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Así se entrena la esperanza. Cuatro claves para enfrentarse a las contrariedades

Así se entrena la esperanza. Cuatro claves para enfrentarse a las contrariedades
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Frente a la la cultura del apocalipsis que nos rodea, hablamos con el filósofo Francesc Torralba para entender qué es la esperaza y cómo podemos ejercitarla.

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El catedrático Francesc Torralba acaba de publicar el ensayo 'Anatomía de la esperanza' (Destino). Adobe Photostock. Vivir | Psicología Así se entrena la esperanza. Cuatro claves para enfrentarse a las contrariedades

Frente a la la cultura del apocalipsis que nos rodea, hablamos con el filósofo Francesc Torralba para entender qué es la esperaza y cómo podemos ejercitarla.

Ixone Díaz Landaluce

Jueves, 12 de febrero 2026, 19:09

... la realidad. En las series distópicas que alimentan todas las plataformas de 'streaming' (desde 'El cuento de la criada' y 'The last of us' hasta 'Pluribus' o 'Fallout'), y en los telediarios. De la geopolítica al algoritmo, del cambio climático a la inteligencia artificial, del parte meteorológico a las recomendaciones del médico de cabecera. Todo son amenazas. Y luego, claro, está Donald Trump.

«La esperanza es contracultural y transgresora, es ir a contracorriente. Incluso en un intelectual es fácil que te critiquen por ingenuo y desinformado. Lo que se impone es la moral de la desesperación y del 'no hay nada que hacer'. Con todo: los políticos, los jueces, los periodistas, los banqueros… Es un escepticismo generalizado. Frente a esto, ¿cómo articular un discurso sobre la esperanza que sea razonable? Pues eso es lo que yo me he propuesto», explica el filósofo Francesc Torralba, catedrático de la Universitat Ramon Llull, que acaba de publicar el ensayo 'Anatomía de la esperanza' (Destino).

Confía en el futuro

Si la esperanza tiene anatomía, ¿cuáles son sus partes? Primero: confianza en el futuro. «Cuando uno tiene un hijo, tiene esperanza de que podrá educarlo y de que, finalmente, podrá emanciparse, que encontrará un piso, un trabajo, igual tendrá una pareja, pero no tiene ninguna garantía de que eso vaya a ser así. En la esperanza siempre hay incertidumbre», explica el intelectual. Es, además, una dimensión dinámica y transformadora. «No es ni una evidencia ni una ingenuidad ni tampoco una espera pasiva. La esperanza es dinámica, activa, nos pone en movimiento. Cuando uno tiene esperanza, se pone en acción, se compromete, se vincula, lucha. La desesperación, en cambio, nos conduce a la parálisis. ¿Por qué actuar si todo está perdido? Eso te convierte en espectador de un mundo en ruinas. Además, se puede entrenar», avanza el pensador.

Aunque el libro de Torralba es un ensayo filosófico, si fuera un libro de autoayuda, tendría un puñado de 'tips' prácticos para abrazar una visión más optimista del futuro. Uno: no te encierres en ti mismo. «Vincularse a personas que pueden ser de ayuda o servir de estímulo es importante. La soledad es enemiga de la esperanza. Relaciónate con personas que te puedan dar estrategias que ellos han utilizado para salir de situaciones de trance o dificultad».

Abraza la frustración

Dos: paciencia, mucha paciencia, aunque en la sociedad de la inmediatez, a veces, eso sea un poco como pedirle peras al olmo. «Nada se consigue de inmediato. Cuanto más difícil es un proyecto, más tiempo requiere. Así que paciencia, continuidad, constancia y tenacidad». Tres: la frustración es tu amiga, igual que la adversidad. «Nos entrena para la esperanza. No hay vida sin contrariedades. Y hay que aprender a enfrentarse a ellas. Cuando adquieres esa agilidad, es como una carrera de obstáculos: saltas porque sabes que vendrá. Enfrentarse a las contrariedades activa la imaginación, la inteligencia práctica y la relación con los demás», defiende.

Estudia tus habilidades

Y cuatro: conócete a ti mismo y maneja las expectativas. El catedrático lo ilustra con un caso práctico que él mismo observa en el aula. «Lo veo en muchos estudiantes, que quizá se matriculan en la carrera sin las habilidades necesarias para sacarla adelante. Repiten primero mientras sus amigos pasan de curso. Se frustran, se hunden. Si ese chaval hubiera tenido un buen conocimiento de sí mismo, quizá habría dicho: 'Tengo muchas habilidades manuales, puedo ser un excelente albañil o un buen fontanero en lugar de ganarme la vida como filósofo o historiador'. Combatir las falsas expectativas y conocerse bien ayuda a generar proyectos adecuados a la naturaleza de cada uno».

Que todo eso vaya a conseguir detener el reloj del Apocalipsis es, por supuesto, otro asunto. De hecho, es ahí donde Torralba, paradójicamente, lo ve más negro. «A título individual los ciudadanos tienen sus pequeñas y grandes esperanzas: tener una casa con jardín, un hijo, un huerto, publicar un libro… Otra cosa son las esperanzas colectivas. Ahí sí hay una crisis profunda. Hemos abandonado los sueños colectivos y lo que se impone es la moral de la resistencia, sobrevivir a un mundo hostil». Aún así, se resiste hasta el final. «El mal es llamativo, escandaloso, seduce, atrae, genera morbo. El bien es discreto, humilde, muchas veces callado y raramente tiene interés mediático. Pero cada día hay ejércitos de personas en hospitales, escuelas o servicios sociales que están trabajando para construir un mundo mejor», concluye.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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