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Auge y caída de un símbolo para los socialistas

Auge y caída de un símbolo para los socialistas
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El expresidente Zapatero pasó de ser un apestado en el PSOE por la gestión de la crisis de 2008 a uno de los principales apoyos de Sánchez de la mano de Pablo Iglesias
Auge y caída de un símbolo para los socialistas

El expresidente Zapatero pasó de ser un apestado en el PSOE por la gestión de la crisis de 2008 a uno de los principales apoyos de Sánchez de la mano de Pablo Iglesias

Regala esta noticia Añádenos en Google Francisco Martín, Pedro Sánchez, José Luis Rodríguez Zapatero y Fernando Grande-Marlaska en un acto en junio en Madrid. (EP)

Paula De las Heras

Madrid

19/05/2026 Actualizado a las 21:17h.

En julio de 2000, el PSOE acababa de perder sus segundas elecciones seguidas y buscaba un líder entre las ruinas. Bono era el favorito. José ... Luis Rodríguez Zapatero, un diputado leonés sin proyección nacional, se presentó al congreso del partido con un mensaje que desentonaba con el clima de autoflagelación general: «Estoy convencido de que no estamos tan mal». Lo ganó por nueve votos con eso que él mismo llamaría después su «optimismo antropológico».

Zapatero presumía de «talante» donde su predecesor había gobernado desde la autoridad. Dentro y fuera del partido siempre hubo quien vio su «buenismo» como imprudencia temeraria. Y sus decisiones tuvieron coste electoral. Pero, como le ocurrió en 2023 a Sánchez, el apoyo de un votante más a la izquierda o con sesgo independentista lo que le permitió conservar el Ejecutivo en 2008, pese a perder votos por centro.

Sobrevivió con acuerdos a varias bandas, la «geometría variable». Pero la crisis económica de 2008 lo liquidó políticamente. Negó la recesión hasta que fue imposible y acabó haciendo lo contrario de lo que representaba: congeló las pensiones, recortó los sueldos de los funcionarios, reformó la Constitución para blindar el pago de la deuda. En 2011 entregó el poder a Rajoy con el partido achicharrado. Tanto que ni siquiera el anuncio el anuncio del cese definitivo de la violencia de ETA sirvió para endulzar el momento.

En el PSOE tomaron distancia. Cuando en 2017 el partido se partió en las primarias entre Sánchez y Susana Díaz, Zapatero se alineó con la vieja guardia y con la candidata andaluza: «La fuerza del PSOE es ganar y la fuerza del PSOE la representa Susana Díaz», dijo. Perdió aquella apuesta. Pero en cuanto Sánchez ganó, recondujo la relación. Primero hubo un acercamiento con el líder de Podemos, Pablo Iglesias; luego con el propio Sánchez, que lo convirtió en una de sus personas de confianza y en el contrapunto necesario frente a González, cada vez más alejado del partido.

Puente con Puigdemont

Desde entonces acumuló funciones. Fue el puente con Carles Puigdemont cuando hizo falta, el defensor de la amnistía, el talismán de las campañas electorales. En 2023 recorrió España de mitin en mitin. Hace cinco días cerró la campaña andaluza en Motril prometiendo volver en 2027.

Ahora el activo amenaza con volverse tóxico. Y el partido que lo puso en el centro del escenario no sabe todavía cómo gestionarlo. Pese a los rumores insistentes sobre sus negocios opacos, especialmente, por sus vínculos con el régimen chavista de Venezuela, la imputación resulta desconcertante incluso para algunos de sus menos afines. «Me deja de piedra, sinceramente», dijo este martes Emiliano García-Page en Onda Cero. «Nunca le he visto especialmente obsesionado con el dinero, ni mucho menos».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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