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Atención, enamoradizos... el amor te «engancha» como las drogas

Atención, enamoradizos... el amor te «engancha» como las drogas
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¿Es el amor adictivo? Puede serlo. De hecho, hay similitudes entre su efecto en nuestro cerebro y el que causan algunas drogas. Y lo primero, como siempre, es reconocerlo.
Atención, enamoradizos... el amor te «engancha» como las drogas

¿Es el amor adictivo? Puede serlo. De hecho, hay similitudes entre su efecto en nuestro cerebro y el que causan algunas drogas. Y lo primero, como siempre, es reconocerlo.

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Ixone Díaz Landaluce

03/06/2026 Actualizado a las 00:38h.

Qué es el amor? Menuda pregunta. Un misterio que ni toda la historia de la literatura, la música y el cine juntas (con todas sus ... novelas, baladas y comedias románticas o melodramas) han conseguido descifrar y que tampoco vamos a aclarar en este humilde reportaje. Un sentimiento complejo, eso desde luego. Un sentimiento que además, y en el peor de los casos, puede llegar a ser tóxico. O, peor todavía, adictivo. Al menos, es lo que se dice de manera coloquial en redes sociales donde 'loveaddict' es un 'hashtag' cada vez más omnipresente. Hay, incluso, tests online para descubrir si tu comportamiento responde a un patrón adictivo («¿temes que tu relación se termine?») y, como ocurre con los alcohólicos, también puede tratarse en programas de rehabilitación de 12 pasos. De hecho, en Estados Unidos existe una asociación de afectados, al estilo de Alcohólicos Anónimos. Se llaman 'Adictos al Sexo y al Amor Anónimos'.

Diversual. «Son vínculos en los que la persona siente una necesidad intensa del otro, dificultad para poner límites y una dependencia emocional que interfiere en su bienestar. Suelen ser relaciones marcadas por la idealización, la intermitencia emocional, es decir, por momentos muy intensos seguidos de distancia o conflicto, y una sensación constante de enganche. No es tanto el amor en sí, sino la forma en la que se establece el vínculo», aclara la especialista.

Pero tampoco es solo una forma de hablar. Al menos, no según la ciencia que ha demostrado que, efectivamente, el amor puede funcionar siguiendo los patrones propios del comportamiento adictivo. Es más, desde el punto de vista químico, el cerebro enganchado al amor se parece más de lo que podríamos pensar al que solo piensa en la próxima dosis de cocaína. «Existen similitudes claras. Durante el enamoramiento se activan circuitos de recompensa en el cerebro, especialmente los relacionados con la dopamina, que también están implicados en las adicciones a sustancias. Esta activación genera euforia, motivación y una fuerte focalización en la otra persona. Además, en las fases iniciales disminuye la actividad en áreas relacionadas con el juicio crítico, lo que explica la idealización. No es que enamorarse sea una adicción en sí, pero sí comparte algunos mecanismos neurobiológicos con las adicciones», matiza Montes.

Euforia y deseo

Pero no es solo una cuestión de neuroquímica. O quizá sí, pero eso tiene una traducción directa en nuestro comportamiento en pareja. En 2016, la bioantropóloga Helene Fisher publicó un artículo en el que señalaba que las primeras etapas del amor romántico intenso presentan muchos de los síntomas habituales de la adicción: euforia y deseo intenso, tolerancia, síndrome de abstinencia, el peligro de la recaída….

¿Es este también el caso de las personas que no saben estar solas y que, a menudo, encadenan una relación con la siguiente? «No es necesariamente lo mismo, aunque puede estar relacionado. Encadenar relaciones suele tener más que ver con la dificultad para tolerar la soledad, el miedo al abandono o la necesidad constante de validación externa. En algunos casos, sí puede haber un patrón más cercano a la dependencia emocional o a dinámicas adictivas, pero en otros hablamos de estilos de apego inseguros. Y en esto, es importante no simplificar: no toda dificultad para estar solo implica adicción al amor», explica la terapeuta, para quien no hay perfiles más propensos que otros, sino factores de vulnerabilidad. Por ejemplo, una autoestima baja, una necesidad alta de validación externa, dificultad para regular las emociones… «No es que estas personas sean más débiles o tengan más tendencia a la adicción, sino que han aprendido a vincularse desde la inseguridad o la carencia emocional», señala la terapeuta.

«Puede llevar a buscar relaciones más intensas, inestables y con una mayor carga dramática»

Otra similitud con otro tipo de adicciones puede tener que ver con la dosis. O, aplicado al amor, con la necesidad de aumentar la intensidad en el drama para seguir sintiendo lo mismo que al principio. «En relaciones con dinámicas disfuncionales, algunas personas empiezan a asociar el amor con una intensidad extrema, con altibajos o incluso con el conflicto, y necesitan niveles cada vez mayores de estimulación emocional para sentir lo mismo», explica Montes. Esto puede llevar a buscar relaciones más intensas, más inestables o con mayor carga dramática. «Se confunde la intensidad con vínculo sano, cuando en realidad la estabilidad de las relaciones sanas suele percibirse como una falta de química», concluye la experta.

Cómo "desintoxicarse"

No es un proceso ni inmediato ni sencillo, advierte la experta. Fundamentalmente, porque implica no solo dejar la relación a la que estamos enganchados, sino también cambiar la forma en la que nos vinculamos en general. «Más que desengancharse de una persona, se trata de reconstruir una forma más saludable de relacionarse. Porque el objetivo no es dejar de amar, sino aprender a hacerlo sin perderte en el proceso», explica Bárbara Montes. Pero, ¿cómo exactamente? Estas son, según la sexóloga clínica, las claves para «desintoxicarse».

- Tomar conciencia de si existe un patrón o si se trata, únicamente, de una relación concreta.

- Establecer una distancia real y un contacto cero con esa persona. Al menos, durante un tiempo.

- Trabajar tanto la autoestima como la autonomía emocional.

- Aprender a tolerar el malestar emocional sin volver al vínculo. Es decir, no «recaer» bajo ninguna circunstancia.

- Revisar el propio estilo de apego, algo que, si es necesario, debe hacerse en terapia.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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