Las rondas secundarias dejan de ser exclusivas de los grandes unicornios. Permiten a las 'start up' ofrecer liquidez a sus accionistas, retrasando su salida a bolsa sin renunciar a la monetización. Gigantes como OpenAI y Stripe demuestran que la liquidez ya no depende de una OPV. Las ventas secundarias permiten monetizar el éxito en fases intermedias, beneficiando a los empleados e inversores iniciales.
Durante años, la lógica del venture capital fue relativamente simple: se invertía en una start up, se esperaba a que creciera y, llegado el momento, el dinero se recuperaba con una salida a bolsa o con la venta de la empresa. Entre tanto fundadores, empleados e inversores iniciales convivían con una misma condición: tenían patrimonio sobre el papel, pero no liquidez real.
Ese esquema está cambiando. Un estudio reciente de CB Insights explica que las llamadas rondas secundarias -operaciones en las que se venden acciones ya existentes entre accionistas e inversores sin que la empresa emita necesariamente nuevos títulos ni reciba capital fresco- han dejado de ser un recurso puntual para resolver situaciones concretas y empiezan a consolidarse como una infraestructura regular de liquidez dentro del mercado privado.
La tendencia se observa especialmente en el ecosistema tecnológico, donde start up y scale up cada vez mayores permanecen privadas durante más tiempo y necesitan ofrecer salidas parciales a sus accionistas antes de un exit tradicional.
La idea es que la liquidez ya no depende exclusivamente de una OPV o de una adquisición. En un número creciente de compañías, la monetización del valor se fragmenta en varias ventanas intermedias, y eso permite que empleados, fundadores e inversores vendan parte de sus acciones antes de la salida final, al tiempo que la empresa conserva su condición de privada y sigue capturando crecimiento fuera de los mercados cotizados.
Carta, una plataforma de gestión de capitalización de start up, señala que el número de nuevas tender offers -ofertas organizadas para comprar acciones a empleados o accionistas de una empresa privada y darles liquidez antes del exit- administradas por su plataforma aumentó en cinco de los seis trimestres previos y que el tercer trimestre de 2024 registró 26 nuevas operaciones, el nivel más alto desde 2022. La firma destaca además que este tipo de transacciones ya no se concentra únicamente en compañías muy avanzadas, sino que se extiende también a empresas en fases más tempranas.
Ese desplazamiento resulta especialmente significativo porque desmonta la idea de que las rondas secundarias son una práctica reservada a un puñado de megaunicornios.
También según PitchBook, "las tender offers ya no son sólo para unicornios". Eso significa que la ronda secundaria empieza a consolidarse como un instrumento habitual de gestión del capital, no como una medida extraordinaria.
Tensiones y soluciones
Hay que tener en cuenta que las empresas tecnológicas de mayor crecimiento tardan más en salir a Bolsa que hace una década. Algunas ni siquiera contemplan una cotización a corto plazo, en parte porque disponen de suficiente acceso a capital privado y en parte porque prefieren evitar las exigencias regulatorias y la presión del mercado público.
Un informe de McKinsey explica que esa prolongación de la vida privada genera una tensión: empleados con stock options, fundadores con gran parte de su patrimonio atrapado en acciones ilíquidas e inversores tempranos que llevan años esperando una ventana de salida.
En ese contexto, la ronda secundaria se convierte en una solución funcional. No sustituye del todo una OPV, pero cubre parte de la necesidad de liquidez que antes sólo podía resolverse con una salida definitiva.
McKinsey sitúa precisamente la gestión de liquidez y riesgo durante periodos de tenencia más largos y complejos entre los grandes retos del capital privado actual. Si los activos permanecen más tiempo en manos privadas, el sistema necesita mecanismos intermedios para dar salida parcial al valor acumulado.
Además, este tipo de operaciones está adquiriendo un carácter cada vez más institucionalizado. Y hay que tener en cuenta que muchas empresas privadas ya no dejan estas ventas al azar. En vez de que cada accionista busque comprador por su cuenta, la propia compañía organiza la operación, fija reglas, plazos y precio, y decide quién puede participar. Así controla su accionariado, da liquidez ordenada y retiene talento.
Casos reales
Stripe, una empresa tecnológica de pagos y servicios financieros, es una de las compañías que hacen posible que internet cobre, pague y mueva dinero; y además es uno de los mejores ejemplos de cómo las grandes start up privadas ya generan liquidez sin necesidad de cotizar. En febrero permitió a empleados y accionistas vender parte de sus acciones en una operación que valoró la empresa en 159.000 millones de dólares. No fue algo aislado, porque Stripe ya había hecho operaciones parecidas antes.
Ramp, una fintech de gestión de gasto empresarial que sirve para que una empresa sepa quién gasta, cuánto gasta, en qué lo gasta y si ese gasto cumple las reglas internas, demuestra que estas operaciones no son sólo cosa de gigantes como Stripe. En 2025, la fintech permitió a algunos empleados e inversores vender parte de sus acciones en una operación que valoró la empresa en 13.000 millones de dólares. La idea clave es que incluso compañías privadas más pequeñas ya usan ventas parciales para dar liquidez antes del exit.
Databricks, una plataforma que ayuda a las empresas a convertir sus datos en análisis, automatización e inteligencia artificial útil para el negocio, muestra que la liquidez para los empleados ya se incluye dentro de las grandes rondas de financiación. En 2024, su operación de 10.000 millones no sólo buscaba impulsar el negocio sino que además permitía que los empleados vendieran acciones y cobraran parte de su valor.
OpenAI demuestra que una empresa puede generar mucho valor y dar liquidez sin salir a Bolsa. En 2025 permitió vender acciones a sus empleados y exempleados con una valoración de 500.000 millones de dólares. Meses después elevó esa cifra a 840.000 millones con nueva financiación: gran parte del valor ya se crea y se reparte en privado.
La empresa aeroespacial privada SpaceX, fundada por Elon Musk, también encaja en ese patrón. En 2025 organizó una venta interna de acciones que la situaba cerca de 800.000 millones de dólares.
Los efectos
Las rondas secundarias tienen efectos claros. Por una parte, benefician a los empleados: sus acciones dejan de ser una promesa lejana y pueden convertirse antes en dinero, lo que hace más atractiva la retribución en equity.
Además, favorecen a los fundadores y a los inversores iniciales, que pueden vender una parte de su participación y obtener liquidez sin esperar años ni forzar una salida a Bolsa.
El tercero es que una parte creciente de las ganancias se genera antes de que la empresa salga a Bolsa. Por eso los grandes accionistas privados capturan antes ese valor y el pequeño inversor sólo puede entrar más tarde, cuando gran parte de la revalorización ya se ha producido..
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