Países productores de petróleo que exportan a través del estrecho de Ormuz y sus destinos. EL ESPAÑOL
Oriente Próximo Atrapados en la ratonera de Ormuz: Irán transforma la 'Furia Épica' de Trump y Netanyahu en un mes en una guerra sin salidaEl control del estrecho por el que pasa el 20% del tráfico petrolero mundial por parte de Teherán diluye las esperanzas de una resolución rápida del conflicto.
Más información:Trump, ante el 'dilema del Diablo': un baño de sangre en el estrecho de Ormuz o dejar que la economía mundial se hunda
Jara AtienzaÁlvaro EscalonillaPaolo FavaSandra VilchesJuan López CachónNarrativas EE Publicada 28 marzo 2026 02:44hLas claves nuevo Generado con IA
En la madrugada del 28 de febrero de 2026, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, comparecía para anunciar el comienzo de la operación 'Furia Épica' contra Irán. En colaboración con un operativo israelí ordenado por el primer ministro Benjamin Netanyahu, 'Rugido del león', su objetivo declarado era derrocar a la República Islámica y reemplazar a sus gobernantes.
Un mes después, el régimen de los ayatolás ha perdido a importantes líderes, comenzando por el líder supremo, Alí Jamenei. Sin embargo, Irán resiste. Los ataques de represalia contra los países aliados de EEUU en el golfo Pérsico han demostrado que, aunque hayan perdido gran parte de su potencial militar, pueden amenazar la estabilidad de Oriente Próximo.
El curso de la guerra cambió en el momento en el que Irán comenzó a atacar los cargueros en el estrecho de Ormuz y dictar sus condiciones para el tráfico marítimo. El estrangulamiento del flujo petrolífero ha disparado el precio del crudo y forzado una liberación histórica de 400 millones de barriles de reserva. Y la comunidad internacional es reacia a sumarse a una operación que no contó con su aprobación.
Trump advirtió que la ofensiva podría prolongarse cuatro semanas o quizás más. Hoy, nadie se atreve a poner fecha de final. Mientras el presidente de EEUU asegura que el diálogo con Teherán prosigue, el cambio de estrategia militar, con fuerzas especiales, marines y paracaidistas preparados para intervenir, augura un recrudecimiento de las hostilidades.
En medio del desierto, una fina lengua azul de apenas 160 kilómetros de largo une el golfo Pérsico con el golfo de Omán y, más allá, con el mar Arábigo y el Océano Índico. Es el estrecho de Ormuz, una grieta estratégica en el mapa de Oriente Próximo por donde pasa el pulso energético del planeta.
Antes del estallido de la guerra, una cuarta parte del petróleo y una quinta parte del gas natural licuado (GNL) de todo el mundo transitaban por sus aguas en cargueros y petroleros, para viajar a continuación a puertos de todo el planeta.
Cada día cruzaban entre 20 y 21 millones de barriles de crudo y en torno a 10.000 millones de pies cúbicos de GNL, camino de los grandes consumidores de Asia, Europa y América.
Hoy, el bloqueo del régimen de los ayatolás, que se reserva el derecho a impedir el paso de las embarcaciones comerciales consideradas "hostiles", ha cortado ese flujo de hidrocarburos casi al completo y ha desatado un seísmo económico de alcance global.
Los ataques iraníes contra infraestructuras energéticas de las potencias exportadoras del Golfo, como Arabia Saudí, Kuwait o Catar, han obligado a recortar de forma brusca el bombeo de crudo y a detener la actividad de parte de sus yacimientos.
Estos gigantes energéticos, además, se han lanzado a exprimir las pocas rutas alternativas disponibles, pero por tierra. La principal opción pasa por reactivar viejos oleoductos y desviar el petróleo hacia puertos del mar Rojo o del Mediterráneo.
No obstante, la capacidad de esas tuberías es limitada y muchas necesitan reparaciones, o llevan años infrautilizadas por problemas políticos y de seguridad.
Por su parte, los países importadores han visto cómo los precios de la energía se disparaban y han tenido que recurrir a sus reservas de divisas para contener el golpe.
La región que está pagando la factura más alta por el bloqueo es Asia. Pero es también la que ha reaccionado con mayor rapidez. China, el mayor comprador, ha prohibido temporalmente las exportaciones de combustibles refinados para priorizar el suministro interno.
Mientras tanto Pakistán, que depende del Golfo para el 80% de sus importaciones de petróleo y gas, se ha visto obligado a cerrar colegios, universidades y bancos e imponer el teletrabajo para ahorrar combustible.
En India, cuya economía está fuertemente enganchada a la energía de Oriente Próximo, la escasez de gas de cocina ha dejado a millones de ciudadanos sin poder prepararse la comida. El Gobierno de Narendra Modi incluso ha tenido que activar un protocolo de guerra para escolatar a los barcos que navegan cerca del Golfo.
Europa y Estados Unidos son menos dependientes de los hidrocarburos de Oriente Próximo, pero tampoco han salido indemnes. Ya están sufriendo de lleno el encarecimiento global de la energía y el aumento de la tensión social.
EEUU produce la mayoría de su crudo y gas, lo que le ha permitido amortiguar el golpe. Pero no neutralizarlo. La subida del precio del petróleo influye ya en el precio de la gasolina y, por tanto, en los bolsillos de los ciudadanos. Además, amenaza con otra ola inflacionista de cara a la campaña electoral de las midterms.
Desde que empezó la operación en Irán, Trump ha intentado contener el alza jugando con los tiempos y los anuncios de posibles treguas. No ha tenido mucho éxito. El brent, el crudo de referencia en Europa, ha superado en varias ocasiones los 100 dólares por barril.
Y la histórica liberación de reservas por parte de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) no ha logrado frenar la escalada de los precios. Por excepcional que resulte, este influjo de petróleo extra se habría consumido ya para mediados de abril.
Donald Trump ha alimentado la idea de forzar un cambio de régimen en Irán desde que presenció cómo la crisis de los rehenes de 1979 acababa con la presidencia de Jimmy Carter. En 2015, puso fin a los acuerdos alcanzados por Barack Obama que permitían a la ONU tutelar el programa nuclear iraní.
Pese a haber prometido ser el 'presidente de la paz', la movilización de 75.000 efectivos militares mientras EEUU e Irán negociaban en Ginebra puso al mundo en alerta. El 27 de febrero, sus enviados Steve Witkoff y Jared Kushner le comunicaron que los avances diplomáticos eran insuficientes. Trump dio luz verde entonces a la operación 'Furia Épica'.
Tras un ciberataque que desactivó las defensas electrónicas de Irán, más de 100 aviones -entre ellos, bombarderos 'fantasma' B-2 y cazas de quinta generación F-35- y misiles balísticos atacaron más de 1.000 objetivos. El principal fue el complejo residencial del ayatolá Jamenei, que se reunía en ese momento con su cúpula según determinó el 'hackeo' de las cámaras de tráfico de Teherán.
Además de Jamenei y varios familiares, medio centenar de mandos iraníes perdieron la vida en las primeras 48 horas de la operación. El incidente más grave fue el impacto de un misil Tomahawk contra una escuela en Minab, que mató a cerca de 170 escolares.
Alí Jamenei, líder supremo. Las bombas israelíes alcanzaron su residencia en Teherán el primer día de la operación 'Furia Épica'. Tenía 86 años. "Jamenei, una de las personas más malvadas de la Historia, ha muerto", anunció esa noche Trump en su plataforma Truth Social. En el mismo ataque murieron su hija, su nieta, su yerno y su nuera. El heredero del ayatolá Ruholá Jomeini, padre de la revolución, gobernó con puño de hierro durante más de tres décadas. Reprimió a la disidencia y aceleró la militarización de Irán. Una semana y un día después de su muerte, la Asamblea de Expertos nombró sucesor a su hijo Mojtaba Jamenei, superviviente del mismo ataque que acabó con su vida.
Alí Lariyaní, jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. El 17 de marzo, el líder político con mayor influencia sobre el aparato de seguridad iraní murió en un ataque aéreo israelí sobre la residencia de su hija, ubicada en el distrito de Pardis, a las afueras de Teherán. Tenía 67 años. Lariyaní había asumido el grueso de los esfuerzos de guerra tras la muerte de Jamenei. 'Hombre fuerte' del régimen, pero de talante posibilista, Lariyaní se curtió en las sucesivas rondas de negociaciones con Estados Unidos y los países occidentales sobre el programa nuclear.
Alí Shamjaní, secretario del Consejo de Defensa. El asesor de Jamenei también murió en la primera jornada de bombardeos en Teherán. Tenía 70 años. Era el encargado de supervisar las negociaciones con Estados Unidos sobre el programa nuclear iraní celebradas en Ginebra, que concluyeron con "buenos avances" la víspera del ataque preventivo de Israel. Shamjaní era un peso pesado del régimen desde los años ochenta. Israel creyó haber eliminado a Shamjaní en el marco de la Guerra de los Doce Días de junio de 2025. Reapareció después del cese de las hostilidades con síntomas de haber resultado herido.
Objetivo, asesinar a Jamenei: el plan secreto de la unidad 'Amán' del Mossad que vigiló 24 años al ayatolá hasta matarloMohammad Shirazi, jefe de la Oficina Militar del Líder Supremo. El militar iraní con rango de general de brigada de la Guardia Revolucionaria fue otra de las víctimas del primer día de guerra. Era el encargado de coordinar las distintas ramas de las fuerzas de seguridad iraníes en la oficina del líder supremo. Un hombre de la máxima confianza de Jamenei. Ocupaba el cargo desde 1989.
Mohammad Pakpour, comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica. Otro de los primeros objetivos de la operación 'Rugido del León'. Tenía 64 años cuando las bombas israelíes lo alcanzaron en Teherán. Veterano de la guerra contra el Irak de Sadam Husein, Pakpour tomó el relevo del general Hosein Salami, víctima de los ataques israelíes de junio del año pasado.
Gholamreza Soleimani, jefe de la fuerza paramilitar Basij. El líder de la milicia de voluntarios afiliada a la Guardia Revolucionaria, encargada de velar por la seguridad interna, murió el 17 de marzo, el mismo día que Lariyaní. Tenía 62 años. Veterano de Irak, con experiencia de combate, Soleimani dirigía a los Basij desde julio de 2019. Uno de los máximos responsables de la represión de las protestas contra el régimen.
Esmail Jatib, ministro de Inteligencia. El hoyatoleslam Jatib murió alcanzado por las bombas israelíes el 18 de marzo, tras las muertes de Soleimani y Lariyaní. Tenía 65 años, y llevaba cinco a la cabeza del Ministerio de Inteligencia y Seguridad. Discípulo religioso del ayatolá Jomeini y confidente del desaparecido Jamenei, Jatib falló a la hora de desmantelar la red de agentes del Mosad infiltrados en el aparato de seguridad iraní.
Aziz Nasirzadeh, ministro de Defensa. La campaña militar coordinada entre Israel y Estados Unidos lo fijó como uno de los primeros objetivos, ejecutándolo el primer día de guerra mientras estaba reunido con el ayatolá Jamenei. Tenía 62 años. Veterano de la guerra de Irak, Nasirzadeh era titular de la cartera de Defensa desde agosto de 2024. Antes había ocupado puestos de responsabilidad en las filas del Ejército.
Abdolrahim Mousavi, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. Murió el primer día de guerra en los bombardeos que acabaron con el líder supremo en Teherán. Tenía 65 años. Escogido por Jamenei como sucesor a la cabeza del Ejército de Mohamed Bagheri, muerto en la Guerra de los Doce Días.
Alí Mohamad Naini, portavoz de la Guardia Revolucionaria. El general de brigada "fue martirizado en el ataque terrorista criminal y cobarde del bando estadounidense-sionista al amanecer" del viernes 20 de marzo, según el comunicado de la Guardia Revolucionaria. Tenía 68 años. Unas horas antes del anuncio, Naini apareció en televisión nacional para reafirmar que Irán mantiene plena capacidad para fabricar misiles.
Alireza Tangsiri, comandante de la Armada de la Guardia Revolucionaria. La última gran víctima de la operación Furia Épica. Alcanzado el 26 de marzo en el puerto de Bandar Abbas, según la prensa israelí. Tangsiri había desempeñado un papel clave en la definición de la doctrina naval del país que sustenta su estrategia de bloqueo en Ormuz.
El contraataque de Irán
Pese a la destrucción de sus plataformas y emplazamientos lanzamisiles en las primeras horas de 'Furia Épica', Irán fue capaz de desplegar una intensa represalia contra los países del Pérsico que alojan bases estadounidenses. Esto les obligó a usar misiles Patriot y THAAD para defenderse, caros y escasos desde la Guerra de los Doce Días.
Así, en la primera oleada, los Emiratos tuvieron que interceptar más de 170 misiles balísticos y 755 drones; Catar, 100 misiles y unos 40 drones, de los que sólo detuvo a la mitad; Baréin, más de 70 misiles y de 90 drones; y Kuwait, más de 200 misiles y 300 drones. Pasadas las primeras 72 horas, estos ataques con misiles se redujeron un 90%, y los de drones, un 82%.
Sin embargo, incluso a capacidad reducida, Irán ha seguido dañando la economía de sus vecinos en múltiples niveles. A las evacuaciones de residentes y la interrupción del comercio y los vuelos se han sumado los ataques a oleoductos, refinerías, centros de transporte e incluso bancos. Las ‘petromonarquías’ presionan a EEUU e Israel para contener daños.
Incluso Israel ha visto resquebrajarse el mito de la invulnerabilidad de su ‘Cúpula de Hierro’, el sistema interceptor de misiles que protege a sus núcleos urbanos. Atacando en colaboración con Hezbolá desde el Líbano, Irán ha logrado impactar con misiles de racimo en puntos sensibles como Tel Aviv o su principal refinería en Haifa.
El dron Shahed-136 es el instrumento con el que Irán le ha dado la vuelta a la guerra. Tiene 3,5 metros de longitud, 2,5 m de envergadura y unos 200 kilos de peso. Su precio se estima entre 20.000 y 50.000 dólares, y en su momento de máxima capacidad, los iraníes podían producir hasta 10.000 al mes.
Estas aeronaves, que tienen una autonomía de hasta 1.000 km, se han usado en ataques contra bases militares, sedes diplomáticas y muy especialmente contra los cargueros que trataban de cruzar el estrecho de Ormuz. Se pueden esconder en búnkers y almacenes, y lanzarse desde furgonetas o desde el propio suelo.
La estrategia ensayada por los iraníes como contratistas de Rusia en el campo de batalla de Ucrania es la del enjambre de drones: centenares de dispositivos que el defensor tratará de derribar con sistemas de precio prohibitivo. Cada misil Patriot alcanza los 4 millones de dólares, y solo se producen 600 al año.
Ahora son los ucranianos los que asesoran a los países del Golfo para contrarrestar a estos artefactos con sus propios drones interceptores. En esta guerra de desgaste, Irán podría terminar ganando el pulso: la empresa de armas Rheinmetall advertía que los arsenales podrían quedarse vacíos a este ritmo a mediados de abril.
¿Qué opciones hay para acabar la guerra?
Desde que ordenó atacar Irán, Trump se ha pronunciado de forma dispar, por no decir contradictoria, sobre los objetivos de la operación 'Furia Épica'.
Primero coqueteó con la idea de derrocar el régimen en línea con Netanyahu. Pero hacerlo desde el aire es algo que no tiene precedentes. Resignado, Trump manifestó después su predisposición a participar en el proceso de selección del nuevo líder supremo. Una quimera.
Ahora asegura estar manteniendo negociaciones con Irán, a través de Pakistán, para alcanzar una salida negociada a la guerra, pero evita revelar la identidad de esos supuestos interlocutores por temor, dice, a que sean asesinados.
Con toda probabilidad, los receptores de las señales que emite la Casa Blanca son el ministro de Asuntos Exteriores, Abás Araqchi, encargado de negociar sobre el programa nuclear con los enviados especiales de Trump hasta la víspera de la guerra, y el presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, continuador de la labor de coordinación de Lariyaní.
El plan de paz de 15 puntos de la Casa Blanca contempla levantar "todas" las sanciones que lastran la economía iraní a cambio de que el régimen elimine sus reservas de uranio enriquecido, limite su programa de misiles balísticos y deje de financiar a sus milicias afines de la región, entre otras reclamaciones.
El documento, sin embargo, quedó en papel mojado desde el momento en el que Irán lo consideró "excesivo". La estrategia dilatoria de Teherán desespera a Trump, que aprovecha el impasse para reforzar su despliegue militar en Oriente Próximo y amenazar con desatar “un infierno” en Irán.
El ministro iraní de Exteriores, Abbas Aragchi, y el presidente del Parlamento de Irán, Mohamed Baqer Qalibaf
El mandatario estadounidense mantiene todas las opciones encima de la mesa. No descarta poner desplegar tropas terrestres, uno de los temores que el senador Richard Blumenthal verbalizó en los primeros días de guerra tras asistir a una reunión informativa en el Capitolio.
Ali Ansari, profesor de Historia de Irán y director del Instituto de Estudios Iraníes en la Universidad de St Andrews, interpreta las declaraciones de Trump sobre su interés en negociar "como un intento por cambiar la narrativa en preparación para la ocupación de islas en el Golfo".
"Independientemente de lo que digan los 15 puntos, ahora puede afirmar que se ignoró un intento de iniciar conversaciones y, por tanto, que está tomando medidas adicionales para asegurar los estrechos", explica.
"Si Estados Unidos quiere reabrir el estrecho [de Ormuz], sólo tiene dos opciones reales: llegar a un acuerdo con Irán, o emplear una fuerza abrumadora", explica el analista Danny Citrinowicz, investigador no residente del Atlantic Council. "No hay una tercera opción".
Según su lógica, Trump sólo tiene dos salidas. La primera es aceptar un alto el fuego sin llegar a ningún acuerdo previo con Irán, o alcanzar un acuerdo en los términos del enemigo. Una rendición de facto.
La segunda es escalar las hostilidades, un desvío que, según el especialista, acarrearía "graves consecuencias" para el comercio mundial.
La guerra de Irán ya se nota en los precios: la inflación se dispara al 3,3% por la subida de la gasolina"Trump tiene que encontrar alguna forma de asegurar de manera significativa los estrechos; una vez que el riesgo aquí sea manejable, podrá encontrar diversas maneras de poner fin a la guerra. Pero esto no sería una paz general, sino simplemente un cese de hostilidades", coincide Ansari.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump , sentado junto al secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Defensa Pete Hegseth. Reuters
El iranista considera en conversación con este periódico que "Irán está convencido de que está ganando y de que tiene poder de negociación, por lo que mantiene condiciones maximalistas que no pueden cumplirse".
"La mejor opción para Irán sería entrar en negociaciones ahora, pero probablemente no lo haga, buscando imponer el máximo sufrimiento y perdiendo así la oportunidad de una desescalada", apunta.