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Aurora, empujada a vender su cuerpo en España para ayudar a su familia en Venezuela: "Le dije a mi madre que quería dejar la prostitución y me dijo que no"

Aurora, empujada a vender su cuerpo en España para ayudar a su familia en Venezuela: "Le dije a mi madre que quería dejar la prostitución y me dijo que no"
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"La prostitución tiene rostro de mujer migrante que está en situación de vulnerabilidad", explican desde la ONG que ayudó a esta joven a huir de sus explotadores sexuales, que se valían de sus debilidades para retenerla Leer

Aurora acababa de dejar atrás el infierno. Esa noche, alguien quiso arrastrarla de nuevo al subsuelo. Ella pasaba por una calle que, sin saberlo, era un punto de encuentro entre mujeres que ofrecían sexo y hombres que ofrecían dinero. "Súbete", le sugirió uno de ellos desde el coche. La joven se giró y pronunció una palabra: "No". Sin más explicación, siguió caminando. "Ese 'no' fue para mí un antes y un después en mi vida", reconoce esta veinteañera venezolana que por seguridad pide llamarse "Aurora". Al rechazar la primera propuesta de volver a la prostitución, se sintió, como pocas veces, valiente.

Pero esa valentía no fue fácil de conseguir. Para huir de sus explotadores, Aurora contó con el apoyo de FIET, una ONG que combate la trata de seres humanos. La ayudaron a recibir atención sanitaria y poco a poco le informaron de las alternativas para comenzar a tener la "vida normal" que ansiaba. Este miércoles 23 de septiembre, en el Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños, esta venezolana celebra su libertad y ayuda a otras mujeres a alcanzarla.

"Yo crecí pensando que no podía hacer nada en la vida, porque me decían que no lo merecía, que era floja, que no era capaz", cuenta Aurora a este periódico. Su infancia en Venezuela transcurrió en un hogar "disfuncional" marcado por la pobreza. "Mi mamá me tuvo muy joven, así que me crio mi abuela". Tuvo que trabajar desde los 15 años. En medio de la crisis del país latinoamericano, la madre se fue del país y la hija quedó relegada a un entorno en el que era agredida constantemente. "A los 18 años me fui de mi casa porque sufría violencia doméstica y fue la última paliza que me dieron", relata.

Tras dos años viviendo sola, su madre regresó y ella decidió mudarse con ella y sus dos hermanos menores. Fue cuando asumió responsabilidades que no le correspondían. "Desempeñé el rol de madre. Era la mamá de mi mamá y de mis hermanos". Cuando atravesaba otra mala situación económica, debiendo dos meses de alquiler y sin comida para alimentar a sus hermanos, una chica la invitó a una fiesta. "Le dije que no porque no tenía dinero. Ella me respondió: 'tú no pagas, a ti te pagan'". La joven acudió y así fue como entró en la prostitución. "Ese día hice mucho dinero. En eso no ganas mal, pero cada vez te vas fraccionando por dentro. Cada vez que tienes sexo, vas fragmentando un pedacito de tu alma a cada persona".

Peligro en su país de origen

"Yo me rodeé de delincuentes muy peligrosos en Venezuela. Uno de ellos se obsesionó conmigo", continúa Aurora. Ese hombre la acosaba y llegó a golpearla. Ella se defendió y él amenazó con matarla. "Dijo que me iba a pegar un tiro en la pierna". Ante ese panorama, pensó en dejar su tierra. Una conocida en otro país caribeño se ofreció a recibirla y a 'subirla' -término utilizado para introducir a las mujeres en un círculo de prostitución, según cuenta-. La venezolana accedió, sin saber que descendería aún hacia el abismo.

Al llegar a aquel país, le hablaron de una "deuda" -de unos 5.000 euros al cambio- que había contraído para emigrar y que debía pagar con su cuerpo. "En el primer servicio que tuve, uno de mis clientes abusó sexualmente de mí", comparte. Sin entrar en detalles, comenta que en ese periodo pasaron "cosas muy malas y turbias". "Yo tenía que usar mi cuerpo como moneda de cambio para obtener ciertas cosas... Te sientes sucia, te sientes asquerosa, sientes que eres un objeto, y es así como hacen que te percibas", lamenta. "Para no sentir, consumes. Me hundí en drogas y alcohol".

Yo tenía que usar mi cuerpo como moneda de cambio para obtener ciertas cosas... Te sientes sucia, te sientes asquerosa, sientes que eres un objeto... Me hundí en drogas y alcohol

Superviviente de explotación sexual.

Pudo escapar y regresar a Venezuela porque congenió con una de sus jefas -"la mayoría de los jefes son mujeres que para salir de la prostitución se convierten en explotadoras"-. De vuelta en su país, intentaron llevársela de vuelta. Quiso huir de nuevo y pidió ayuda a sus compañeras. A través de Facebook, contactó con una persona en España.

"El Covid ha hecho que el fenómeno de la trata pasara, en cuanto a la captación, al ámbito más digital", explica Esteban Buch, gerente de Operaciones de FIET. "Vemos a mujeres captadas y siendo explotadas si haber tenido ni un solo contacto con sus tratantes... las nuevas tecnologías hacen que la captación sea también pasiva, lo que llaman la pesca: alguien lanza un anzuelo en el mundo digital y puede picar cualquier persona, entonces ya es solo tirar del anzuelo lanzado".

En verano de 2024, con 21 años, Aurora llegó a España, a uno de los países con más demanda de prostitución: el primero en Europa y el tercero en el mundo. "En España, por desgracia, hay un elemento cultural muy arraigado de consumo de la prostitución. Y como la trata bebe de este sistema prostitucional, nos encontramos con que lo que antes era un país de tránsito hoy es un país finalista", desarrolla Buch, también trabajador social.

Mujer migrante y vulnerable

Según el estudio 'La trata y la explotación sexual en España 2026. Una mirada desde la evidencia y la experiencia', realizado por FIET, más de 200.000 mujeres son víctimas de trata o explotación en este país. Aquí, "la prostitución tiene rostro de mujer migrante que está en situación de vulnerabilidad, ya sea social, económica, educativa o de otro tipo".

Por tanto, Aurora cumplía con el perfil de víctima. De nuevo, le dijeron que había acumulado una deuda que sólo podría pagar prostituyéndose. La "rotaron" por varias ciudades para explotarla sexualmente. Detalla que ganaba alrededor de 3.000 euros semanales, que eran administrados por sus "jefes". Los proxenetas le daban la mitad de las ganancias y, de esos 1.500, ella debía apartar dinero para saldar la deuda impuesta. Así siguió durante meses, lidiando con situaciones más desagradables que otras. "Me tocó pelear con muchos clientes a puño limpio. Daba miedo pelear con un hombre enorme porque se quitó el condón cuando quería tener relaciones contigo", ejemplifica.

Nadie libremente vende su cuerpo y se somete a tal proceso de trauma continuo, explotación y humillación

Loida Suárez, psicóloga.

Como víctima, la animaron a "subir" a otras mujeres. "Me ofrecieron muchísimo dinero. Me decían, sube a X persona y te quedas con la mitad de lo que gane. Yo me negué, yo he pasado por todas estas mierdas y no voy a hacer que otra persona lo haga", asegura. Aurora cuenta que llegó un punto en el que tocó fondo con una sobredosis. En eso ya tenía relación con psicólogas y trabajadoras sociales de FIET, que la instaron a irse a un piso de acogida.

Ya casi estaba decidida. "Se lo conté a mi mamá, y mi mamá me dijo que no podía, porque tenía muchas deudas que pagar y necesitaba dinero para mis hermanos". Según el informe de la ONG, el 95% de mujeres migrantes prostituidas sostiene la economía familiar desde España. Así, las organizaciones criminales "se aprovechan de circunstancias de vulnerabilidad para captar y controlar a las mujeres: pobreza y la exclusión social, entornos familiares marcados por la violencia o los abusos durante la infancia, maternidad precoz, responsabilidades familiares...".

Esa culpabilidad, aunada al miedo por las represalias de los explotadores si se enteraban de que desertaba, obligó a Aurora a seguir en la prostitución. Es un patrón que se repite en otras víctimas. "La persona se ve en una situación de extrema vulnerabilidad psicológica en la que tiene que decidir qué hacer: si seguir para que su familia no pase hambre o luchar para que no peligre su supervivencia", señala Loida Suárez, psicóloga de FIET. La especialista describe que una mujer obligada a prostituirse "sufre una pérdida de identidad" en la que su autoestima y su dignidad se van "destruyendo". Pero afirma que esa autoestima se puede reconstruir con la terapia adecuada. Eso fue lo que le prometieron a Aurora.

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  • Redacción: ANGÉLICA REINOSA (Texto)
  • Redacción: ELENA IRIBAS (Fotografías)

El sufrimiento de la venezolana ya era inaguantable y, cuando uno de sus jefes -"un enfermo"- quiso acostarse con ella, tomó la decisión de aceptar la ayuda de la organización. Por fin, salió del lugar en el que estaba y se refugió en un piso de acogida bajo el proyecto 'Rescatar y restaurar' de FIET. Contó con un apoyo integral en el que recibió atención psicológica, sanitaria, jurídica y social. Después de dos años y medio de haber abandonado la prostitución, la joven incluso ha hechos dos cursos: uno de intervención social con inmigrantes y otro de mediadora social. Ambos los pone en práctica en la organización, pues fue contratada hace menos de un mes.

Si a Aurora no le hubiesen tendido la mano, probablemente seguiría sumida en el infierno. Por eso, desde FIET animan a los ciudadanos a que denuncien si tienen sospecha de que alguien es víctima de trata o está siendo explotada sexualmente. Para ello, han habilitado un teléfono de ayuda contra la trata: 900 759 759, gratuito y disponible las 24 horas. "Nadie elige prostituirse por gusto... Siempre hay un factor externo, nunca es por voluntad propia. Nadie decide salir y vender su cuerpo porque le encante", advierte la joven. "Nadie libremente vende su cuerpo y se somete a tal proceso de trauma continuo, explotación y humillación", agrega la psicóloga.

Esta venezolana ahora sí está viviendo la vida que se merece. Agradece la ayuda recibida. "Necesitas personas que te apoyen. Somos como una semilla y, si te riegan con maldad, florecerá maldad, pero, si te riegan con amor, florecerá amor", expresa. Con la fortaleza que afloró en ella tras salir del infierno, ahora sí ayuda a otras mujeres a subir.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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