso de drones.

En aquellos momentos, la posibilidad de que llovieran a la vez drones Shahed en una docena de países del mundo no se veía como algo factible. Un detalle que sí sorprendió –y mucho– al equipo de veteranos de Ucrania. Ellos participaron como invitados en aquel ejercicio en calidad de expertos en vehículos no tripulados.

Durante las maniobras, los pilotos ucranianos 'barrieron' literalmente a los ejércitos OTAN contra los que se midieron. “Cuando los ucranianos se quedaron sin cosas que destruir, empezaron a llevar snacks y sacos de dormir con sus drones”, puede leerse en un informe que ha trascendido en los últimos días sobre aquellas maniobras.

En el informe también destaca el hecho de que los soldados de los otros ejércitos no sabían cómo actuar la mayor parte del tiempo, y se vieron sobrepasados ante la saturación de vehículos no tripulados que había en el campo de maniobras. Lo que para los ucranianos es "un día más en el frente", para los europeos se convirtió en un infierno sin precedentes.

La guerra 'low cost'

Hedgehog fue solo un simulacro, pero los ataques contra Chipre, Qatar, Arabia Saudí o Azerbaiyán, entre otros, son tan reales como los que destruyen cada día las ciudades de Ucrania. Y todos ellos tienen un denominador común: los Shahed.

Pilotos ucranianos de diferentes brigadas operan sus drones durante un torneo de vehículos aéreos no tripulados celebrado el pasado otoño en el oeste de Ucrania María Senovilla EL ESPAÑOL

Estos drones suicidas fueron diseñados por Irán y exportados a Rusia en cantidades ingentes. Pueden ir armados con hasta 90 kilos de explosivo, incluyendo munición termobárica. Son armas baratas, cuyo coste no supera los 50.000 dólares, pero son capaces de desgastar las carísimas defensas antiaéreas valoradas en millones de cualquier país occidental. Tan solo hay que lanzarlos en enjambres, y de manera continuada durante varias semanas.

Justo lo que Rusia lleva haciendo casi dos años en Ucrania. Las cifras son aplastantes. Las fuerzas de Moscú han lanzado más de 100.000 Shaheds contra Ucrania, de los cuales los ucranianos han logrado derribar más de 57.000.

Un logro al que hay que sumar otro hito igual de importante. Mientras adquirían esa valiosa experiencia en la defensa aérea especializada contra vehículos no tripulados de todo tipo, Ucrania ha desarrollado un arma específica y low cost para hacer frente a los Shahed: los interceptores.

Hasta que estas contramedidas han empezado a utilizarse hace unos meses, las unidades de defensa antiaérea de Ucrania mataban moscas a cañonazos. Empleaban carísimos sistemas “OSA” o hacían ejercicios de destreza colosales con sencillas Browning M2, que colocaban en capas y por cuadrantes. Si el primer equipo fallaba, los que estaban detrás tenían otra oportunidad de derribar el dron.

Ninguno de los sistemas era el más adecuado, y aun así el porcentaje de drones rusos neutralizados rondaba el 60 por ciento. Hasta que entraron en servicio los interceptores, fabricados enteramente dentro del país, que han disparado el porcentaje de aciertos contra los Shahed.

Sólo durante el mes de febrero, los ucranianos habrían derribado 1.500 drones rusos utilizando estos interceptores, tal y como reconocía el Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, el general Syrsky. Un “ingenio” que ha sido fruto de dos años de experiencia, y de sufrimiento, y que ahora se ha convertido en el objeto de deseo de los países del Golfo Pérsico y de Europa.

Pilotos ucranianos se disponen a participar en una prueba de drones durante un torneo de vehículos no tripulados celebrado el pasado otoño en el oeste de Ucrani María Senovilla EL ESPAÑOL

Capital humano

Pero, ¿es realmente posible que Ucrania envíe a sus expertos en drones a otros países, teniendo ellos la guerra en casa? "Hay muchos equipos formados y con mucha experiencia que no están ahora mismo en el frente, las posiciones no se quedarían vacías", sentencia el oficial responsable de la logística de drones de una de las brigadas que trabajan en el Dombás.

"Somos militares, si nos dicen que hay que ir a otro país, vamos", añade, dejando clara la predisposición de los ucranianos de colaborar con posibles aliados.

Lamentablemente, las informaciones que trascendieron tras el anuncio de Zelenski revelaron que el Kremlin estaba compartiendo inteligencia con Irán. Estaría ayudando a identificar objetivos en la región. Así que la posibilidad de que Putin acepte un alto el fuego y colabore para pacificar Oriente Medio parece muy lejana.

Lo que ya es una realidad es la cooperación bilateral entre Ucrania y Reino Unido, donde hay en funcionamiento una factoría de drones ucraniana. El ex comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y actual embajador de Ucrania en Londres, Valery Zaluzhnyi, hacía el anuncio unos días antes de que estallara la guerra en Irán.

Efectivos ucranianos operan un sistema de defensa antiaérea en una posición de combate de Jersón, durante una de las noches en las que Rusia lanzó más de 700 drones contra Ucrania el año pa María Senovilla EL ESPAÑOL

Y no es el único país de la órbita europea con el que Ucrania coopera en la fabricación de armamento. También han firmado acuerdos con las repúblicas Bálticas, Dinamarca, Finlandia y Eslovaquia en el marco del programa de producción conjunta "Construir con Ucrania".

La finalidad es asegurar la producción de siete millones de drones en 2026. Garantizarán que haya el suficiente flujo de suministros para las tropas ucranianas, soldados que siguen combatiendo entre el barro en estos momentos, al margen de lo que sucede en Oriente Medio.

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Los ucranianos se han visto obligados a hacer un máster intensivo en guerra a lo largo de los últimos cuatro años. Y con esa experiencia han logrado convertirse en un referente en este nuevo campo de batalla dominado por vehículos no tripulados, armamento low cost y guerra cognitiva.

Durante las maniobras OTAN Hedgehog, el equipo ucraniano –formado tan solo por diez personas– eliminó el equivalente a dos batallones en una sola tarde. Hace cuatro años nadie apostaba por el Ejército de Ucrania, y analistas de medio mundo aseguraban que no aguantarían una campaña bélica prolongada contra Rusia.

Sin embargo, durante los primeros días de la invasión a gran escala, un soldado voluntario de la Defensa Territorial me explicó que en Ucrania había un dicho: "con mierda y cerillas". Significaba que iban a luchar con lo poco que tenían y con lo mucho que les faltaba, hasta el final si era necesario.

Hoy la posibilidad de que ese mismo Ejército pase de defenderse "con mierda y cerillas" a adiestrar a los ejércitos de la OTAN en la guerra de drones se ha convertido en algo inesperadamente real.

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